lunes 01.06.2020

No hay maestro que no pueda ser discípulo

Nunca dejes de aprender.
Nunca dejes de aprender.

Si quieres ser maestro, mantén la curiosidad propia del pupilo, si quieres aprovechar tu pupilaje, serénate como si fueras un maestro

El título de esta entrega es una afirmación puesta en boca de uno de los personajes centrales del Criticón de Baltasar Gracián. Lo que proclama se halla en las antípodas del carácter tradicional español, más dado a la hidalguía, a disponer de un espacio jerarquizado, estamental, y desde allí contemplar cómo discurre la vida sin tener que aprender nada ni poder enseñarlo, porque nada se sabe.

Confío que la palabra hidalguía o estamento no desvíe la atención al pasado siglo XVII de tan infausto recuerdo, porque hoy el rechazo a renunciar a privilegio, no por causa moral sino  para favorecer el progreso, sigue siendo tan extraña e inusual como lo fue en el pasado. Admitir que no hay maestro que no pueda ser discípulo es aceptar que todos, ocupemos la posición que ocupemos, solo somos parte de un engranaje que cose el saber y el detentar de hoy con el aprender y delegar de mañana, y que esta combinación de maestría y pupilaje es la base del desarrollo personal y colectivo. Las sociedades avanzan sobre el reconocimiento de cuánto nos queda por mejorar.

Ahora vete tú y cuéntale a los plutócratas legitimados por concurso de oposiciones a lo que fuere, que su posición es inestable desde un punto de vista ético y científico, que son una rémora y que la base de su pedestal (grande o chico) es de barro y que la verdadera altura no se sostiene sobre esa clase de peana. Diles a los miembros del cuerpo general de registradores de la propiedad que su situación de privilegio es eso, un privilegio. Razona con ellos o con el cuerpo de abogados del estado o de los técnicos de comercio que la grandeza y el crecimiento se impulsan sobre la humildad, la duda y la contrastación de pareceres, no de la impunidad administrativa que aísla al detentador de la posición tomada (por las buenas o las malas) del contexto de su actividad.

Difícil, verdad amigo. Pues vamos a tener que hacer algo, porque ese espíritu de magistral distanciamiento se ha convertido en la característica más notable del cuerpo político de nuestro país y nos vamos al XVII de cabeza, sin no estamos ya allí. Se ha producido una suerte de entendimiento u osmosis letal del espíritu omnisciente entre el hidalgo, el opositor y el responsable político que convierte a este trio calavera en el freno más devastador de cuantos afectan al desarrollo de nuestra sociedad. Tan pronto alguien ha cuajado su sitio, sea cual sea su escalafón, se produce en el interior del sujeto una especie de iluminación que lo convierte en poseedor, antes mendicante, de un tesoro que contiene las claves del saber en sí mismo y del saber hacer. En una fuente de poder incuestionable. A partir de ahí puede pontificar en favor de lo que le parece oportuno y condenar contundentemente lo que sale del marco de su apreciación. El sujeto fortalecido por la posición tomada se fuma un puro ante cualquier eventualidad y lo mismo te encarcela por tus ideas que te almacena unas zanahorias para cuando toque. No va a temblarle el pulso porque está tocado por los dioses que con la concesión de la maestría le han convertido en uno de sus arcángeles ¡Como para volver a la condición de pupilo!    

Pero es necesario revertir esa característica ya denunciada por Gracián, y no solo por sus implicaciones éticas, sino por su radicalidad técnica, por su eficacia como instrumento para el progreso. Los centros de acumulación y distribución del conocimiento más avanzados actúan bajo esta seña de identidad: si quieres ser maestro, mantén la curiosidad propia del pupilo, si quieres aprovechar tu pupilaje, serénate como si fueras un maestro. Esos mismos centros son quienes advierten que el camino de la sabiduría va de abajo arriba, y no al revés como tanto maestro-político-hidalgo nos ha intentado convencer.

Revertir supone desenmarañar una alianza en la que los posicionados ganan y todos los demás perdemos. Es una alianza política tácita que requiere un desmontaje político de extraordinaria fineza. El intento histórico más desarrollado fue la Institución Libre de Enseñanza impulsada por los hombres y mujeres progresistas del comienzo del siglo XX quienes advertían que el vasallaje y la incultura era la principal causa del distanciamiento de España respecto de los países avanzados. Giner de los Ríos y otros intelectuales y políticos comprometidos tenían claro que la dependencia nace y se desarrolla en la ciega obediencia y que la auténtica sabiduría y el camino al progreso está inscrito en la responsabilidad  personal y la autorientación. Por ello pusieron en marcha un lugar de aprendizaje en el que la distancia entre maestros y pupilos era inexistente. No pretendían crear un espacio elitista, si no mostrar que éste era el camino del progreso y la reversión de la ancestral obediencia ciega ante el poder.

Por ello, ni entonces ni ahora, la clase dominante admite que todo maestro deba ser también pupilo.  

No hay maestro que no pueda ser discípulo