lunes 01.06.2020

¡Eh, empresa! saca las manos de mi sociedad

Las empresas no desean más sociedad que la sociedad anónima o la sociedad limitada, si acaso las socimi

Enough is enough dicen los angloparlantes, ya basta decimos aquí. Creo que ha llegado el momento de ponerse serios y decirles a las empresas, así en plural, que saquen sus manos, tan sucias a veces, de nuestra sociedad. La pantomima de estos días en Cataluña con su amago sobrerrepresentado es la gota que colma el vaso ¡Pero de qué va esta gente! Si de verdad creen que deben marcharse y tener que refugiarse, por qué no avisan a las ONG del Estrecho para la acción de rescate, como hacen tantos y tantos.

No les ha bastado extenuar a nuestras sociedades imponiendo un modelo de relaciones laborales que ha desfondado nuestras modalidades de relaciones sociales hasta afectar al hueso político de las mismas. Convertir sociedades avanzadas en comunidades suburbiales ha sido su apuesta. Pero la gente comienza a decir que no. Que no porque su actitud,  además de herir un modelo social que no comparten, se percibe claramente como un intento de desbarrancar la respuesta que la ciudadanía de una u otra forma pone en marcha.

No es un secreto para nadie que una parte sustancial de lo que ocurre en Cataluña (y en otros conflictos sociales) tienen más que ver con la angustiada búsqueda de una solución a la trampa en la que las empresas nos han metido a todos. Primero obligaron a modificaciones que llegan a la propia Constitución y ahora, ante el vendaval lógico de respuesta, amenazan con irse y tras ellos el diluvio. Pues bien, que se vayan de Cataluña, y de paso que se vayan a donde tanto les gusta estar, a los paraísos fiscales y que produzcan coches, neveras o medicina esos contables tan creativos y esos abogados expertos en convertir la tinta negra de los contratos en sangre, sudor y lágrimas.

Lamentablemente hemos entrado con la cuestión Catalana en una vorágine fuera de control de la que nos va a costar salir con bien. Va a ser necesario oír y respetar muchas voces, pero entre todas ellas, la que con toda seguridad no se necesita es la de la voz de las empresas que de una forma irresponsable nos han traído hasta aquí. Compraron poder político, mediático, almas y conciencias para facilitar su omnipotencia. Queríais esclavos, pues bien aquí están, organizados de manera amateur como Espartaco y herederos del futuro como premio reservado a los libertos.  

Las empresas están descalificadas como voz autorizada para participar en la solución de los conflictos territoriales, legales, políticos o sociales. No han cumplido con ninguna de las normas éticas que pomposamente anuncian en sus documentos de responsabilidad social corporativa. No ha han respetado ni a sus trabajadores ni a sus a sus proveedores ni a sus clientes, y la presión de arriba abajo solo ha tenido una finalidad: acumular poder para poder presionar de un lado y de otro. Los órganos de control vía parlamentaria o por la mediación de agencias de tipo Ibex o CNMC se soslayan del mismo modo, sentando en escaños y butacas a amigos y egresados (puertas giratorias), de este modo han conseguido someter a las sociedades a tal nivel de manipulación que ya hay ciudadanos que se rinden y creen más oportuno ceder toda la soberanía a estas organizaciones productivas a las que acogimos en nuestras sociedades y que ahora han colonizado de tal modo que desean la suplantación final. Las empresas no desean más sociedad que la sociedad anónima o la sociedad limitada, si acaso las socimi.

Está en su ADN, nadie lo expresó mejor que su adalid académico Milton Friedmann cuando dejó sentenciado que the only business of business is business (el negocio de los negocios es hacer negocio).Y los negocios se hacen aparentemente presionando, coartando, estrujando, compitiendo y expulsando.

Pues bien, las sociedades se articulan sobre la colaboración y la ayuda mutua, compartiendo y distribuyendo lo logrado y organizando un modelo de gobierno que se basa en estos patrones que estimulan la humanidad de sus miembros y aleja la perversión de algunos indeseables mediante la creación de leyes y la renovación de las mismas cuando, anticuadas o secuestradas, ya no atienden al bien común. La única razón de una sociedad es avanzar en su socialismo.

Por eso te digo empresa, que si esta no es tu batalla, saca las manos de mi sociedad. Pero si crees que si lo es, entonces habla claro y ponte en guardia.

¡Eh, empresa! saca las manos de mi sociedad