lunes 01.06.2020

No hay suficientes fachas para tanto caudillo

¿A quién le importa la redefinición del modelo de relaciones entre los distintos territorios del Estado? lo que importa es poder decir: yo soy más anti catalán que tú

Estoy asombrado con la proliferación de candidatos a acaudillar el renacimiento del sentimiento franquista que la cuestión catalana nos ha traído. Los hay a patadas, en cualquier lugar te sale un salvador de la patria (española se entiende) con la solución adecuada para acabar con la rebeldía catalufa. Soluciones que en general nada tienen que ver con el problema, más bien parecen responder a la intuición de que en el liderazgo de lo ultra hay futuro ¿A quién le importa la redefinición del modelo de relaciones entre los distintos territorios del Estado? lo que importa es poder decir: yo soy más anti catalán que tú.

Como en los programas de entretenimiento basados en la impostura de la cualificación necesaria para cocinar, cantar o convivir,  disponemos de un elenco muy completo de aspirantes a liderar el neofranquismo despierto por el tachán de la ruptura de la sacra unidad española.  Están los herederos naturales como Albiol o Hernando a quienes la cosa viene a actualizarlos, ser un cafre asocial ahora resulta de lo más razonable y admirable; tenemos a los listillos que se suman a cualquier movida, Soraya y Casado compiten en esta categoría de franquista revelación, que aunque torpes por precoces, son constantes por las mismas razones. Por otro lado, están los seguidores del tecnofranquismo o desarrollismo en el siglo XXI, con Rivera a la cabeza, seguido muy de cerca por Maza y el senado al completo: dadme una ley y pararé el mundo, se dicen así mismos. No importa qué ley sea, pues todas son interpretables y ya haremos aquí el reglamento prescriptivo y fijaremos el tribunal más adecuado para aplicarlo. Hay otro grupo de opositores, los eternos repetidores podríamos decir, que capitaneados por los ínclitos Aznar, Oreja et alii, reclaman el premio debido a su perseverancia a lo largo del tiempo. Ellos, con Rajoy incluido, ya eran protocaudillos antes de que se pusiera de moda el concurso abierto para liderar el cutrederechismo español.

Mucha competencia tío. No niego que se vean muchas fachadas con sus banderitas colgantes convertidas en auténticas fachadas, pero te juro que me parece mucho caudillo para tan poco facha. España anda escasa de materia base para el florecimiento del fachoserío folclórico. La pujanza de radicalismo  de derechas en USA y UE tiene un componente complejo, pero una obsesión que disciplina a sus bases: la xenofobia y el racismo. Algo que en España no funciona. No es que no seamos racistas, no hay más que ver qué gobierno nos damos y con qué furor se aplica éste en machacar a los de fuera en Melilla o donde haga falta, pero no parece que putear a los de piel morena sea argumento suficiente para organizar a la derecha cavernícola (quizá porque no sea fácil diferenciar el cromatismo de la piel de los locales). Sea como fuere, lo cierto es que el racismo que arrastra y amalgama las masas neonazis en Europa y Estados Unidos, aquí no parece tener cuajo.

Algunos de los aspirantes anteriormente mencionados ya llevan tiempo pensando que una gran oportunidad se les está escapando, pues no se capitaliza aquí el éxito internacional del ultraderechismo rampante. Disponen del gobierno, eso sí, pero de un gobierno que tiene que disimular su condición de gobierno ultra, una posición que te impide hacer alarde de la natural inclinación a despreciar los derechos universales de la ciudadanía y coartan tu propensión a lo montaraz, a lo machuno, a la ignorancia desinhibida, al desprecio por todo aquello que no suene a Paquito el Chocolatero. 

Y de repente, aparece Cataluña ¡qué bendición! Huérfanos de ETA que tanto juego dio, ahora por fin tenemos un enemigo que puede jugar el mismo papel de omnirresponsable de todos los males que nos inflige el acechante enemigo, un catalizador del descontento conservador.  Y no es que no se vean banderitas y se escuchen conversaciones delatoras de la inmundicia neofranquista, pero insisto en que me parece poca cosa para derivar hacia ese territorio minado el peso de la derecha española.  Si hay tantos candidatos dispuestos a liderar el derrotero franquista no es por la abundancia social, es sencillamente porque hay muchos franquistas entre la elite política de la derecha que, forzadamente silenciados por el decoro, ahora se lanzan a tumba abierta.

La cuestión es la siguiente, si la operación de desmaquillaje de tanto político neofranquista no acaba de funcionarles como esperan, ¿quedarán descalificados como líderes democráticos civilizados  o pretenderán ser aceptados en un formato renovado en el que cuando pidieron a gritos el 155, no querían acabar con la descentralización (tan ingrata para la memoria franquista) sino tan solo restablecer el imperio de la ley?

Una pista os doy, el ideólogo orgánico no cesa de emitir sus dictados a través del consejo editorial del País, y de momento anda bastante confuso.

No hay suficientes fachas para tanto caudillo