miércoles 21/10/20

¡Esta noche, gran combate!

Esta noche gran combate, gritaba el speaker, se enfrentan el demoño rojo contra el demoño rojo. Eeehhhh??? Se oyó el murmullo incrédulo de la grada asistente al evento ¿cómo va a ser que es que luche uno contra sí mismo? Esto es lo nunca visto, ni aquí ni en el desaparecido Campo del Gas, dónde todo podía ocurrir. Las cabezas negaban desaprobando una lucha aparentemente onanística y los ojos mostraban incredulidad y rabia ante la sospecha de hallarse a punto de sufrir una nueva estafa. El presentador apercibiéndose entonces de la confusión que creaba su nefasta fonética, carraspeó su garganta y repitió: esta noche gran combate, el del moño rojo contra el demonio rojo. Un ahhhhhbuenoooo complaciente surgió de la sombreada asistencia al tan fiero prometido combate.

No es una anécdota real, es un chiste poco gracioso que me contaban, como supongo que a muchos lectores, allá por los años de inicio a la vida adolescente, pero que se me viene a la mente cuando escucho y leo los ataques de la derecha contra el vicepresidente segundo del gobierno, si, ese que es un demonio rojo caracterizado por un moño, el muy rojo. Creo que la derecha confunde sus disparos y no sabe si apunta al del moño rojo o al del moño rojo, quiero decir que no se si sabe que su oponente es un demonio rojo, o un rojo que usa moño. Y es un problema para ellos, pues no se puede insultar de manera bipolar a uno y otro sujeto, tienes que elegir, o descalificas a uno o al otro, a los dos a vez no funciona. Si acaso podría hacerse de manera sucesiva, primero a uno y después al otro, pero en su ciego asalto, en sus intentos desesperados por hacer daño súbito, ganar por KO en el primer asalto como esos púgiles mediocres que la emprenden a puñadas locas desde el tañido del primer gong, Garcia Egea y su séquito bracean y lanzan golpes sin ton ni son, sin saber ni a quién ni por qué. No sabe a qué demoño rojo ataca, hasta olvida hacer las preguntas apropiadas en el  hemiciclo, que es como olvidar los guantes en el vestuario, el colmo de la impericia y de la fragilidad de mentón, pues recibe una contra tras otra.

Así un día y otro, zumbando al vicepresidente rojo del moño y no parecen advertir que quien sale blindado de estos ataques furibundos es el demonio rojo del vicepresidente segundo

Las mañanas de miércoles en las que se desarrollan las sesiones de control al gobierno se han convertido en mi rato favorito de la semana. La sarta de infundios, falsedades y deseos ocultos que salen de la bancada de la derecha atropelladamente, alocadas sin orden ni concierto, no me molestan lo más mínimo, al contrario me animan mucho pues percibo que dejan tras sí un fuerte tufo a odio focalizado hacia el vicepresidente rojo del moño. Creo que les irrita de manera insoportable lo del moño genérico, sus formas y lo que representan, un puto perroflauta aquí, y vicepresidente encima, un antisistema que reclama más sanidad pública en frente de su majestad, como si desde su alto standing el monarca pudiera entender algo de qué cosa es la sanidad pública. Es molestar por molestar, piensan, el moño son ganas de joder, así es que te vas a enterar, se dicen, te voy a tratar como siempre he tratado a quienes llevaban moño, a las mujeres, con desprecio y altanería.

Y dale con su discurso vacío, el yo te acepto pero debes saber que eres inferior y que sin mí no eres nadie, no se te ocurra ponerte la minifalda y el ya trabajas en casa ocupándote de los niños, se convierte en te acepto (por imperativo legal) pero eres un lujo revolucionario que los bolivarianos se permiten en nuestra santa patria, no te deslices un pelo que hay antecedentes terroristas en la familia, el día menos pensado te cruzo la cara para que se te quite tanta tontería, que te pasas todo el día al teléfono conspirando con tus amiguitos progres. Lelo, posturero que eso es lo que eres, rojo tocado de moño.

Y así un día y otro, zumbando al vicepresidente rojo del moño y no parecen advertir que quien sale blindado de estos ataques furibundos es el demonio rojo del vicepresidente segundo, si, ese que parece disponer de cierto ascendente en el diseño de los presupuestos generales y amansa las relaciones entre los actores sociales, quien se ha ganado el respeto del Ibex y tiene acceso y cierto control sobre los servicios secretos que ya no volverán a manipular informes deformadores de la realidad.

Cuando remita la pandemia y se acallen los ladridos alguien en alguna parte hará recuento de cuántas y cuáles son las políticas que con el sello del demonio rojo han sido puestas en práctica sin que los evaluadores de la política gubernamental, la oposición, hayan sobrepasado el umbral de la descalificación de la cosmética vicepresidencial.

Creen que el enemigo a batir es el rojo del moño y no se enteran de que se enfrentan al demonio rojo.

¡Esta noche, gran combate!