domingo 31.05.2020

Destrucción creativa y conocimiento

La emancipación que supone el acceso al conocimiento promueve un cambio social que desborda el modelo político al uso, un proceso de destrucción creativa ejemplar que más que temor me infunde ánimo

No sé, llamadme ingenuo si queréis, pero a mi me parece que lo que ocurre en España, aunque no sólo aquí también se aprecia en otras zonas de Europa y USA, es un proceso de desintegración del modelo político que provoca una enorme alarma, pero que a mí no me inquieta. El avance del autoritarismo liberal que tanto espanta a otros apenas me afecta, pues creo que no tiene recorrido, me recuerda al fétido aliento de la última exhalación, da miedo y es molesto, pero anuncia el desvanecimiento final. Desde luego que noto la agitación y el desasosiego general que provoca, pero no lo comparto y no es que yo sea un tipo de particular temple ni un temerario, ocurre que percibo los elementos indicadores del derrumbamiento acelerado del conservadurismo rancio basado en la ignorancia de los pueblos y el secular vasallaje de los mismos.

La emancipación que supone el acceso al conocimiento promueve un cambio social que desborda el modelo político al uso, un proceso de destrucción creativa ejemplar que más que temor me infunde ánimo. Esto me resulta tan claro como que la oposición conservadora no ha sido otra que tratar de sabotear el proceso de acumulación y socialización de conocimientos mediante la interferencia de las fake news, el minado del prestigio de los centros emisores de conocimiento y el abandono de sus responsabilidades en la provisión de los recursos que necesitan las instituciones que lo cultivan, universidades y laboratorios de investigación.

Schumpeter introdujo el concepto de destrucción creativa a sus teorías para caracterizar el proceso de innovación en el sistema económico. Según el citadísimo economista, el proceso general de innovación implica una desorganización del modelo tradicional de producir bienes y servicios que, apoyándose en nuevas tecnologías y/o nuevas formas de gestión, promueve  formas inusuales de crear riqueza. El resultado suele ser beneficioso en términos agregados, gana el conjunto de la sociedad, por ello valoramos positivamente la innovación, aunque se produzcan perdedores concretos, particularmente los propietarios y trabajadores del modelo superado, y beneficiaros directos sobrerrepresentados: diseñadores de las nuevas formas de producir, sus gestores, los propietarios y los profesionales más implicados.

Recordad que solo Atenea es más sabia e invulnerable que Zeus, por que emerge del cráneo dañado de un dios que por desidia había perdido el poder de garantizar el orden de las cosas

Lo que resulta característico de la destrucción creativa, además de provocar un salto cualitativo en la generación del valor, es la agitación que descompone el modelo previo del que se proviene, que se enturbia con los restos que se desprenden de la situación en fase de superación, lo cual produce una atmosfera aún más enrarecida en la que resulta difícil ver con claridad qué es lo que aparece como sustituto de la situación en descomposición. Pero acabará emergiendo y la fisonomía de lo nuevo se perfila como cosa nítida y los beneficios y perjuicios que comporta adquieren total vigencia.

En lo referido a la economía, la destrucción creativa posee un marcador bastante fiel de su existencia y de su ritmo: el mercado. La aparición y el relevo de un modelo productivo por otro queda reflejado en el mercado de un modo trasparente. Sin juzgar los elementos distorsionantes presentes en los mercados, lo cierto es que su marcha define con total claridad cuáles son las formas exitosas de la innovación y cuáles las propuestas obsoletas.    

Pero en el caso del modelo político, legal y administrativo, la función de la destrucción creativa no está tan clara en lo que a su desarrollo se refiere, no disponemos de dispositivo de alarma o indicador automático. Carecemos de referencias como la aparición de patentes o las definiciones de nuevas licencias de explotación que puedan ayudarnos a comprender qué y cómo está cambiando. En el sistema político, los indicadores de transformación no son mecanismos auxiliares interpretativos, no son síntomas externos sino elementos del mismo. Las cosas se suceden y no tenemos otra forma de valorar lo que acontece más que participando en ello. Cuando participamos perdemos perspectiva y, para bien o para mal, ganamos protagonismo al precio de una razonable miopía. Las luces cortas no nos ayudan a ver el fondo de la situación. Creo que eso nos ocurre en la actualidad, lo incongruente e irracional instalado en el poder atrae nuestra atención hasta el punto que dejamos de reconocer que el entorno está repleto de logros derivados del avance de las ciencias, las artes y los oficios. Y ello debería llenarnos de optimismo.

Ya sé que la mera existencia de gente como Rajoy aquí o Trump en el otro lado del Atlántico no animan mucho, y parecen convertir mis instintos en puro voluntarismo, pero creedme no hay nada tan revolucionario y creativo como el conocimiento y en este siglo XXI se agiganta por todos lados.

Recordad que solo Atenea es más sabia e invulnerable que Zeus, por que emerge del cráneo dañado de un dios que por desidia había perdido el poder de garantizar el orden de las cosas.

Destrucción creativa y conocimiento