lunes 01.06.2020

Rajoy o la incapacidad conservadora

Es pertinente  calificar a Rajoy como persona conservadora dado que él mismo se ufana de ello, por eso es tan importante advertir a la población española que esta declaración de conservadurismo del presidente es un acto de extrema peligrosidad,  mucho más riesgoso que su condición de presunto delincuente. Porque se puede ser delincuente y no ser enteramente dañino e inhumano, pero Rajoy lo es debido a su “vicio” y casi sin pretenderlo.

Rajoy es dañino porque su vis conservadora le induce a vivir en flash back, de los recuerdos, de cuando la vida resultaba sencilla, mandar un acto inerte y mangonear algo tan gratuito que el hombre se acostumbró y ya no ve otra forma de concebir la existencia. El partido que preside, y que secretarió durante lustros, no es un organización mafiosa como se quiere presentar ahora, sino una organización afinada al modo convencional. La derecha política y su partido de referencia no ha hecho otra cosa que interiorizar modos y maneras de ejercer el poder de la derecha social y económica. Por eso Rajoy parece absolutamente convencido de la inocencia de sus actos, ha hecho y hace aquello que ha visto como comportamiento natural  años y años de vida propia, más todo lo que aprendió de la  caterva de caciques de su Pontevedra de los amores.

Se le achaca inmovilismo, se le reprueba su tancredismo, se le reprocha su inacción y su falta de protagonismo, pero esto es una injusticia contra su persona y su personaje. Es un actor político de extraordinario activismo, solo que es un activismo retrógrado, es una persona que apunta hacia atrás y en ello no ve sino las razones que justifican su postura: España es una, España es seria y España es turística. Todo lo demás son ganas de confundir, Cataluña es una invención de los radicales de la CUP o de los chinos. La desigualdad y la segmentación de la sociedad española es una visión típica del tremendismo nacional que una vez debidamente filtrado en el Parlamento queda en costumbrismo exportable a la España different que esa sí que es la de verdad, la que hay que cuidar para asombro de los extranjeros que nos visitan y que flipan con la capacidad de sus amos de tenerla en orden de revista.   

Rajoy no es un presidente que debiera dimitir por sus faltas a las reglas de juego político y su despego de cualquier norma moral. Rajoy no debiera dimitir por presidir un partido criminalizable, ni por permitir o diseñar un mecanismo de financiación de tipo mafioso. Ni siquiera por haber convertido al amiguismo en criterio prioritario en la configuración del estado y de sus instituciones. Por lo que debería ser reprobado y puesto en cuarentena es por su carácter irrefrenablemente conservador.   

¿Qué es un conservador al estilo decimonónico de Rajoy? Pues es una persona altamente falible, pues ve y gestiona lo que está por venir con los criterios que forjaron el pasado, la nostalgia sustituye a la inteligencia ¿Se es peligroso sólo por ser nostálgico? No cuando la nostalgia guía las emociones propias, cataloga algunas escenas y mueve a la melancolía, pero muchísimo cuando se desea que esos ensueños adquieran cuerpo. Un conservador de pura cepa, como Rajoy, no ceja hasta ver sus recuerdos convertidos en una realidad devuelta a la primera página.

Rajoy, y otros tantos nostálgicos españoles, no aceptan la consideración catalana y el redibujo institucional de una nueva realidad territorial no por disponer de una alternativa, sino por disponer de un recuerdo: de cuando España era Una, Grande y Libre. Cualquier cosa que choque con esta imagen ha de ser rechazada porque una ensoñación no resiste parcheados, es todo o nada. Si el recuerdo es en blanco y negro, así debe quedarse.

Y esto es lo que convierte a Rajoy y a tantos otros conservadores de raíz (radicales por tanto) en auténtico peligro social: su visceral enganche con el pasado. Su apuesta clara por que el tiempo pasado fue mejor. Rajoy, su gobierno y la clase social que le sostiene no disponen de políticas contemporáneas por ejemplo sobre emigración, innovación o igualdad por la sencilla razón de que esas “cosas” no existían en el mundo que les inspira. Rajoy y los suyos no pueden entender el fenómeno de la movilidad generalizada y las posibilidades que genera en países exportadores y receptores de personas. Tampoco el sentido del avance científico y su rol promotor de nuevas realidades sociales. Menos aún pueden desprenderse de la idea de que el mundo es desigual por naturaleza, si no, como justificar su preeminencia. 

Desafortunadamente para los españoles estas cuestiones tan abstrusas según Rajoy (todo esto es very difficult, dice él) componen los elementos básico sobre los que se construye un discurso político para navegar en los tiempos actuales. Cuando los países se rearman para paliar los daños de la crisis, la estrategia de Rajoy consiste en facilitar la inmigración económica selectiva para que trabajadores transitorios ocupen puestos de trabajo mal retribuidos y sin engarce social. Acto seguido exporta científicos y personas educadas con espíritu crítico y todo queda igual (qué mejor forma de combatir la desigualdad) o aún mejor, pues los bajos precios atraen más turistas.

Rajoy y los suyos se ensimisman en el infantil recuerdo del pasado (playas y suecas incluido). Y se afanan en conservarlo aunque a todos nos cueste entrar en fase  de paranoia. 

Rajoy o la incapacidad conservadora