lunes 01.06.2020

Si puedes comprarlo, no merece la pena

“Si puedes comprarlo seguramente es algo que no merece la pena” es un eslogan del movimiento “maker”, ese que defiende que hacer las cosas que uno requiere es una actitud económica pero sobre todo es una actitud honesta, sostenible, edificante y finalmente cultural. Algo que puede trasladarse al espacio político y ser aplicado con todo rigor al PSOE. Si se puede comprar, y el PSOE está no ya en venta si no en rebajas, entonces no merece la pena. No lo compres porque no va a satisfacer tus necesidades reales, solo las imaginarias que un grupo de estrategas de marketing han creado para que tú lo creas.

Si sientes afinidad por algo que puede ser comprado, para que perder el tiempo, cuando lo necesites lo comprarás y si no tienes suficiente dinero, lo añorarás, pero no tiene sentido apegar tu vida y tu voluntad a algo que escapa de ella. Todos tenemos ensoñaciones que alimentamos viendo películas de “amor y lujo” pero no compramos paja para cuando tengamos una cuadra de caballos pura sangre, ni contratamos un seguro antirrobo de joyas que no poseemos, ni dejamos la pared posterior de frigorífico vacía para cuando podamos colgar un cuadro de Bacon. Cuando tengas dinero ya lo harás, del mismo modo que cuando gobiernes una empresa cedida por un gobierno amigo ya compararás la voluntad del partido opositor (si lo hubiere). Pero mientras tanto, contempla y envidia cómo viven los ricos, cómo legislan los poderosos, cómo manipulan los sátrapas y se ríen de ti en tus barbas los trileros que te muestran la bolita que nunca está donde crees que la pusieron.

Triste, pero es así. Por eso los makers, desconfiando de los continuos engaños del mercado y decepcionados por la compra de cosas que no cubren la expectativa, deciden hacer (make) ellos mismos lo que necesitan en cada momento. Es una manera de asegurarse que no volverán a ser engañados por la ficción verosímil pero fraudulenta del mercado y, según dicen sus seguidores, además es una forma de cultura que provee de lo realmente necesario y produce sobre todo orgullo, ese bien tan escaso que no se puede comprar ni vender.

Los makers dicen al mercado  “no es no”. Si lo puedo comprar seguro que puedo prescindir de ello, o peor, si lo puedo comprar casi seguro que alguien se ha puesto en mi lugar y lo ponen todo en venta pensando en mí. Y a continuación dicen, no pienses tanto en mí, no hagas tantas cosas por mi bien futuro, no es necesario que me metas en la OTAN por mí inestable seguridad, ni que abandones posiciones ideológicas para enseñarme el camino, ni siquiera que acuerdes cambios constitucionales insultantes para ahorrarnos el sonrojo del deudor, ni que… Ah! Que esto no lo hace el mercado, lo hace el PSOE perdón, es que me hago un lío y ya no sé si lo hace el mercado o lo hace el PSOE porque está en el mercado, en venta al mejor postor, en fin un lío.

Lo que tengo claro es que de ahora en adelante cuando tenga necesidad de un partido me lo voy a hacer yo, a mi gusto y medida, y si para que sea operativo tengo que juntarme con otros vecinos que estén en la misma situación, pues allá que te vamos. Y quien dice un partido dice una plataforma cívica, un colectivo reivindicativo de mis derechos y los de mis vecinos, una promotora cultural, un club de lectura o una asociación en defensa de causas que me requieran  aunque no sean las mías. Pero todo esto yo no lo vuelvo a dejar en manos del mercado representativo o de la democracia global o lo que sea que ya es primavera en el Corte Ingles. No es no.

El mercado tiene mucha fuerza e indiscutible atractivo. Por eso tiene estructuras políticas sofisticadas plagadas de gente dispuesta a lo que sea necesario por nuestro bien y del propio mercado. Sobrado de recursos,  mantiene centros de pensamiento que se retuercen las meninges para encontrar nuevas formas de legitimar su preponderancia hasta convertir al mercado en el único ser necesario, lo demás es contingente. Fiel a su historia y sin renegar de ningún pasado (no como otros), invierte en su futuro y gasta sumas exorbitantes en crear realidades virtuales imposibles pero verosímiles con las que mantener el mito del mercedo eterno como eterna fuerte de la vida y la felicidad, aunque a esto lo llama publicidad y no “soma” que es su nombre más certero.

Y se reserva una última bala por si todo esto no funciona: olvida toda esperanza porque puedo comprarte. Voy a hacerte una oferta que no podrás rechazar. Si pretendes ser un partido que gobierne algún día, habrás de saber que gobernarás aquello que yo te diga, te limitarás a mangonear en el interior de la líneas rojas, lo que hay fuera no es de tu incumbencia, no hagas preguntas y recoge el sobre cuando salgas de aquí.

Si puedes comprarlo, no merece la pena