domingo 31.05.2020

El mundo nos mira con mucha atención

Hemos perdido todas las revoluciones industriales y tecnológicas, pero siempre hemos estado en la pomada de las transformaciones políticas, por ello nos miran con mucha atención.

La parte convencida del mundo que cree que no se cambia de milenio de forma inadvertida y que el actual momento contiene todos los elementos de una transformación histórica radical, anda muy pendiente de lo que sucede en España. Pendientes de si va a haber gobierno de cambio o no ha sido posible lograr un acuerdo,  y por tanto de si habrán de repetirse las votaciones o no será necesario. Su interés no va a los escollos y rudezas de una repetición del proceso  electoral, algo muy periodístico por lo demás, sino que se dirige a los hechos sustanciales, a si el mundo actual  se encuentra en una fase en la que la organización social y toda su instrumentación institucional requieren de una trasformación de los mecanismos de  transferencia de representación,  a  si es necesaria una redefinición de espacios  deliberativos democráticos y en cómo iniciar una profunda y reflexiva forma de entender el proceso de “empoderamiento” de la soberanía ciudadana.

En el caso de España y las últimas elecciones se encuentran todos los elementos dramáticos que afectan a la transformación que a grandes zancadas va abriéndose paso en diferentes espacios políticos de Europa, América y Asia. El atasco de gobernabilidad que se produce en España es un dilema entre dar una oportunidad a un modelo político caduco que ya ha demostrado su incapacidad para ordenar un mundo más abierto, más participativo, más conectado y más responsable que parece requerir el tercer milenio, o apostar por una fórmula arriesgada por inconcreta y por inexperta que no choca con estos datos de la modernidad pero adolece de experiencia y por tanto de la credibilidad necesaria.  El pacto de gobernabilidad del PSOE con C´s es una apuesta por intentar una última vez el modelo exhausto del compromiso socialcristiano  que una vez tuvo éxito en Occidente. Quienes se oponen a él son los grupos y las personas que ya no creen en esta solución al conflicto porque han perdido la confianza y con ella todo sentido de pertenencia a un mundo que les ha arrinconado y en muchas ocasiones humillado. Unos creen que aún es posible reconducir la situación para evitar tensiones y virulencias, otros en cambio sienten que el tiempo para las componendas ya ha terminado.

Y todo ese mundo bipolarizado por la incontinencia de un capitalismo salvaje e inmisericorde mira a España. Lo que aquí ocurra va a dar o quitar sentido al proceso iniciado en Grecia y Portugal, a la irresistible ascensión de Corbyn en Inglaterra,  la proyección de Sanders en la política de los USA, a la influencia hemisférica de Tabárez o el empuje de San Suu Kyi en el sureste asiático. Las posibilidades de reconducir Europa hacia una modernidad basada en el humanismo y la sostenibilidad no dependen de ello, pues Europa ha sido raptada por la bestia neoliberal y ya no volverá nunca a ser el espíritu femenino que pacificó con dulzura este continente moralmente negro.  

Suena mesiánico y egocéntrico, pero no es así. España es una nacionalidad abstracta que se reinventa cada poco tiempo.  Aunque hay quienes creen en una patria inveterada, lo cierto es que su historia resulta más legible cuando se atiende a su transformismo, a su agilidad infantil y a una facilidad para modificarse que resulta insólita. Más que la posición sólida y reconocible, es propio de la identidad española el cambio, el flujo y la adaptación. Pagamos un precio por ello en forma de continuas revocaciones al estadio anterior. Revueltas y reposiciones forman el dietario de la política cotidiana en la historia de España. Pero con mucho sobresalen los momentos en los que la reinvención del país lleva a planteamientos tan novedosos que forman parte de los hallazgos de la modernidad para cada momento  histórico en el que se producen. De las formas de estado maritales al frente popular pasando por las encomiendas o el anarcosindicalismo, lo que aquí pasa ha tenido un impacto duro en su contexto histórico.

Y estamos en un momento cataclísmico. Los desastres militares colonialistas  en Oriente Medio y la inoperancia en la ayuda a los afectados por esta torpe manera de entender el curso de la historia se baraja con los descubrimientos de la hipocresía de quienes detentan el poder y su ambición ciega que  apunta a abrir paraísos fiscales en la estación espacial internacional, para que la cosa sea realmente offshore.

El que en España se produzca un cambio radical, una propuesta de gobernanza alejada de cualquier conexión con el mundo injusto, asimétrico e irresponsable que sienta a defraudadores y estafadores en los asientos de la máxima dignidad  se contempla con anhelo, sabedores de que puede marcar un referente histórico. No podemos defraudar, no podemos meternos en fórmulas para desatascar, hay que rehuir lo ambiguo y la componenda, el mundo nos contempla,  hemos de hacer para enseñar.       

Hemos perdido todas las revoluciones industriales y tecnológicas, pero siempre hemos estado en la pomada de las transformaciones políticas, por ello nos miran con mucha atención.

El mundo nos mira con mucha atención