lunes 01.06.2020

La buena noticia es...

El auge del autoritarismo promovido aquí y allá no es más que una estrategia ejecutiva de recursos humanos orientada a facilitar el logro de esos objetivos inconfesables

La buena noticia es que tampoco hay que buscarla tanto. Es cierto que la cotidianeidad resulta estremecedora, la retahíla de horrores que nos rodean no para de crecer, mires donde mires el mal se ensaña y se manifiesta con una brutalidad inhumana, del desacuerdo inducido en la cumbre del clima en Katowice a la muerte por desidia de una niña de apenas siete años que buscaba algo de compasión ante el infortunio de su casual nacimiento en tierra hostil, todo lo que nos llega va cargado de una irracionalidad destructiva que abochorna y descorazona. La buena nueva es que la ambigüedad en la que se esconde la perversión se desvanece, que la extrema violencia ejercida desde los despachos del poder denota a las claras las evidencias que desposeen al propio poder de su más eficaz disfraz: el ocultamiento. El moverse en la zona oscura para mimetizarse en los tonos grises ya no es posible, la luz se ha hecho. La buena noticia es que el disimulo y la impostación ya no tienen lugar, todo está muy claro.

Si las elites del poder han conjugado durante largo tiempo el ejercicio de las prerrogativas de ordenar el mundo según intereses propios con cosméticas concesiones en materia de derechos que han acabado favoreciendo el desarrollo alternativo, esto ya no rige. Ante el empuje de la lógica evolución civilizatoria, vuelven a la casilla cero y desempolvan las armas de la opresión primitiva, el ejercicio de la autoridad impuesta con el grado de coerción y daño que sea necesario. No más buenismo con los inmigrantes, no más concesiones al medioambiente, abajo el escrutinio de la acción pública, mujeres, maricas, bolleras y librepensadores (humoristas o herejes) al rincón, donde siempre puedan estar bajo vigilancia.

Los avances en materia de protección ambiental siempre han sido boicoteados por los ganadores del espolio de la naturaleza. Su estrategia consistió en dilatar y burocratizar todo intento de ir hacia adelante, pero en Katowice se ha dado un paso más con la formación de un grupo de estados beligerantes y sin complejos. EE.UU, Rusia, Arabia Saudí y sus adláteres han formado un equipo de combate  para frenar la voluntad planetaria de mitigar el cambio climático. La buena noticia es que han debido formarlo y presentar sus ambiciones como causa belli, como causa de parte, ya no pueden enmascararse en la indefinición, ya no pueden aducir que hay velocidades y compromisos que requieren su propio ritmo. Lo que hay, sin ambages, son intereses de clase (la de los oligarcas del petróleo) quienes además de promover guerras y asesinatos puntuales para mantener su inviable fuente de poder, están dispuestos a enfrentarse a leches contra el mundo al completo.

El auge del autoritarismo promovido aquí y allá no es más que una estrategia ejecutiva de recursos humanos orientada a facilitar el logro de esos objetivos inconfesables. Se ha lanzado un ERE para prejubilar a los políticos que han consolidado su carrera en la defensa de derechos y libertades  que ahora se desea erradicar, para lo que obviamente no están preparados ni legitimados. Que vengan los becarios y los precarios para hacer este trabajo sucio, dicen los prebostes, prometedles un futuro brillante y una posición estable en ésta que es su casa, y ya veras de lo que son capaces. Como en las oposiciones a funcionario de correos, las candidaturas se desbordan.

La buena noticia es que los hilos de los que cuelgan monigotes como Orban o Bolsonaro llevan directamente a sus amos eslavos (Putin pj) o evangélicos  pentecostalistas (Pence pj). La buena noticia es que no hay que combatir a volátiles figurones, sino a las manos eternas que les dan de comer. No son los ciudadanos enfadados quienes proyectan a los políticos autoritarios al poder, sino los lobbies oligopólicos y las congregaciones moralistas que ponen los recursos, articulan la asistencia y ofrecen la asesoría para perpetrar esta execrable inmoralidad.  

Claro que podéis decir que las relaciones entre el poder en la sombra y sus ejecutantes en escena se pueden intuir e incluso denunciar genéricamente (estructuralistas pj), pero son difíciles de desenmascarar porque no dejan rastro de la connivencia de unos con otros y su responsabilidad en los desastres a los que asistimos. Pero una vez más hay buenas noticias. Por ejemplo, días atrás el señor Cosidó nos ha informado perfectamente y al detalle sobre cómo se establecen esas relaciones y las servidumbres y dependencias que se crean en los distintos despachos del poder. Su wasap revelador del sutil modo de controlar desde las bambalinas parte sustancial del poder judicial es paradigmático. Como también lo es el caso de la sala tercera del tribunal superior que dice y se desdice sobre algo que afecta al titiritero que mueve la cuerda de la que pende: cursos financiados por los propios bancos  ¡Fácil, eh que sí!

Pues así es como se organiza todo ¿Quién se atreve a pensar que detrás de una fundación para el desarrollo del conocimiento y la formación jurídica pudiera esconderse un garito para comprar y vender voluntades judiciales? Nadie en principio ¿Quién que la OPEP no exista para regular el flujo de la energía necesaria a un precio razonable para que el mundo se mueva sino hacer caja con el chantaje de inhibir parte del daño que ya causan al mismo? ¡Mmmmm! Esto segundo creo está más extendido.

Pero ojo, que aquí se detienen las buenas noticias, porque poca gente está dispuesta a ser consecuente y rechazar el modo de vida latente en la visón petroleada de la realidad, porque consideran que en el fondo la promesa carbónica es la apuesta de verdad, no comparten con Steiner que la verdad no es más que una ficción verdadera.

La buena noticia es...