jueves 04.06.2020

Para qué sirve el TTIP

El acuerdo o pacto se ha diseñado en la trastienda, en los rincones más recónditos, apagados y alejados del debate...

Las siglas de la cabecera responden al acrónimo del TrasatlanticTrade and InvestmentPartnership traducido al castellano suena algo así como Acuerdo Trasatlántico para el Comercio y la Inversión, que inciertas autoridades de Europa y EEUU negocian de manera clandestina. Pero dichas siglas también podrían tener otro significado, por ejemplo: Te Tomo Impunemente el Pelo. Y no tiene ninguna gracia.

El acuerdo o pacto se ha diseñado en la trastienda, en los rincones más recónditos, apagados y alejados del debate o de la información a los medios de comunicación. Ha ido gestándose en la más oscura opacidad. Ni las organizaciones políticas, ni sociales, ni siquiera las organizaciones sindicales o empresariales oficiales han sido convocadas, consultadas o invitadas a realizar aportación alguna.Y este oscurantismo revela una posición de partida inquietante, trasmite mal rollo así para empezar.

Aunque los defensores y muñidores del acuerdo hacen defensa del mismo sobre la hipótesis de la bonanza y beneficios macroeconómicos derivados del mismo (suena mucho a las palabras de Jeff Bush prometiendo enormes beneficios por participar en la guerra de Irak alos reunidos en las Azores), lo cierto es que ninguno de ellos se atreve a plantear públicamente el contenido de los acuerdos y el efecto real que tendrá. Y más que nada,cuál es el objetivo profundo que se persigue, qué nos esconden y por qué

El objetivo oculto, tan bien ocultado en esta negociación, es la cuestión más compleja y espinosa,  el verdadero problema político al que sobre todo los europeos nos enfrentamos. Porque lo que resulta sustantivo de lo poco que se conoce de la aplicación del acuerdo revela un fondo preocupante para el mundo, para el mundo avanzado socialmente como es o era el mundodesde la óptica europea. Lo que el tratado plantea es ir desarmando todas las derivaciones sociales que un modelo de producción y comercialización añaden al proceso general de creación de riqueza. El modelo europeo inserta “socialismo” estructural en el proceso general de producción y distribución mediante la asignación de referentes legales, mandatarios en materia de fijación de salarios, participación de los sindicatos, marco de negociación colectiva, modelo impositivo y legislación ética y medioambiental que el TTIP se dispone a desmontar (lo que queda de él después de la égida Merkel).

Éste es el verdadero objetivo del TTIP, acabar con un modelo social y económico y hacerlo desde la apelación al pragmatismo que de manera secreta se ha convertido en la realidad irrenunciable. Fuera de ese artificial pragmatismo no hay sitio sino para la demagogia. Es lo que se conoce como el viejo truco del nada por aquí, nada por allá, y ¡¡¡alehop!!! Esto es lo que hay.

Hoy ya está prescrito en los acuerdos de rescate y en las políticas fiscales de los países occidentales la renuncia “coyuntural” a los beneficios tradicionales del pacto social, debiendo aceptarse salarios de mierda, con restricciones contractuales sujetas exclusivamente al capricho del usuario y asumir los servicios públicos como una entelequia. Pero se hace o se acepta la situación de un modo transitorio, coyuntural que algún día remitirá. Pero el TTIP plantea una realidad en la que la coyuntura se convierte en lo que dura, la única e indiscutible realidad. Nos condena a la regresión histórica y lo hará apelando al pragmatismo, a lo que hay que hacer, a lo que dios manda,  como si las consecuencias dela aplicación del TTIP supusiese una predeterminación cósmica, una voluntad divina, una circunstancia de la naturaleza, algo fuera del alcance de la mano del hombre.

Por eso la negociación del acuerdo es secreta, para mitificarla, para poder hacer vudú en el futuro, para poder imponer reglas derivadas de la sagrada conformación de la oferta y de la demanda. Pero no, esto es una tomadura de pelo y no cuela.

Desde mi punto de vista, lo más detestable de todo cuanto acontece en torno la TTIP es que el mundo occidental y sobre todo Europa, renuncia a liderar un mundo más justo, más equitativo, más sostenible y se apunta al barullo y al juego sucio que supone la actividad sometida a una única regla: ¡Aquí no hay reglas!

Para qué sirve el TTIP