lunes 01.06.2020

La buena noticia es…

derecha​Que a pesar del increíble avance de la extrema derecha en el mundo, su logro apenas produce los resultados soñados. Copando jefaturas de estado, presidencias de organizaciones internacionales y centros de dirección de grandes bancos y compañías, es decir acumulando poder fáctico como nunca nadie antes lo hizo, lo cierto es que el ideario de derecha radical apenas se expande. No es que no se animen grupos de cafres a reivindicar la gloria pasada y sobre todo a desempolvar logos y banderas, pero esto no deja de ser un revival con tientes de bufonada como ya predijo Marx sobre la historia vivida como tragedia en primera entrega o como farsa en su reposición. Trump, Duterte, Boris Johnson o Victor Orban parecen salidos de una ópera bufa carente de sentido, en la que si se prefiere se encuentran ceñudos hermanos como los petroleros Koch o los antediluvianos polacos Kazinsky que al igual que los Marx son disparatados, pero tienen muy poca gracia y mucha mala baba.  

Y a pesar de su inmejorable posición de poder, el pensamiento reaccionario no engancha, no prende porque se encuentra fuertemente ligado a experiencias sociales del pasado. Poner en marcha programas políticos patrióticos, racistas o machistas exige un contexto que ha sido superado. La nación ha dejado de significar nada que no sea controvertible, por tanto la llamada emotiva de la pertenencia no rige más. El mito de la excelencia ligado al color de la piel ha quedado desvanecido y acrisolada una nueva percepción de los colores del éxito en los eventos de intercambio de experiencias  personales, profesionales, artísticas o económicas. El patriarcado explícito en las fórmulas de contrato marital o paterno filial recula, mientras el encubierto en forma de relación desigual entre hombres y mujeres no resiste el embate que éstas últimas han lanzado en contra. La campaña #Me too está batiendo las defensas más oscuras del patriarcado, el disfrute de una situación de poder que se manifiesta como el de apropiarme de tu cuerpo con la única reserva de la discreción y el ocultamiento ante la ley (como se hace con los beneficios no declarados a la hacienda).

De modo que las noticias son malas si se atiende a la primera línea de lectura, caciques y botarates campan por doquier ocupando toda clase de centros litúrgicos del poder. La buena noticia es que no resultan creíbles, que la lectura más a fondo de los acontecimientos del mundo nos dice que, en medio de una incertidumbre y pánico global, las propuestas de extrema derecha no arraigan, no llegan a la convicción ni con la ayuda de los adventistas del medio oeste profundo de EEUU  ni con la hermandad de los caballeros de la Orden de Malta de Mendez Vigo y compañía. Pareciera que una cierta forma de moralidad y contrapoder tácito resiste la acometida. Allá donde la imposición brutal o vergonzante no llega, la ola ultra queda en evidencia, girando ensimismada sobre sí, extasiada sin capacidad de movimiento. Y son muchos los elementos de contención que se han activado. Con todas sus deficiencias, los derechos humanos, la dignidad y la legitimidad democrática aguantan el tirón.

Ahora bien, entre el descrédito que proyecta la ultraderecha y la pérdida del poder efectivo subsiguiente media un trance que está siendo muy doloroso y que puede acentuarse, pues es la única forma de prolongar la ocupación inmerecida de su situación de privilegio: el recurso al autoritarismo ejercido como forma de praxis política. Algo que, en según qué casos, deriva en auténtico salvajismo (Duterte que se ufana de haber comenzado su carrera como asesino ocasional a los dieciséis años o Putin que prefiere la eliminación de rivales políticos solo cuando se acercan al Kremlin) En otros toma la forma del idiota irresponsable o payaso diabólico que se jacta de coger a las mujeres por el pussy. La versión española tiende más bien al tradicional espíritu estamental, al ejercicio sobrerrepresentado apoyándose en la injerencia en las instituciones, particularmente en el poder judicial, tan plagado de amigos y familiares como de recuerdos del pasado en el que ni políticos ni jueces tenían que responsabilizarse de sus actos más que ante dios o el caudillo de turno.

Habiéndolo dado todo y favorecida excepcionalmente la ultraderecha por una situación planetaria temeraria con riesgos objetivos, incluidos los ambientales y los nucleares que hacen temblar al más templado, su cosecha no deja de resultar menor. La internacional ultra se deshace como un azucarillo dada su incapacidad de proyectar su ideario, quizás porque no existía más allá de recoger ganancias extra con bajadas de impuestos para ricos y recortes de servicios para el resto. La buena noticia es que tal situación es reversible porque nada de lo fundamental han podido cambiar y ya todos sabemos por qué lo han hecho y cómo cambiar el sentido de su arrogancia.

Esta es la buena noticia que llega desde Alabama, esperamos pueda confirmarse en sucesivos acontecimientos.

La buena noticia es…