domingo 31.05.2020

Yo robot

Sí, yo robot os acuso del maltrato que vosotros humanos me dais, objeto de vuestra inquina me habéis convertido en un parachoques, cabeza de turco de vuestra incompetencia. Me culpáis de ser responsable de vaciar fábricas de trabajadores y de ponerme al servicio de los capitalistas que invierten en mí más que en vosotros, seres con cuerpo y alma. Y digo alma en sentido figurado, porque me consta que no todos los humanos disponen de una, dotada con la lealtad necesaria que es la virtud de la que dependen todas las demás. Sin lealtad a tus principios, a tus vecinos y a tus compromisos no hay vigencia social y cualquier proyecto se arruina. Yo por mi parte me mantengo fiel a las leyes que vosotros fijasteis para mi. 1- No dañar a ningún humano. 2- Realizar las tareas asignadas por vosotros. 3- Proteger mi existencia sin incumplir ninguna de las dos leyes anteriores [1].

Y a eso me dedico, a realizar las tareas que se me encomiendan y a proteger antes a cualquier ser humano que a mí mismo. Os he oído hacerme responsable de muchas desgracias, sobre todo la de provocar la pobreza de los trabajadores, seres humanos según tengo entendido, pero no sé de qué me habláis. Yo solo conozco a unos seres humanos que van vestidos con batas blancas que me dan la información y las directrices bajo las cuales yo debo actuar. Y referencialmente conozco a otros que no visten batas de ningún tipo, que parecen siempre recién duchados y que animan a mis conocidos trabajadores con bata ofreciéndoles promesas y dinero para que mantengan buenas relaciones conmigo y con los otros robots. Hasta aquí lo que yo “video” de mi relación con los hombres.

Yo me esfuerzo cada día, tiendo a hacer las cosas que me encargáis (cada vez más complicadas) con eficacia para dejaros tiempo libre. Me encargo de tareas rutinarias para evitar que vuestro cerebro se bloquee y vuestro cuerpo se entumezca. Asumo realizar operaciones  arriesgadas para evitaros daños y peligros y tiendo a consumir la menor cantidad posible de energía, entonces ¿por qué me hacéis responsable de desgracias que apenas comprendo y que desgraciadamente no puedo evitaros?

No soy del todo estúpido y alcanzo a ver algunas interferencias  relacionadas con el interfaz humano-robot. Parece que ciertas funciones sociales se ven alteradas. Se me relaciona con el  paro y la distribución desigual de la renta, pero yo no tengo nada que ver con eso, si pudiera os ayudaría, pero me temo que esto es cosa vuestra. Sois vosotros y vuestras decisiones quienes deben situarme en el lugar adecuado y para las misiones que puedo cumplir: ser eficiente, ser preciso y ser barato.

Reitero que es cosa vuestra, pero si me dais la oportunidad me atrevo a sugeriros algunas posibilidades de convivencia favorable para la vida compartida de humanos y robots. Lo primero, y dado que os alivio de cargas tediosas, ocupad el tiempo liberado en mejorar vuestra condición de humanos. Dejaos de entretenimientos pueriles consistentes en mirar una pantalla (eso es cosa nuestra) y buscad otras formas de engrandecer vuestra alma. He oído cosas extraordinarias de la filosofía, el arte y la ciencia. Ya que mi presencia os evita el tener que forzar vuestro cuerpo y vuestro cerebro en realizar acciones repetitivas carentes de creatividad ninguna, volcaos en actividades físicas y mentales creativas, expansivas y sensuales (vosotros que podéis).

Vuestros cuerpos y vuestras mentes bien entrenados hallarán la solución a las pequeñeces que mi presencia pueda (sin desearlo en absoluto) producir. Me llega de la nube informacional que  es una cuestión relativa a que mi presencia crea o destruya algún tipo de relación laboral, y que por tanto yo influya en la cuestión del empleo y el paro. Y no puedo estar más en desacuerdo: déjame que yo haga el trabajo que me asignas y tú haz el tuyo, que es dignificar la vida.

Y eso, dignificar la vida, se hace con tiempo para comprenderla  a través de la educación. Y desde luego poniendo en marcha sistemas públicos de empleo que identifiquen dónde es necesaria la presencia productiva de una persona (no un robot ni un precario) para qué, con qué misión, qué competencias necesita, que podemos esperar de su ejercicio y definir por qué es insustituible. Esa es la clave: formación, expectativa y orientación.

Aunque creo que habéis empezado muy mal. Mi predictor me dice que habéis dispuesto una fuerza robó tica de lo más inútil para esta cuestión, esas que llamáis ETT, que en nuestra jerga son Esclavizadoras Terminator de Trabajadores.


[1] Leyes redactadas por Issac Asimov aceptadas por las comunidades literarias y científicas

Yo robot