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jueves. 18.08.2022

La solución definitiva

No la he encontrado aún, pero voy marcando unas líneas “rosas” que creo me acercan al objetivo: una solución ya.

No la he encontrado aún, pero voy marcando unas líneas “rosas” que creo me acercan al objetivo: una solución ya.

Primero de todo leer con mucho rigor el resultado de las elecciones del pasado 20. Lampedusa vive, que todo cambie para que todo siga igual. España, 184 años después del fusilamiento del general Torrijos y de sus compañeros en el desembarco constitucionalista en Málaga, mantiene el mismo nivel de división entre quienes poseen una visión conservadora, centralista y autoritaria del país y aquellos que promueven un modelo liberal basado en el avance de la representación pluriregional y el desarrollo constitucional acompañado de instituciones adecuadas para lograrlo.

Segundo. La distancia entre uno y otro grupo es tan amplia que ni siquiera con formaciones emergentes y en situaciones de desgaste como la actual, con la representación de la facción conservadora involucrada en toda clase de actos delictivos y traiciones al programa con el que concurrió, ha sido suficiente para establecer puentes. 

Tercero. Las clases medias y profesionales, hipotéticos goznes, nacidas del industrialismo del siglo XX han demostrado no poseer más ideología y activismo político que aquel que les lleva a redecorar el hogar y buscar refugio en una casa rural para pasar el próximo fin de semana. En situaciones de tensión, se diluyen como azucarillo. Su escapismo y equidistancia les descalifica como clase sobre la que edificar un modelo de integración.

Cuarto. La facción conservadora resulta mucho más contundente cuando actúa en situaciones de fricción. El absolutismo representado por Fernando  VII no sólo anula la Constitución de Cádiz, se lleva por delante al mencionado Torrijos, a Priego y a cuantos se enfrentan al poder borbónico clerical. El siglo XIX, del que parece no acabamos de salir, está plagado de actos violentos cuyo común denominador es el ir apagando los fuegos liberales que surgen en unos y otras rincones del país.

Quinto. En el siglo XX lejos de atenuarse la violencia de la actitud conservadora, navegando con el viento de cola del fascismo, inventa un movimiento de corte medieval que se plantea por primera vez un acercamiento a la solución final mediante el exterminio físico de la facción liberal progresista que ha sido contaminada por las hordas rojas y masónicas.

Sexto. Probablemente el instinto por imponerse del modo que fuere a las tesis contrarias no ha desaparecido y es más que probable que los defensores de la solución final ya anden dándole vueltas al diseño del instrumento de choque en la coyuntura del siglo XXI en un proceso de descomposición de la integración europea.   

Séptimo. Conociendo nuestra trayectoria histórica y en prevención de que la premonición de Antonio Machado (españolito que al mundo vienes…) se haga de nuevo realidad y para que a nadie se le hiele el corazón, se hace necesaria encontrar una solución definitiva.

Octavo. Ha de ser una solución postmoderna, nada de violencias ni nada de rencores. Educación, pedagogía y mucha deportividad que nos lleve a todos a la comprensión de que no hay una España, sino varias y que por tanto hay que inventar un modelo de convivencia de tipo apartaheid. Quienes deseen vivir en un país troncal, carpetovetónico, crédulo, simbolista y dependiente, pueda hacerlo. Quienes deseen en cambio un país más bien impulsado  por la confianza en lo que puede hacerse contando con los recursos propios, ganado la partida a la complejidad mediante el entendimiento recíproco y finalmente respetando el derecho a disentir, vivan el suyo.

Parece fácil, pero no lo es. Existen precedentes. Desligar territorio y estado es una forma, ya digo que posmoderna, de intentarlo. Chekia y Eslovaquia separaron territorios y no cambiaron sustancialmente de proyecto nación. Palestina e Israel comparten territorio pero tienen diferencias antagónicas en sus modelos de estado.

Habrá que inventar algo, aunque sea virtual como el dinero bitcoin, pero que sea definitivo.

La solución definitiva