viernes. 12.07.2024

La estabilidad presupuestaria y la deuda privada

La mayoría de los economistas siguen aun hoy ignorando el funcionamiento del dinero en las economías modernas. Esta concepción está fundada en una mala comprensión, grave y peligrosa de las finanzas públicas, así como en desconocer las diferencias entre la micro y la macroeconomía, entre la economía personal y la economía al nivel de la sociedad.

Así “Los economistas ortodoxos. Los partidarios de la “hacienda saneada” afirman, por ejemplo, que los impuestos son la primera y principal fuente de financiación del gobierno, y que debe evitarse la “creación de moneda” y el recurso al crédito. [1]” Pero la obsesión por la  que el presupuesto del gobierno tiene que estar equilibrado supone que se debe aceptar la austeridad como política económica y por consiguiente abandonar las políticas dirigidas al pleno empleo y la justicia social.

Los treinta gloriosos, aquellos años que siguieron a la Segunda Guerra  Mundial y que dieron origen a los Estados de Bienestar, demostraron que el gasto social y el mayor volumen de los estados no es perjudicial, al revés, contribuyeron a mejorar los servicios sociales básicos, mejorando la sanidad, la educación, estableciendo medidas que aseguraban una vejez digna y cubriendo los casos de desempleo, protegían, además, a las personas discapacitadas y posibilitaron el acceso a una vivienda digna, promoviendo la igualdad de oportunidades y el desarrollo personal.

Sin embargo, la locura del control del déficit público nos llevó a reformar el artículo 135 de la Constitución Española  que cambió su redacción para grabar en piedra el principio de estabilidad presupuestaria, debiéndose controlar el déficit estructural dentro de unos márgenes, relacionándolo con el PIB, requiriendo autorización para emitir deuda pública o contraer crédito. En consecuencia, los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones deben entenderse siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.

El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación con el producto interior bruto del Estado, según el artículo 135, no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados.

Volviendo, con ánimo de aprender, la vista atrás, vemos que no eran las Administraciones Públicas las que estaban en déficit antes de la crisis que nos castiga. El problema de nuestro país en el año 2007 era el endeudamiento privado, así mientras el Estado tenía superávit en los años 2005, 2006 y 2007 y una deuda del 40,9 % en el año 2007, la deuda en ese año en porcentaje PIB del sector privado era del 311 %, cuando en el año 2002 había sido de un 148,4 %; es decir un incremento del 109,5 %. Esta deuda se desglosaba en un 131,5 % correspondiente a las entidades no financieras, un 96,2 %  de las sociedades financieras y un 83,2 % de los hogares y familias. En el año 2002 el desglose había sido de 81,4 % las sociedades no financieras, un 18,5 % las sociedades financieras y un 48,5 % los hogares y familias. Los incrementos de la deuda privada, por tanto, fueron espectaculares entre los años 2002 y 2007, respectivamente un 61,5 %, un 420 % y un 71,5 %. Debemos destacar el espectacular incremento habido en el sector de las entidades financieras, un 420 %, lo que explica la dedicación del ahorro a actividades especulativas más que a la economía real.

No obstante el fundamentalismo neoliberal en ningún momento ha querido entender que el endeudamiento privado, el apalancamiento privado, fuera un factor importante en las crisis. ¡El mercado todo lo resuelve no puede equivocarse! De hecho como dice el premio nobel Stiglitz “aun cuando era obvio que el mercado había errado con sendas burbujas inmobiliarias en Irlanda y España, los líderes económicos neoliberales de la eurozona seguían soltando loas a las maravillas del mercado.” . Pero a pesar de que a la deuda pública se la considera el foco de todos los males, la deuda privada viene siendo mayor que la deuda del gobierno, y tiene más impacto en los resultados económicos. Cuando la deuda privada es demasiado alta se convierte en un lastre para el crecimiento económico. Las empresas y las familias tienen que dedicar sus recursos a pagar sus deudas en vez de realizar nuevas inversiones beneficiosas para la sociedad y activar la demanda agregada necesaria para salir de la crisis. La confianza entre las empresas y en las familias cae y el dinero que tendría que ser el lubricante de un buen funcionamiento empresarial y familiar escasea, parando así el engranaje económico.

La conclusión es que pronto hemos olvidado las recetas que dieron resultado en anteriores crisis, desenterramos a Keynes pero seguimos aplicando teorías erróneas que hacen mucho daño a la gente y ya han fracasado muchas veces. Olvidamos, además, que el Estado tiene el deber de mirar por todos sus ciudadanos y no obedecer exclusivamente a las razones de las élites olvidando a los perdedores de este capitalismo sin control. No queremos ver, además, que podemos estar a las puertas de una nueva crisis si seguimos empeñados en las medidas de austeridad que cargan con una mayor deuda y menos posibilidades de pagarla a las familias y empresas.


[1] Piégay y Rochón (Dirs.)(2006:158).Teorías Monetarias Poskeynesianas. Akal

La estabilidad presupuestaria y la deuda privada