lunes 01.06.2020

Degrada que algo queda

Me corrijo, que algo queda no, que queda todo en las manos de quien de manera artera induce la degradación de aquello cuyo detritus va a generarle beneficios. Desde la manipulación del propio sistema democrático a la corrupción de la moral, pasando por la tergiversación del orden legal, el disolvente siempre actúa siguiendo el mismo plan: identifica el foco de beneficios netos de una operación, destaca las marginalidades conflictivas que puedan esconderse ahí, agita las contradicciones potenciales, denuncia la degradación insostenible y apela a su única autoridad para reconducir la cuestión.

Es lo que el súper agente 86 describía como el viejo truco de… provocar fuego y presentarse como bombero voluntario. Lo vemos por todas partes con algunas variaciones particularmente perversas, como ocurre en Vallecas con el proceso de abandono por parte de los bancos propietarios de inmuebles y solares que se desmarcan de sus responsabilidades como caseros y promueven conscientemente que la degradación se extienda en forma de ratas y de mafias que trapichean con las necesidades de los irregulares para provocar la degradación más absoluta. La ruina generalizada les permitirá en un futuro próximo arrasar el barrio con propuestas urbanísticas destinadas a las clases sobrevivientes de la crisis que nada tienen que ver con el barrio, su historia y su idiosincrasia. La inquina ha llegado a dejar aislado en un bloque a un único vecino que debe convivir con puertas y ventanas del condominio tapiadas, personas (sobre todo mayores) que renuncian a su ingreso en un hospital por temor a ver sus casas allanadas por mafias, que tras patada en la puerta alquilan a terceros. La inoperancia  para atajar de verdad la cuestión permite la degradación del espacio hasta convertirlo en zona de guerra. A los contratistas dispuestos a reconstruir al estilo de Bagdad o Alepo, les conocemos.

Ésta, que es la mecánica de la degradación física descrita en Vallecas, pero generalizable a cientos de barrios de todo el país que se han convertido en presa avistada por socimis, fondos buitre y bancos conniventes, tiene su réplica en el espacio ético o moral. Es el caso de la denostación de los inmigrantes. El proceso de degradación pasa por orquestar una estrategia en la que las personas migrantes dejan de tener la condición de persona para ser solo adjetivo, migrante que rima con delincuente, potencial agresor que rima con competidor. Si hay un problema de integración, que lo hay, en lugar de abordarlo, el corruptor propone renunciar a su solución y simplemente denunciarlo una y mil veces  hasta verlo convertido en un conflicto del que sacar rédito bajo el sutilísimo eslogan de los españoles primero (o los americanos, o los italianos, o los australianos o los que sean).

Con diferentes aproximaciones, el objetivo del aprovechado es el mismo, beneficiarse de la situación de indefensión de los más débiles para sin coste alguno hacer caja. Sea un barrio sea un movimiento demográfico, quienes especulan con la situación provocan un daño extraordinario en personas vulnerables porque lo son, vecinos con escasos recursos o migrantes sin recursos de ningún tipo comparten el mismo destino: son insignificantes, solo su espolio tiene utilidad. No es nada personal, los fondistas solo buscan dinero y poder político, de hecho las personas y los barrios en el fondo se la pelan, pretenden crear un nuevo barrio en Vallecas donde acoger a los inmigrantes con visado oro (aquellos que invierten en un inmueble por valor de 500.000 €) porque hay mucho dinero en juego, y si para ello han de moler espaldas, demoler edificios y remover conciencias, allá que vamos con nuestra propuesta: el barrio es imposible, los panchitos y los negratas lo han convertido en un infierno. Que arda pues mientras lo contemplamos y tocamos la lira desde la torre Picasso.

Pero en esta ecuación de la degradación de lo dado igual a beneficio privado falta algo para que sea admisible. Ese algo es una cierta conciencia social que no acaba de aprobar las formas en la que se conducen quienes degradan de oficio. Su actitud produce repugnancia, lo saben y por ello se las ingenian para mitigar el dolor de corazón que irradian. Consigna: hay que eliminar la constante de lo social y de la ética colectiva porque hay demasiadas personas que se avergüenzan del trato que nuestro estado le da a los desplazados sin billete de primera en avión.

Pues a ello, hay que neutralizar conciencias, provocar un proceso de degradación de la condición de ser humano del migrante, que no lo perciban como un igual, no ves que su color de piel es diferente, viene a molestarte, di que es solo un aprovechado que si puede te violará. Grita con el PP y a viva Vox que la culpa de todo la tiene el inmigrante. Grítalo, grítalo y grítalo hasta que ya no se oiga el llanto de los niños que se ahogan en el Estrecho.

La cosa es redonda, lo dice el libro de estilo del manipulador - especulador: una vez conquistes el poder político que te otorgarán los resentidos con la inmigración, arrasarás su casa y reconstruirás áticos con piscina (ver antiguo cine Bristol) levantados por migrantes irregulares que no podrán ejercer  ni solicitar derechos ¿Que si queda algo tras la degradación? No, ni ná.

Degrada que algo queda