sábado 04.04.2020

Hermana ciencia

Tengo la impresión que ciencia y sociedad, esta vez si, andan de la mano.

Si, muchas cosas van a cambiar cuando todo esto pase. La más oportuna desde mi punto de vista es la relación que mantenemos con la ciencia y con sus cultivadores, los científicos. Y esto es un subidón. Gran parte de las dificultades que atraviesa la humanidad en este momento han sido denunciadas y expuestas a escrutinio público por la ciencia, pero no hemos tenido tiempo, ni oídos, ni voluntad de atender lo que los científicos nos decían sobre desarrollismo desbocado, cambio climático, desigualdad o sobreutilización de fármacos, polímeros u hormonas. Porque el uso indiscriminado de todo ello es un desatino que está en la base para la creación de una sociedad, opulenta sí, pero desequilibrada precisamente por su opulencia.

En lugar de encarar nuestras debilidades optamos por ignorar la ciencia y escudarnos en una ilusoria incomprensión de los motivos que la ciencia pudiera tener en sus hallazgos, nos consolamos con el regodeo de haber ido a la luna (yo nunca fui, por cierto), nos sentimos partícipes del avance tecnológico por usar un Smartphone, y compartimos la satisfacción de haber atajado algunas cuestiones criticas como el VIH o los trasplantes de órganos vitales, suficiente para sentirnos sólidos supporters de la ciencia y confiados consumidores de sus avances. Y nada más.

Afortunadamente esto está cambiando, se está produciendo un encuentro glorioso entres los cultivadores de la ciencia y el resto del cuerpo social. La ciencia jamás ha dejado de reclamar la complicidad social al completo para mejorar y avanzar en sus desarrollos y ahora resulta cuestión inaplazable; y sorprendentemente está funcionando. Asistimos a un fenómeno del todo novedoso, la ciencia y el conjunto social conectados a un mismo proceso de aprendizaje y de aplicación de resultados por efecto de la angustia coronavírica. Llama la atención el modo en el que la gente aprende sobre estructuras biológicas, mecanismos de intrusión, medidas profilácticas, recogida de datos, tratamientos, utilidad del reconocimiento de casos, etc. Y esto no ha hecho más que empezar. 

Algo que la gente de ciencia siempre reclamó, mayor compromiso social con nuestra actividad porque es la vuestra también, está prendiendo. Ya son muchos los individuos y los grupos organizados de una u otra forma que incorporan el esfuerzo ciencia como algo valioso en sí mismo. Se desvanece la tendencia dominante a no perder el tiempo en galimatías y dedicarse en cuerpo y alma a obtener beneficio económico. La búsqueda de la verdad y el reconocimiento de los actos fehacientes, gana terreno.  

Por encima del derrotismo más adverso, se perciben efectos colaterales beneficiosos en esta guerra vírica. Hay quien prevé una refundación humanista del capitalismo, hay quien ve la desnortación de los populismos nacionalistas amantes de las fronteras y de sus muros protectores, hay quienes aplauden la recuperación del espíritu keynesiano como factor de rehabilitación de la actividad laboral y económica, otros confían en recuperar el sentimiento de comunidad perdido en la brutalidad individualista consumista… Yo me adhiero a cada una de las expectativas que así se manifiestan.

Pero donde realmente pongo todo mi karma es en la traída de la ciencia al centro de nuestra vida, a convertir  la ciencia en el primer frente en el que resolver nuestros problemas, la mejor de nuestras herramientas, se acabó entender la ciencia y a sus practicantes como el último muro de contención frente a las  adversidades. Tengo la impresión que ciencia y sociedad, esta vez si, andan de la mano.

A tener en cuenta que el recogimiento de la ciencia en su torre de marfil se deshace por efecto llamada de la propia ciencia, cuando proclama no tener sentido como actividad marginal, cuando pide, exhorta más bien, mayor protagonismo social en el devenir de la propia ciencia. Si a esta solicitud se le suma la facilitación del encuentro entre ciencia y sociedad que las nuevas tecnologías habilitan y a todo ello añadimos que la recolección de datos se convierte en actividad prioritaria de la ciencia y de la sociedad, la nueva convivencia está garantizada.

Desde luego que la ciencia arrastra situaciones retardatorias para dar a luz esa nueva relación. El modelo de protección de la producción intelectual, el sistema de patentes y la coerción de los medios convencionales (revistas científicas y SCOPUS (1) de promover ciencia son un lastre, pero tengo la impresión de que va a saltar por los aires con este reto global que el coronavirus nos plantea. Creo que los practicantes, en su compromiso por la ciencia, van a trascender el sistema carcelario que les mantiene alejados de sus sociedades y van a encontrar en ellas la comprensión que se le tributa a los más próximos, a la hermana ciencia, a los hermanos científicos.   


 (1) Bases de datos de referencias y citas ciencia

Hermana ciencia