domingo 22.09.2019

Totalmente en serio

En un artículo muy anterior, coetáneo a la aprobación de la reforma laboral que impuso el partido popular de la mayoría absoluta, ya señalé que ésta escondía un potencial destructor muy por encima de lo que sus críticos señalaban y los sindicatos denunciaban. Dije y reitero que la reforma laboral supone un regalo envenenado a las empresas que mediante el truco de reducir plantillas y recortar salarios podían rehuir enfrentarse a su verdadero problema: su ineficiencia, su falta de compromiso con la innovación  y su timorata apuesta por el capital humano.

Los problemas de competitividad escoraron hacia la zona social de la empresa, los trabajadores pagaron sobre todo con despidos masivos el reequilibrio de la cuenta de resultados. Y dado que la cuenta dejó de reflejar la maltrecha situación de las empresas, éstas sostuvieron los beneficios y bonos de las cúpulas directivas y de los accionistas sin querer ver que “el dinosaurio seguía allí”. Los despidos han sido generalizados causando dolor y sufrimiento a todo el cuerpo social. No deseo ponerme dramático, pero la pobreza general o la relativa a la expropiación del techo o de la energía para calentar la habitación o la comida, han llevado a la muerte a más personas de las que las retorcidas estadísticas sanitarias nos dejan ver (por cierto que algún día habrán de hacerse los cálculos correctos que puedan sostener las acusaciones judiciales pertinentes).

La reforma laboral permitió encubrir el gran problema de las empresas españolas: su falta de compromiso con la modernización propia y la de arrastrar la modernización del país en sintonía con dicho compromiso, algo mucho más sincronizado en otras zonas del paneta y muy frecuente en los contextos de  éxito económico (Corea, Baviera, Singapur, Silicon Valley, etc.) Al enmascarar dicha carencia se imposibilitó el abordar con seriedad y en beneficio colectivo algo que afecta a las empresas y al conjunto de la sociedad. Y además acentuó problemas que ahora arrastramos y que prolonga los efectos nocivos actuales y apuntan a mantenerse vigentes mientras no se corrijan con políticas de signo contrario. Me refiero particularmente a la pérdida de talento ejecutivo instalado en las empresas en la estructura técnica de producción que fueron arrancados debido a sus elevados costes relativos. Las empresas han perdido por aplicación del regalo de la reforma a los cuadros intermedios expertos de todo tipo de industria y de servicio. Legiones de trabajadores y de profesionales que durante mucho tiempo habían suplido la falta de inversiones con talento, astucia y un savoir faire guiado por la intuición experimentada, fueron desplazados por trabajadores jóvenes en situación precaria que no disponen lógicamente de la misma experiencia, y peor aún, carecen de los instrumentos de adquisición de la misma, pues su salario y sus condiciones son precarias hasta la desmotivación e impide el acumulado de experiencias que nutre el expertise.

Cualquiera que entre en contacto con esta línea de fuerza de trabajo sabe de lo que estoy hablando. Es muy difícil que una persona que tiene que dedicar la mitad de su energía física e intelectual a buscar una habitación tras otra (por ejemplo) porque su salario no le permite estabilidad residencial, estire su compromiso y dedicación (aunque lo desee) a resolver los problemas puntuales o estructurales de producción de cada día. Las personas que deberían ocupar su talento, como así ocurría en el pasado, en encontrar soluciones de producción, ahora han de dedicar su innegable  talento en encontrar soluciones de reproducción, dónde vivo, dónde como, cuándo puedo comprar esto que tanto necesito. La precarización del trabajo ha ido tan lejos que ahora es un problema estructural de las propias empresas, aunque algunas aún no se han dado cuenta.

Tímidamente va abriéndose paso la recomposición de mecanismos de negociación colectiva. Creo honestamente que, además de abordar cuestiones sobre la fijación de salarios y la reordenación del cuadro contractual que liga a trabajadores y empresas, debería extender su horizonte y visionar nuevas realidades productivas. Me parece algo totalmente necesario abordar la recuperación del talento perdido en las estructuras de producción sin las que es muy complicado avanzar en la modernización de las empresas y en la ganancia por ende de competitividad país.

Ahora que ya es reconocido por todo el mundo, excepto por la señora Báñez, que el incremento de la oportunidad no está vinculada exclusivamente a la remuneración menguante del trabajo si no a su capacitación, recuperar el talento es una cuestión central. ¿Cómo hacerlo? Yo creo firmemente en la creación de “comités de sabios” de producción que constituidos de manera muy abierta y recogido su estatus y objetivos en modalidades negociables en los acuerdos de empresa, incorpore como figura nueva recogida en Convenio la del experto asistente con dedicación flexible.

Es la mejor manera de enfrentarse al paro de los trabajadores mayores y minorar la indecisión entre los ocupados más jóvenes, una forma de equilibrar vigor productivo y sabiduría experta.

Lo digo totalmente en serio: imaginación o resignación.

Totalmente en serio