viernes 06.12.2019

Texas, capital Medina del Campo

La España vaciada puede llenarse de futuro, y no estoy dejándome llevar por un rapto idílico perturbado.

Donde digo Medina del Campo digo Ponferrada, Zamora, Mérida o Ciudad Real, porque lo que quiero destacar en este artículo es la fascinante oportunidad que para los territorios conectados a las ciudades mencionadas se abriría si pusiéramos en marcha políticas de desarrollo orientadas a la generación de energías renovables ambiciosas, porque con algunas diferencias los territorios a que hago mención son auténticos graneros, fuente de recursos inagotables para la producción de energía sostenible, tanto como lo fue en el siglo XX el petróleo para el estado de Texas o los reinos y sultanatos de Oriente Medio.

Porque los territorios de lo que se conoce como España vaciada, sobre todo en las dos mesetas pero también en otras regiones del estado, tienen muchas cosas en común en lo que se refiere  al propósito que defendemos, que no es otro que combatir la despoblación situándose a la vanguardia de la sostenibilidad. Poseen enormes cantidades de recursos no extinguibles en forma de espacio abierto, sol, viento, agua en algunos casos y masa forestal en otros. Subirse a un cerro en cualquiera de esos lugares, contemplar su paisaje y no ver la riqueza potencial que contienen es una torpeza que no nos podemos tolerar.

La sostenibilidad es el anverso de la economía del conocimiento, el New Green Deal que hermana a Ocasio Cortes y Ellen Warren con las propuestas verdes europeas puede significar para el futuro energético lo que el programa Apolo supuso para la innovación digital

Desde ese cerro no solo se contemplan los afluentes energéticos para poner en marcha la industria del futuro, también y sobre todo se ven los recursos complementarios necesarios. Se ven ciudades y pueblos construidos con grados de urbanismo y belleza estimulante para atraer y acoger a los técnicos y profesionales que habrán de desplegar los distintos proyectos, se ven infraestructuras viarias, de transporte y logísticas de alto valor funcional, mejorables pero suficientes para el arranque. Se ven, y uno se admira, la red de Universidades y Escuelas Técnicas adiestradas en la investigación que tan solo requieren mayor flujo de capital y retos sintonizados con las apuestas del futuro para convertirse en referentes mundiales. Se ven escuelas y colegios que están exclusivamente afectados por la baja demografía, algo que tan pronto se revierta puede provocar el llenado de una población culta y educada al margen del origen de su procedencia.

Se ve y sobre todo se percibe un halo de cultura y de realizaciones artísticas sin las que ninguna iniciativa sobrepasa el nivel de mero negocio y explotación de recursos. Y el futuro visionado con miras de progreso no es un negocio ni esquilme generalizado, es una forma de vida que combina riqueza material y espiritual sabedores que la una no es posible sin la otra, ya hemos cometido ese error en otras ocasiones. El futuro inmediato pasa por establecer los fundamentos de una civilidad no destructora ni extractiva si ello supone poner en riesgo la vida de los muchos para favorecer la de unos pocos. Además de coraje político y determinación técnica, se requiere un millar de pequeñas aportaciones tangibles e intangibles que yo veo cuando desde los promontorios de la España vaciada contemplo como se llenan al compás de las necesidades que un mundo nuevo requiere.

La España vaciada puede llenarse de futuro, y no estoy dejándome llevar por un rapto idílico perturbado. El área de Seattle, zona industrial madura, comenzó a declinar a mediados del siglo XX. Las autoridades locales reaccionaron proponiendo un plan de reconversión conectado con su visión del futuro que pasaba por la potenciación de la economía del conocimiento. Apostaron por atraer talento mediante la edificabilidad no especulativa optando por un urbanismo “cool”, por crear y potenciar universidades innovadoras, dotar de teatros y espacios operísticos capaces de soportar la demanda de cultura sofisticada para sostener la cultura de base, facilitaron la creación de guarderías y su inserción en las redes educativas constituidas, lucharon por sincronizar intereses personales y expectativas profesionales y… años, después surgieron las primeras empresas del conocimiento que son la imagen en la que se inspiran en Silicón Valley y en todos los centros de economía del conocimiento que merecen dicho adjetivo: una combinación de recursos instalados, ideas relevantes y propósitos decididos.

La sostenibilidad es el anverso de la economía del conocimiento, el New Green Deal que hermana a Ocasio Cortes y Ellen Warren con las propuestas verdes europeas puede significar para el futuro energético lo que el programa Apolo supuso para la innovación digital. Estamos en un momento idóneo para poner en marcha los recursos de esa nueva fuente, para establecer la capitalidad del nuevo Texas que se encuentra en algún lugar de la España que tiene sitio para todo lo nuevo.

Tenemos, por suerte, un periodo de tiempo de progreso proclive para las ideas fértiles y los compromisos sentidos. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que la despoblación acabe con toda esperanza, antes de que se arruinen las estructuras instaladas, seamos valientes y apostemos por las realizaciones transformadoras ¡Viva Medina del Campo!


*Texas, capital Medina del Campo: Metáfora inspirada en la lúcida aportación que hizo Germá Biel en su España, capital París. Rindo homenaje y expongo lo que creo son oportunidades reales para territorios que están sufriendo de manera inconcebible su paulatina despoblación y consecuente desertización.

Texas, capital Medina del Campo