jueves 09.04.2020

El efecto Mateo y la austeridad

En Europa la terrible economía de la deuda, condimentada con las políticas de austeridad, han sido herramientas muy eficaces para distribuir el Efecto Mateo.

Joaquín Estefanía en su último libro titulado Estos años bárbaros nos recuerda El efecto Mateo, que es aquel relativo a lo que escribe el Evangelista San Mateo en su parábola de los talentos: “al que más tienen más se le dará, y al que menos tiene se le quitará para dárselo al que más tiene”.  Probablemente muchos de los ricos de nuestro país que se dan golpes de pecho y expían sus culpas mediante la confesión han seguido al pie de la letra esta parábola escrita por el Evangelista que, parece ser, es el que escribió más fielmente el nuevo testamento debido a que lo escribió en la lengua materna de Jesús y no estaba infectado por la moral de San Pablo. El éxito de esta parábola ha alcanzado el cenit en estos últimos tiempos de crisis y no ha podido ser un éxito más redondo en países como Estados Unidos, dónde el 1 % de los ciudadanos más ricos ha acumulado el 95 % del crecimiento total posterior a la crisis desde el 2009, mientras que el 90 % de la población con menos recursos se ha empobrecido aún más. Lo dicho seguimiento de la palabra de Dios y éxito por todo lo alto.

En Europa la terrible economía de la deuda, condimentada con las políticas de austeridad, han sido herramientas muy eficaces para distribuir el Efecto Mateo por todas sus tierras y gentes. Ejemplo singular es el de Grecia, aunque España, Portugal, Irlanda y otros países no queden lejos y hayan sufrido su dosis de esta medicina. Grecia, no obstante, ha sido y es el experimento principal en Europa, en el que se han puesto a prueba las ideas neoliberales. Yanis Varoufakis que fue ministro de economía del país heleno y reputado economista, nos alerta con la existencia de dos tipos de economistas, aquellos que hacen predicciones y ejercen de economistas-astrólogos y aquellos que estudian y analizan objetivamente (científicamente) la realidad, a estos los considera economistas-astrónomos. No me cabe ninguna duda, atendiendo a esta clasificación, que en Europa estamos guiados por adivinos que aventuran sus apuestas a tiro seguro, pero jugando a no acertar para ganar en una lucha trucada.

Joaquín Estefanía escribe también en relación con Grecia: “Después de tres rescates por un valor total de más de 300.000 millones de euros, y quizás otros por llegar, y cinco años después de que, a cambio de ese dinero, se aplicasen durísimos planes de austeridad [...] los salarios han bajado como media un 37 %; el paro creció hasta el 27 % y el de los jóvenes está cerca del 60 % del total; las pensiones han disminuido hasta un 48 %; el empleo del sector público (funcionarios y asimilados) cayó un 30 %; el gasto de las familias se redujo en un 33 %; la economía sumergida ha aumentado hasta un 34 % del total; la morosidad bancaria ha llegado al 40 %; y la deuda pública se ha multiplicado exponencialmente hasta alcanzar el 180 % del PIB [1]”. Lo sorprendente de este estrangulamiento de la población, de este expolio sin piedad, es que todavía haya economistas (claramente astrólogos y a sueldo de los poderosos) que, después de este fracaso estrepitoso de la austeridad, sigan empeñados en que la única alternativa económica posible es la que se dicta por nuestra querida Europa, cuya receta sólo tiene ingredientes duros para los ciudadanos como el control de la inflación, la disminución de los salarios y la privatización que, en definitiva, supone también un nuevo y doloroso recorte de derechos básicos.

Ante esta locura colectiva hay quién ha levantado su voz exigiendo el enterramiento de las políticas de austeridad y exigen un giro de 180 grados. Como nos dice uno de los manifiestos contra la austeridad en Europa, pidiendo un plan B económico: En julio de 2015 asistimos a un Golpe de Estado financiero ejecutado desde la Unión Europea y sus Instituciones contra el Gobierno griego condenando a la población griega a seguir sufriendo las políticas de austeridad que ya habían rechazado en dos ocasiones a través de las urnas. Este golpe ha intensificado el debate sobre el poder de las instituciones de la Unión Europea, su incompatibilidad con la democracia y su papel como garante de los derechos básicos exigidos por los europeos [...]El régimen de crisis de la UE, iniciado hace ocho años y basado en la austeridad, privatiza los bienes comunes y destruye los derechos sociales y laborales en lugar de hacer frente a las causas iniciales de la crisis; la desregulación del sistema financiero y la captura corporativa de las instituciones de la UE a través de los grandes lobbies y las puertas giratorias. La UE promueve soluciones falsas negociando, con gran opacidad y sin apenas control democrático, tratados de comercio e inversión como el TTIP, el CETA o el TiSA, que eliminan lo que consideran barreras al comercio: los derechos y normas que protegen a la ciudadanía, a los trabajadores o al medio ambiente. Es el golpe definitivo a nuestras democracias y al Estado de Derecho, especialmente a través de los mecanismos de protección al inversor.

En resumen, si el Efecto Mateo no fue planificado por los poderosos lo que parece es todo lo contrario. La cierto, además, es que nuestra realidad está siendo condicionada por los que más tienen y, en consecuencia, se preocupa más de los beneficios económicos teñidos de egoísmo y usura que de las personas. Nuestra democracia está en horas bajas y sorprende hasta la incredulidad que todavía sean los corruptos y los que se han aprovechado de la sociedad, los que sigan recibiendo votos en las elecciones, recogiendo sus actas de diputados y viviendo a cuerpo de Rey, ¡pero claro,  huelen bien y a perfume caro! Los más débiles, sin embargo, son los que pagan las cuentas y no debieran pagar de ningún modo los efectos de los juegos egoístas de los que más tienen. Es urgente, por tanto, en nuestro país tener claro las prioridades. Primero lo primero. Y lo primero tiene que ver con la vida y con los derechos básicos de las personas. No es un principio justo quitar al que tiene poco para dárselo a los que tienen infinitamente más de lo que necesitan.


[1] Estefanía, Joaquín. (2015:285) Estos años bárbaros. Círculo de lectores por cortesía de Galaxia Gutenberg, S.L.

El efecto Mateo y la austeridad