miércoles 27/1/21

¿Inquina o ignorancia?

El acoso a todo acto o manifestación relacionada con la cultura es un hecho constatado. De la subida disuasoria del IVA al requerimiento...

El acoso a todo acto o manifestación relacionada con la cultura es un hecho constatado. De la subida disuasoria del IVA al requerimiento del expertise concedido por el ayuntamiento de Madrid para hacer música en la calle. Todo lo relacionado con la cultura se ve envuelto de una miscelánea de barreras y contratiempos del que siempre sale perjudicada la producción y difusión de la cultura.

Tal inquina ha llevado al exquisito músico catalán Josep Soler a rechazar la concesión de la medalla de oro de las Bellas Artes concedida por el gobierno con el carácter de premio nacional. El compositor ha rechazado toda connivencia con un gobierno que se ensaña con particular crudeza contra el arte, la cultura y la educación. Aún quedan personas consecuentes. 

Pero la actitud que denuncia con su acto el compositor ¿responde a la zafiedad y la ignorancia, o es más bien fruto del resentimiento, la venganza y la mala fe? Difícil responder, casi seguro que hay un poco de todo. Desde luego hay una parte del partido popular que aún tiene grabada en la retina las denuncias públicas de artistas y promotores de la cultura con su NO A LA GUERA espetado al gran líder que había situado a España entre los  poderosos, entre aquellos países que pueden decidir sobre la vida y la muerte de miles de personas, mujeres y niños incluidos. Este grupo de impactados sostienen el mantenimiento de una línea dura contra el mundo de la cultura como forma de expiación de sus pecados anteriores, son quienes exigen una reparación moral, con pena, dolor y secuelas incluidas.   

Hay otra parte del partido que no guía sus actos por revanchismo, el pasado es algo que les da exactamente igual si no tiene efectos sobre su propósito de condicionar el presente. Para ellos el futuro es un mundo desregulado, sin administración, apoyo ni control de ningún tipo, en la que la concesión de patentes de corso sea la única actividad notable del gobierno y la administración. Éstos últimos, recelosos ignorantes, desaprueban cualquier política de fomento promovida por la administración del estado y los órganos legisladores como fenómenos que generan grupos de favor competidores con los propios. Al entender que todo acto de gobernanza es un arreglo entre nosotros, el incluir a cualquier grupo o actividad, la cultura por ejemplo, es admitir un competidor desleal que ya fue desbancado en las urnas.

¿Qué hay detrás de la actitud del gobierno del PP contra todo lo que suena a cultura? ¿Es ignorancia o es perfidia? Quien sabe. Una vez más puede que un poco de ambas cosas. Pero, ¿qué es más dañino para la cultura y para la comunidad española? Sin duda los segundos, aquellos que consideran que la actitud del mundo de la cultura frente a la barbarie de la guerra no fue sino una pose, algo que también se practica en Hollywood, que los de la ceja imitaron como monos. Este grupo, beneficiario de la ira ideológica que irrita a quienes vieron al líder vapuleado, ninguneado y arrastrado, solicitando a las direcciones de los periódicos que lo creyeran, que se trataba de un atentado cuya autoridad intelectual no se hallaba en lejanas montañas, no se sonrojan por esta visión de ecce homo ridiculizado en todo el mundo. No, ellos contabilizan el activo y actúan según la hoja de ruta: El gobierno está para desenmascarar los intereses espurios de una elite minoritaria, para descabalgar a tantos vividores del cuento y para hacer una política seria, esto es para bonificar a empresas energéticas, eximir de imposiciones a grupos significados del cemento o de la química, debilitar los derechos de los otros  y promover el mercado, sea eso lo que quiera que sea.

La administración española, los cargos de confianza del partido-gobierno, está poblada en sus niveles de responsabilidad altos y muy altos por personas de este grupo cuya sensibilidad por los asuntos propios de su área está ocluida, ensombrecida y sus actos están guiados por una única luz que proviene del interés del mercado. Tanto que esa luz les ciega y no acaban de ver la relación de los acontecimientos de los hombres y las mujeres y su desarrollo económico y social. No acaban de ver que las industrias del futuro se están organizando en torno a la ordenación de lo abstracto y la satisfacción de expectativas y no tanto por la mera cobertura de ciertas necesidades.

Y no acaban de ver que este es el terreno de la producción cultural, territorio de lo abstracto y de lo intuitivo, que debería preñar toda iniciativa económica. El libro verde de la Comisión Europea sobre el potencial de las industrial creativas como factor de progreso es un canto a la utilización del talento generado en al creación cultural que debe semillar el resto de las actividades. Pero ese texto, origen de las futuras directivas UE, se conoce tanto entre nuestros responsables como la Critica de la Razón Pura de Kant.   

¿Inquina o ignorancia?