lunes 01.06.2020

Pobre, tonta, ingenua y desactualizada

Ineptitud en estado de gloria porque aunque ella ansía una operación vanguardista de tipo brain hacking como recomendaba Tristan Harris, el responsable de ética de Google, lo que le sale es un intento de comedura de coco que produce hilaridad

La descripción del encabezado podría corresponder a la presidenta madrileña Cristina Cifuentes, pero no,  el ser miserable no es una prerrogativa exclusiva  de esta aprendiza de bruja. Hace referencia a su maestra en materia de formación del espíritu nacional, la ministra del ejército que se conduce de un modo que sólo puede entenderse por lo enrevesado de su personalidad, pública al menos, y lo pacato y deficiente de su entendimiento. Se comporta como un ser pobre, pero pobre de espíritu, incapaz de ver, soñar o intuir nada que no esté descrito en su reliquiario de los santos momentos que ornan la grandeza de España que ella promueve con su dolor “de” Cospedal. Es obviamente tonta como acredita el que una mujer de sus años todavía juegue a las muñequitas y tenga siempre a mano su Barbie Thatcher  con la que mitigar la irritación que le produce el no disponer de ningún tipo de reconocimiento ni entre propios ni entre ajenos. Su ingenuidad puede describirse como proverbial al ensañarse con la promoción de ritos y cantos del pasado en actos desesperados en los que se reclama, como los niños malcriados, un poco de atención.

Y para completar el cuadro, la local dama de hierro (de López Hierro más en concreto) da muestras de su ineptitud y su desactualización lanzándose a una campaña de racimo para proyectar su ideario nostálgico a través de cualquier institución al alcance. Y lo hace con una torpeza supina siguiendo el mismo patrón por el que despeñó la TV manchega, cuya entrega a la difusión de los valores de la más rancia tradición no cosechó sino la incredulidad general y la vergüenza ajena. Insiste ella ahora con sus cánticos religiosos en los cuarteles y sus intentos de promover el militarismo en las escuelas. Me da que a estas propuestas les espera el mismo fin que a su proyecto televisivo, del que solo quedan los restos de los desmanes  de su alter ego Nacho Villa y de su inquieta tarjeta vip con cargo al ente.

Ineptitud en estado de gloria porque aunque ella ansía una operación vanguardista de tipo brain hacking como recomendaba Tristan Harris, el responsable de ética de Google, lo que le sale es un intento de comedura de coco que produce hilaridad. Esta pobre mujer desconoce la diferencia entre actuar en entornos tecnologizados flexibles o hacerlo en el seno de instituciones rígidas y ahormadas. Confunde el poder de fuego de una red social que conecta en continuo a millones de personas intercambiando entre ellas experiencias, perfiles emocionales y datos, con la atmosfera chillona y garbancera que inunda la institución desde la que ella pretende “cautivar” a las generaciones que conspicuamente fueron apartadas de estas señas raciales presentes en todo buen español, como Cataluña y su causa bien dejan entrever.

Desde luego que para poner en marcha un ardid como el que la señora de hierro promueve hay que ser tonta y malvada, pero sobre todo hay que estar desinformada y desactualizada. Que la extrema derecha se vale de toda utilidad innovadora tecnosocial para promover su inconfesable mapa de ruta es un hecho contrastado, lo ha puesto en marcha Trump, Putin, Johnson, etc. Pero no se hace al revés como hace la ministra, que utiliza mecanismos y dispositivos sociales  caducos para lanzar un proyecto renovado de la extrema derecha. Me alegro de su incapacidad, de la que todos saldremos favorecidos, pero creo que es una cuestión de responsabilidad intelectual el decírselo, al menos.

Pobre, tonta, ingenua y desactualizada