miércoles 08.07.2020

Espacio, territorio, Estado

Fuente: Historical Atlas, W. & A.K. Johnston Ltd, 1911
Fuente: Historical Atlas, W. & A.K. Johnston Ltd, 1911

Este artículo va de mapas que creo que nos pueden ayudar en este momento crítico. Los cartógrafos, científicos de la demarcación con la que tiende a iniciarse cualquier proceso de conocimiento, escalan la organización social de este modo. Primero existe un espacio, que se mueve entre lo mítico y lo universal debido a la incomprensión que del mismo tenemos. Al comenzar a medirlo y caracterizarlo, el espacio va transformándose en un territorio en el que ya pueden establecerse singularidades geográficas, topos e hitos, distancias, propiedades y otras circunstancias que convierten al espacio abierto e informe en algo comprensible y referenciable. Cuando esto ocurre, por obra del avance del cartografiado, surgen otras formas de mapeo, flora y fauna, poblaciones, virtualidades económicas, meteorología y mineralogía propia, y un sinfín de catalogaciones relacionadas con los enseres del espacio, que poblado de realidades interpretables convierten a ese gran desconocido en algo que comienza a resultar amigable, el territorio convertido en terruño.

El siguiente paso es el de la asignación de las normas y reglas que actuarán para ordenar la vida en el territorio. Así surge el estado cartográfico cuyo mapa más conocido es la Constitución y los tratados internacionales que dibujan las relaciones entre distintos estados. Esta última entrega de la cartografía muta de la ciencia de la naturaleza a la ciencia social y política. El nivel de certezas obtenido de la observación directa decae por la irrupción de los intereses individuales y grupales que actúan en el seno del territorio para llevarlo a un modo u otro de organizar lo que vaya ocurrir en su seno. Es desiderativo por tanto, responde a una vocación, en algunos casos a una cierta imposición.

Que exista un trecho, por amplio que sea, para la mejora del modelo no puede invalidar la historia de éxitos del estado democrático

Por tal razón el mapa político carece, volens nolens, de la fiabilidad que podemos darle al mapa geográfico obtenido de señales satelitales o a la base de datos más completa de la que tengamos noticia. El estado y sus instituciones son el resultado no de un mapa preciso sino de un trampantojo que trata de reflejar una idealización de la realidad que se pretende conseguir, no de la que existe. Algo parecido a lo que suponen las sombras de la caverna de Platón respecto de las ideas puras que se encuentra en algún lugar fuera de nuestro alcance.

Ahora que tantos se apuntan a criticar al estado y sus mecanismos de toma de decisiones y respuesta, conviene que recapaciten y traten de entender, en la clave científica que tanto reclaman, que el estado es la forma más evolucionada de la observación y logro científico, porque tras observar y valorar la realidad, toca gestionarla y el estado moderno es el resultado de cientos de actuaciones, unas acertadas y muchas fallidas, y esto es lo que ha permitido ir definiendo el mejor de los modelos de actuación colectiva en un territorio dado. El estado y sus instituciones ha ido emergiendo de su constante roce con realidades espinosas, de sus errores y de sus imperfecciones han ido surgiendo propuestas de mejora y logros que, como cualquier otra rama científica, evoluciona por ensayo y error. Reagan estaba ofuscado cuando decía que el gobierno no resuelve nuestros problemas, es el problema.

Pero volvamos a casa, el estado de las autonomías que sufre la injustificada reprobación, ahora por causa de la gestión del coronavirus, por parte de aquellos que nunca quisieron esta modalidad descentralizada de la organización del estado, deberían recordar que la red pública sanitaria y hospitalaria es uno de los logros que con mayor justicia se pueden asignar al modelo cuasi federal de las autonomías del estado español ¿o es que alguien cree que con las redes sanitarias concentradas en Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla se podría atender una avalancha como la que tenemos encima? ¿Alguien cree que la multiplicación de equipos de investigación incrustados en las universidades periféricas existiría sin el modelo autonómico?

Que exista un trecho, por amplio que sea, para la mejora del modelo no puede invalidar la historia de éxitos del estado democrático. Las autonomías históricas o no, existen porque otorgan racionalidad al espacio ignoto que se nos abrió tras la muerte del dictador, tiene el formato que tiene porque calibramos todo lo que caracterizaba ese espacio para convertirlo en territorios coherentes en sí mismos, y su funcionamiento aporta mucho más de lo que el mapa del conflicto político expone en los medios todos los días. 

Respecto del otro ariete contra el estado, el mercado y su apuesta por la privatización de todo, incluido y sobre todo la sanidad, solo abrid las ventanas en la tarde noche para oír y de paso sumarse al mapa sonoro de la ciudadanía: ¡Sanidad Publica!

Espacio, territorio, Estado