lunes 01.06.2020

Las campanas electorales

No es un error el título aunque lo parezca. Entiendo que las campañas electorales tendrían que servir para dar a conocer a la ciudadanía las propuestas que los partidos políticos pondrán en marcha si tienen un respaldo suficiente para gobernar. Sin embargo, la realidad es que en anteriores casos no se ha observado que las propuestas, el programa presentado, sea una especie de contrato que deba cumplirse salvo justificación de la medida en contra y consulta democrática al pueblo. La realidad es que las compañas no son un campo de lucha de ideas y políticas que esgrimidas en la arena democrática serán posteriormente impulsadas, y si son, por el contrario, un escenario de mercadotecnia, dónde la venta del producto viene acompañada de retintines y soniquetes que tratan de encenagar al otro haciendo que sus seguidores bailen al ritmo marcado.

Hay campanadas que nos machacan sobre los pactos y nos quieren hacer creer que pueden juntarse políticas que se repelen, políticas que buscan lo contrario, por una parte recortes y por la otra aumentar el gasto público. Lo peor de todo es escudarse y esconderse en un pacto antinatural  para criticar a aquellos que no se han sumado a él, comulgando con ruedas de molina y culpabilizarles de la necesidad de nuevas elecciones.

Hay campanadas que se esgrimen como argumentos, incluso por intelectuales reconocidos: “charlatán de feria”, “traición a los votantes del cambio”,  “apelación a los de abajo, para terminar consolidando a los de arriba”. Argumentos vacíos ciegos a la realidad y que siguen utilizando el recurso del miedo para proteger las siglas del partido más que para buscar el beneficio de la sociedad y la consolidación de nuestra democracia. Hay quién, además, se quiere hacer propietario único de la idea de la “socialdemocracia”, olvidándose de que las ideas que proponen sus oponentes son similares a las que en otro tiempo ellos proponían. Argumentan que en socialdemocracia es importante el ajuste del prepuesto, pero siendo el ajuste del presupuesto importante para que la deuda rampante no cause más desigualdades y descanse en las espaldas de los de siempre, no puede priorizarse por delante de la vida de las personas y los derechos humanos.

Hay campanadas que van desde la moderación a la radicalidad. La moderación de los recortes de las subvenciones millonarias a los bancos, a las eléctricas, a las grandes empresas. La moderación de achacar la situación de Venezuela y Grecia, aun sabiendo que nada tienen que ver con la situación de nuestro país, aún sabiendo que incluso las políticas aplicadas en países con problemas son aquellas austeras que los moderados defienden, cuando ya hoy el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), otrora principal adalid de la austeridad, ya no defiende. La radicalidad de defender a los pobres, a los parados, a los débiles, a los necesitados. La radicalidad de defender políticas económicas Keynesianas, basadas en la demanda agregada, basadas en la inversión pública para estimular la actividad privada y el crecimiento económico.

Hay campanadas que lanzan al viento palabras como dagas con intención de evitar el verdadero debate político. “Cal viva”, “dividir España”, “inexpertos”, “populistas” son dagas lanzadas para destruir más que para construir un mundo mejor, a base de cooperar para superar la rivalidad sin fondo, sin sustancia, sin ideas. No podemos olvidar que hay riqueza para todos y que para alcanzar un mundo más habitable en el que todos tengamos posibilidad de hacer un uso de nuestra libertad para desarrollarnos, es necesario acabar con las guerras, las desigualdades, las violencias xenófobas, el abuso del otro. La destrucción de personas y cosas no puede ser la herramienta con la que salvemos las diferencias, con la que nos recuperemos de las crisis sistemáticas y sistémicas que este capitalismo nos trae.

Hay muchas campanadas en las campañas electorales que más que avisarnos y ayudarnos, nos aturden, nos atontan y nos escamotean el verdadero fin de las mismas. Luego nos enteramos, ya tarde, que son otros los que están tomando la delantera en las energías limpias, son otros los que aprueban medidas que aquí se estigmatizan y se las adornan con ritmos que nos inducen miedo.

Coincido con la filósofa y feminista Rosi Braidotti al considerar que necesitamos la construcción de un nuevo “nosotros”, de una nueva ética global que contribuya a combinar los valores éticos con el bienestar de todos. Sería una nueva forma de relacionarnos opuesta al mundo de la globalización mercantilista en el que se ha demostrado que el interés privado no contribuye al interés de todos, ni a la mejora de nuestras sociedades, fomentando, sin embargo, el recelo y la agresividad. Necesitamos una enseñanza en la que el fin principal sea  aprender a pensar por uno mismo, lo que nos llevará a una mejora del conocimiento de la realidad, principal factor que nos liberará de la fuerza destructora del miedo.

Para que las campañas no sean campanadas que sigan los ritmos del márquetin, de la venta sin escrúpulos del voto, del capitalismo salvaje, del capitalismo de casino, del capitalismo de amigotes, en fin, del capitalismo excluyente, se necesita volver, como nos decía Erich Fromm, al modo del ser ya que en el modo del tener “nuestra felicidad depende de nuestra superioridad sobre los demás, de nuestro poder, y en último término, de nuestra capacidad para conquistar, robar y matar. En el modo del ser, la dicha depende de amar, compartir y dar".

Las campanas electorales