lunes 01.06.2020

Inundad el mundo con historias

El llanto de unos niños arrancados de los brazos de sus padres es un relato que aclara perfectamente qué está ocurriendo en países avanzados del mundo. La acogida de personas desesperadas en un barco maldito, también

La falta de relato veraz está convirtiendo nuestro mundo en un muladar repleto de excrementos en forma de noticias falsas, proclamas políticas vergonzosas, lecturas infantiles de todo acontecimiento y reducción de materias al metraje y dinamismo que imponen las nuevas formas de comunicación. En este contexto putrefacto algunos líderes políticos y de opinión hacen su agosto, se mueven en el lodazal como peces en la mar. La simplicidad, el embuste, la tergiversación y la negación de la realidad son su territorio, aquí campean a sus anchas.

No es necesario dar nombres, una vaga lectura de los medios utilizados preferentemente por los expertos en la maledicencia nos pone sobre aviso. Trump, Bannon, Orban, Inda, Salvini, Sostres, Kurtz, Herrera, Erdogan, Losantos, Johnson, Arcadi, etc asoman por doquier y se ufanan de su condición de líderes y creadores de opinión porque ocupan un espacio muerto de comunicación,  sostenido exclusivamente por la convocatoria del medio, no por sus contenidos, ni sus propuestas, ni su relato.  Las vacuas redes sociales, ya de por sí estériles, y los medios tradicionales imitadores embarcados en clara competencia por el espacio publicitario, tienden a vaciarse progresivamente de mensaje para ajustarse a la simplicidad exigida. De resultas de ello, la realidad, nuestra realidad contada de ese modo viene a  ser un collage de coloridas manifestaciones que ocultan en su gracejo parcial la fisonomía auténtica de lo que le está ocurriendo a nuestro mundo.

Y lo que ocurre es de tal gravedad y está tan diluido en las falsificaciones mediáticas sostenidas en visitas y likes, que comenzar un  relato extenso y veraz sobre lo que nos está pasando es una necesidad y una responsabilidad de todos. El llanto de unos niños arrancados de los brazos de sus padres es un relato que aclara perfectamente qué está ocurriendo en países avanzados del mundo. La acogida de personas desesperadas en un barco maldito, también. Siguiendo esa pauta exegética, cientos, miles, millones de relatos deben emerger para que ni una sola de las acciones mentirosas de los aprovechados encuentre el vacío y el terreno en barbecho para lanzar sus especulaciones o sembrar sus rebuscadas dudas. El relato extendido a toda situación humana debe dejar claro que no queda espacio  para la tribulación. Tú, líder xenófobo puedes actuar como un puto sádico y tú, locuaz correveidile, puedes tratar de disimular la vergüenza que debería abroncar a tu amo, pero no trates de hacer pasar a ninguno otro camello- rico por el ojo de la aguja. Está (rá) escrito.

Los mensajes simples dirigidos a mentes simples componen un círculo vicioso que se retroalimenta formando una bola de nieve cuyas huellas delatan la pisada claveteada de las botas nazis. El relato, la narración de todo acontecimiento humano es la forma de recuperar la esperanza de que el alud fascistoide no va a sepultarnos. Muchos tenemos la convicción de que la serpiente ha aprendido a utilizar en su provecho parte del discurso destilado de la democracia real. Así como algunos bufetes de abogados han conseguido convertir el estado de derecho en un derecho a detentar el estado, los autócratas y sus portavocías han aprendido a conjugar lenguaje neutro con prácticas extremas para imponer su manera de interpretar el mundo y proclamar que ellos son la única respuesta posible. Pero esto es incierto, lo saben y por ello generan un discurso tramposo, para compensar las contradicciones que provocan en su allanamiento moral de la base humana que sostiene a la democracia. Si viene bien que Alemania ande hundida en el crimen y Europa se encuentre en situación de descontrol por las sucesivas oleadas de inmigrantes desaprensivos potenciales violadores, por mucho que la verdad sea otra, se lanza el mensaje para así poder taponar la boca de los niños que lloran. 

Pero alguien ha contado lo que ocurre en realidad y ese debería ser nuestro objetivo, desvelar y acentuar la verdad frente a la mentira interesada. Sostiene Bruno Latour que la aceptación de lo social como categoría ha impedido abordar de manera profunda qué cosa es lo social en realidad y cómo afecta a las personas organizadas en sociedades. Denuncia el uso del nombre para enmascarar el hecho. Algo similar ocurre con ese otro gran concepto pervertido, la democracia. Existen tantos defensores de la misma que pareciera una competición entre los ponentes principales, de los que claro está habría que excluir a los ciudadanos y sus vidas que fueron en sus inicios el origen de la práctica democrática.

Hemos de volver a recensar las aspiraciones y experiencias de los ciudadanos para poder rearmar el concepto de democracia reactiva frente a los abusos autoritarios. Y no hay otra forma que relatar la vida y obra de las personas, de todas la personas en todas las situaciones ¡Escribid, escribid, narrad, maldita sea!

Inundad el mundo con historias