lunes 01.06.2020

Mariano. R El brazo tonto de Europa

Europa trata por todos los medios de animarse. Hay una posibilidad de que, ante la desorganización del liderazgo mundial  sin ningún  referente claro ni en USA ni en Asia,  el viejo continente acabe encontrando un lugar alejado del mesianismo oxigenado de Trump y del pragmatismo cosificado de Xi Jimping. Entre los delirios infantiles del exconductor de programas de entretenimiento en la meca del capitalismo tardío y la robotizada interpretación del mundo que hacen en la China postmoderna, cabe una opción de corte humano que algunos think tank europeos están trasmitiendo a los líderes comunitarios y nacionales. Con todas las reservas necesarias, atentos a los acontecimientos en Alemania (formación de gobierno) y Francia (consolidación de gobierno), lo cierto es que lo que hace unos meses resultaba prohibitivo, ahora empieza a pujar. Europa podría volver a ocupar un lugar importante en el mundo.

Lo relevante de esta oportunidad naciente es que coincide (aunque solo sea en las formas) con los mensajes que inspiraron el nacimiento original de la UE: paz, progreso y bienestar.

Superada por descrédito empírico la filosofía económica walrasiana que soporta las políticas de austeridad, Europa, paso a paso, se dispone a abandonar lo que bien se conoce como austericidio, que ha impactado en toda la comunidad pero con especial dureza entre portugueses, irlandeses, griegos, italianos y españoles (os acordáis de los PIGS verdad).  Hay una especie de acuerdo general sobre la necesidad de poner en marcha Europa porque el anquilosamiento de los últimos años pone en jaque su existencia. Se pensó que Europa disfrutaba de estándares suficiente como para resistir la inanidad durante años y dedicarlos a limpiar el patio interior. Los europeos gozaban de una posición innecesariamente alta y debía desmontarse. La red de asistencia genuinamente europea y socialdemócrata se suponía capacitada para encajar el golpe y diluir los daños colaterales de la pobreza severa. Pues bien, esto no es así, no ha funcionado. Europa, como las bicicletas, ha de caminar, de otro modo ambas caen. El círculo virtuoso, quintaesencia del capitalismo renano que liga beneficios de empresa con desarrollo social (que estaba en la base del proyecto europeo) parece que vuelve a la palestra.

Y hacia ese círculo se quieren orientar los impulsos del relanzamiento europeo. La economía verde, la innovación tecnológica, la creatividad y el fortalecimiento de la presencia de Europa en África son los motores para incrementar la actividad económica, para sembrar la futura recogida de beneficios de las empresas europeas. Las energías alternativas, la reutilización de todo tipo de insumo productivo en el seno de una economía circular, así como la utilización renovada de las fuentes primarias de riqueza en los mares, los puertos, la minería, etc, etc forman parte de la primera de las premisas: crear riqueza de manera genuina, en lo posible sin soliviantar al planeta.

El desarrollo social, segunda premisa, se vehicula en una doble hélice, por un lado el sostenimiento y mejora de la red social de seguridades laborales, sanitarias y las derivadas de grados de dependencia y, por otro y sobre todo, en el cultivo del conocimiento que es esencial para promover la nueva economía, pero que sería a la vez un factor de desarrollo social en sí mismo, pues este plus de riqueza, este factor auténticamente revolucionario expande el concepto de ciudadanía (base de lo social) ya que está exclusivamente residido en las personas.

De este modo, el conocimiento se convierte en un impulsor doble de la economía y del desarrollo social. Se requieren grandes inversiones en infraestructura y estrategia para acumular y transmitir el conocimiento necesario para consolidar la función emancipadora de la Europa del siglo XXI, que de paso acentúa el proceso de inversiones necesarias para levantar el vuelo. Pero dado que el conocimiento tiene un ciclo de retorno muy largo, alguien tiene que cubrir la zona valle aceptando un modelo de “crecimiento negativo” basado en el trabajo intensivo, descualificado y alejado del proceso nuclear de la formación y distribución del conocimiento.  Un hermano tiene que sacrificarse para que el otro salga adelante. El hermano tonto (aunque se supone que bonachón) habrá de sacrificarse para que su hermano más despierto sobresalga.

Mirad el estado de nuestro dispositivo de cultivo del conocimiento en el sistema educativo general, las universidades o los centros de investigación y juzgar qué papel ha elegido el gobierno de Mariano. R  Quizá porque crecer de la mano del talento le resulta antinatural ha elegido convertirse en el brazo tonto de Europa, en ese alguien que tenía que hacer el sacrificio (ser serios es lo que importa dice) y aquí están los españoles para darlo todo, incluida lástima.

Las empresas europeas se lo agradecerán a él y a su gobierno con una gran fiesta de puertas giratorias. Al resto de los españoles otorgándoles la posibilidad de limpiar, vigilar o mantener en turno de 18 horas las instalaciones renacidas de la nueva economía del conocimiento.

Hay que ser muy tonto, además de perverso.

Mariano. R El brazo tonto de Europa