domingo 23.02.2020

Las externalidades, el medio ambiente y el crecimiento del PIB

A las élites solos les interesa mantener el statu quo y, para ello, el crecimiento del PIB es la herramienta con la que manipulan a los ciudadanos y les hacen creer que el cumplimiento de este objetivo les salvará

En economía se denomina externalidades a los efectos indirectos generados por el sistema productivo. Estos pueden ser positivos y negativos. Los positivos como por ejemplo la vacunación, son actividades que se deben potenciar porque consiguen sinergias y beneficios para la mayoría. Los negativos como la extracción y uso del petróleo, o todas aquellas actividades que polucionan el medio ambiente, se deberían evitar y en caso de no ser posible, al menos, cargar sus costes a aquellas empresas que lo generan y se benefician de ello. Ya que estos efectos negativos por lo general no minoran la cuenta de resultados de las empresas y, así, sus beneficios son mayores a costa de que los ciudadanos a través del Estado paguen el arreglo de sus desaguisados, o, también paguen con la disminución de su calidad de vida.

En julio de 2010 una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas consagró el  derecho al agua potable y al saneamiento como un derecho humano fundamental. No cabe duda que es un problema fundamental que ya tenemos y que en el futuro será trascendente. En protección de riesgos futuros para las personas, a la primera declaración de los Derechos Humanos de 1948, se han añadido otros derechos que se han denominado de Tercera Generación, entre ellos se concretan los relativos al uso de los recursos naturales y a la preservación de los equilibrios ecológicos imprescindibles para la vida (1). Sin embargo, la realidad diaria es que lo que se acuerda por los distintos países en relación a los Derechos Humanos no es la prioridad para los mismos que lo aprueban en un mundo donde lo primero es el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). “Razón y violencia han ido así de la mano, unidas a un maquiavelismo político que no dudaba en pactar con el diablo o en masacrar derechos humanos en aras de algún objetivo inmediato (2)”.

En el mundo actual en el que las poderosas multinacionales consiguen indecentes beneficios a costa del medio ambiente y del esfuerzo de los ciudadanos, el pisoteo de los Derechos reconocidos a todos los ciudadanos es continuo y se convierte en papel mojado cualquier acuerdo o Constitución que los respalde. La esquizofrenia seguida por nuestros gobernantes es patente, ya que por una parte firman documentos en beneficio de todos y, sin embargo, en su actividad política toman decisiones que perjudican a la mayoría más débil y benefician a los poderosos, a las élites, aumentando sin descanso la desigualdad entre las personas. Pero es que a las élites solos les interesa mantener el statu quo y, para ello, el crecimiento del PIB es la herramienta con la que manipulan a los ciudadanos y les hacen creer que el cumplimiento de este objetivo les salvará.

Sin embargo, deberíamos tener claro que "el crecimiento no permite ni comprender ni resolver ninguna de las crisis fundamentales del inicio del siglo XXI: la crisis de las desigualdades y la crisis ecológica (3)". Es constatable según muchos estudios e investigaciones el notable desfase existente entre el crecimiento económico, medido por el PIB, y la progresión de la renta de las personas. Así, "un estudio reciente de Anne Case y Angus Deaton muestra que, durante el periodo 1999-2013, [en el cual] el PIB norteamericano ha progresado en más de 7.000.000 millones de dólares, un sector entero de la población norteamericana ha visto su salud deteriorarse de manera trágica (4)". Está suficientemente contrastado que el crecimiento no es ni necesario ni suficiente para el bienestar. El bienestar ni la felicidad no desembocan de forma automática en él.

Cuando lo que está en riesgo son las condiciones de vida de la mayoría de la humanidad y en muchos casos la propia vida. No es de recibo que el sistema económico esté montado para que los que más tienen y son más responsables de la destrucción del medio ambiente reciban más y se lo quiten a aquellos que tienen menos y apenas dejan huella ecológica. Por tanto, para que las externalidades no las paguen aquellos que las generan. El sistema debe buscar la manera para que aquellos que más propician la destrucción del planeta, no sean los menos afectados por sus consecuencias.

El modelo de pensamiento nacido en Occidente y exportado al resto del mundo, se ha desarrollado en contradicción con las relaciones de ecodependencia e interdependencia que aseguran el sostenimiento de la vida. El "régimen del capital" ignora la existencia de límites físicos en el planeta, y oculta y explota los tiempos necesarios para la reproducción social cotidiana que, en los contextos patriarcales, son asignados mayoritariamente a las mujeres. Crece a costa de la destrucción de lo que precisamente necesitamos para sostenernos en el tiempo y se basa en una creencia tan ilusa como peligrosa: la de que los individuos somos completamente autónomos e independientes respecto a la naturaleza y al resto de personas (5).

Pero seguimos escuchando los cantos de sirena que nos dicen que la economía crece, vamos bien, somos los mejores, y, mientras tanto, los salarios caen, los servicios públicos, las pensiones públicas y las prestaciones sociales se recortan y el Medio Ambiente continúa en su carrera hacia la destrucción.


(1) Ver La energía en la agenda 2030. Cristina Narbona. Temas para el debate núm. 270. Mayo 2017
(2) Naredo, Jose Manuel (2015:25). Economía, poder y política. Díaz y Pons editores.
(3) Laurent, Éloi (2017: XVI), Notre Bonne Fortune. Repenser la Prosperite.  PUF, París.
(4) Ibídem (2017:23)
(5) Yayo Herrero. Revista de Economía Crítica núm. 22. Economía feminista y economía ecológica, el diálogo necesario y urgente.

Las externalidades, el medio ambiente y el crecimiento del PIB