viernes 4/12/20

Vía Pulchritudinis (o mentir está muy feo)

Hay en marcha un proceso de envilecimiento social degenerado por la difamación, la mentira y la falsedad que atentan contra la vida según patrones éticos propios de la civilización ilustrada. Voces de múltiples actores sociales y políticos comprometidos se elevan y buscan respuestas a este campar de la falacia interesada. En España se estudia, entre muchas dudas, la redacción de criterios legales para el bloqueo de información falsaria, no es el único país. Lo cierto es que muchas personas honestas andan preocupadas por el destino de un mundo en el que la fabulación sustituye a la narración, la interpretación sesgada al dato empírico,y el pensamiento mágico bloquea la capacidad crítica del razonamiento conducido por la experiencia y por la lógica.

Un repaso a la prensa nacional e internacional nos descubre cómo las plumas más respetuosas con el análisis de los eventos, sean los que fueren, andan de cabeza tratando  por un lado explicarse el fenómeno de la falsedad y la mentira promovidas por el fake in chieff de la Casa Blanca (emulado por mentirosillos locales en Europa y otras partes del globo) Y en segunda derivada andan asimismo buscando y proponiendo medidas para contrarrestar y  solucionar este descomunal atentado contra la humanidad. 

Sobre lo primero, la identificación de la mentira y su contextualización, poseen suficientes evidencias, basta con seguir el blog que el Washington Post estableció para contabilizar el número y grado de las mentiras emitidas o acogidas por Trump, su familia o sus colaboradores no encarcelados. Sobre los efectos imputables a dichas falsedades se está produciendo un alud de publicaciones, que de manera magistral emblematiza el artículo de Harold James Will Lies Win. Sobre lo segundo, la búsqueda de soluciones o contraindicaciones frente a la mentira, se espera una vacuna que no acaba de llegar. De momento las cadenas de TV más vistas en USA han bloqueado al prenda en su furiosa retahíla infundada sobre el hipotético fraude tejido por los demócratas. Incluso su cadena amiga comienza a marcar distancias.

Aquí en España hay medios que acogen y cultivan con exquisita profesionalidad las mentiras o verdades parciales. Digo profesionalidad porque de la mentira han hecho una profesión. Inda, Marhuenda, Arcadi y tantos otros no escriben lo que escriben por convencimiento, lo hacen por la pasta. Desechados como  referentes de la credibilidad, se afanan en el seguimiento del amarillismo promocionado por Murdoch, el jefe de Aznar. Los medios para quienes trabajan se sostienen sobre figurones a quienes adjudicar patrañas con el fin de emborronar tanto la realidad como el papel prensa o el site digital que lo refiere. En esta zapa gana por goleada Ayuso como sabréis, pero le van ala zaga otros combativos mentirosos, Ortega Smith va por buen camino, para la medalla de plata ex aequo con Abascal y Egea. Todo ello recreando el circo de la Fox News, pero a lo cutre.

El espectáculo es bochornoso, muy feo, tanto sus contenidos como sus formatos. Sus intrigas parapoliciales y los intentos de implicación de terceros en torpes contubernios provocan más asco por sus formas que por sus intenciones. Y aquí puede que se encuentre el meollo de la lucha contra la mentira y el infundio, en la búsqueda dela belleza, la armonía y en definitiva de la pulcritud como respuesta. Que no lo digo solo yo, que lo dicen las más altas instancias conectadas con lo inmaterial como la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura, quienes ya en el 2006 eligieron como temática de sus reflexiones lo que se denominó vía Pulchritudinis, camino de pulcritud, y decían así:

Recorrer la Via pulchritudinis implica comprometerse a educar los jóvenes a la belleza, ayudarlos a desarrollar un espíritu crítico frente a lo que ofrece la cultura mediática y a plasmar su sensibilidad y su carácter para elevarlos y conducirlos a una auténtica madurez. Aquí acaba la catequesis por hoy.

He escuchado sesudas reflexiones sobre cómo combatir la mentira y su principal aliado, las redes nefandas. Se despliegan recomendaciones legales de extraordinaria ambigüedad. He oído propuestas pedagógicas como la expuesta más arriba. He leído que algún país pretende incorporar al currículo educativo estrategias para combatir la desinformación y la falacia. Todo ello es loable, pero es insuficiente, los hombres y las mujeres no van a rechazar la mentira solo por su intrínseca perversión, el rechazo pleno requiere de algo más, se necesita sentir repulsión y ello solo es posible cuando se tiene desarrollado el sentido de la belleza que nos blinda frente a lo zafio, lo feo y lo incorrecto. El rechazo de la mentira tiene un componente estético, la mentira te convierte en un puerco.

El arte no miente porque es aliado de la belleza, de la belleza como camino de pureza, algo así como una vía pulchritudinis. Si se quiere combatir la mentira hay que apostar por la belleza como hacen los artistas. Para derrotar a la mentira invierte en cultura, invierte en arte, promueve su conocimiento a través de la educación.

Vía Pulchritudinis (o mentir está muy feo)