viernes 17.01.2020

Conmigo no contéis

Foto: Público
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Se extiende una opinión que está a punto de convertirse en mantra según la cual las personas civilizadas, ilustradas, honestas y comprometidas con los valores democráticos, habrían de abrirse a generar caminos de diálogo con las hordas barbarizantes y fanatizadas del nuevo autoritarismo nacionalista que encuentran en dios, la patria y el rey lo único que uno debe entender de este complejo mundo. En el corolario de esa interpretación de las relaciones sociopolíticas se encuentra el blanqueamiento del intercambio de humoradas entre Iglesias y Espinosa bajo la premisa de que la institucionalidad civiliza, y se nos pide a todos hacer el esfuerzo de integración de los atrabiliarios abriendo la puerta de lo aceptable ante conductas que no lo son.

Y a mí, qué quieres que te diga, esto me da pereza. Reconozco que las cosas están llegando a un punto que no imaginábamos y que la tensión y el alejamiento de los principios civilizatorios que han movido el mundo moderno, al menos desde 1789, están teniendo un momento de flaqueza y oigo por aquí y por allá comentarios y vocerías que creía enterrados para siempre por puro descrédito. En cualquier plaza o calle oyes barbaridades dichas al albur de una desinhibición paleta que parece sostenerse por la exaltación de la ruina moral de quien lo proclama, ahora bien dicho en tono lo suficientemente jactancioso como para quedarse bien a gusto y sin tener que meditar y menos aún justificar lo que se dice. El cuñadismo se ha disparado, ha saltado al espacio público y una vez aceptado en la mesa navideña, encuentra que en el campo hay mucho orégano que recoger. Y como digo, una parte de la sociedad bienpensante asume que va a ser duro, pero que habrá que entenderse con esta caterva. Pues yo no, conmigo no contéis.

Respetar los derechos individuales y civiles que dan acceso a todo el mundo al voto y a participar en las instituciones no da derecho a ser escuchado como si se tuviera autoridad

No estoy hablando de entenderse con el fascista ideologizado que como el perrete ama fielmente al jefe de la manada, que busca la aceptación soltando vivas a esto o a aquello sin ton ni son. No hay entendimiento con sujetos así, despreciables por su bajeza y su indignidad perruna, de hecho no me interesan lo más mínimo, me inquietan pero no me interesan. Se supone que con quien debería encontrar puntos de encuentro es con el pardal, el imbécil que súbitamente se siente respaldado para decir sandeces sin cuento, que no se ve en la obligación de defender sus berzas, que le basta repetirla y repetirla y si es posible aullando aún más alto. Pues ya te digo que por más que acepte con resignación franciscana la hermandad de todos los seres, me va costar un huevo sobrepasar el estado de futilidad que siempre me asalta cuando no me ha quedado más remedio que compartir espacio con algún mentecato de esos que ahora son respetables porque pueden aterrorizarte votando a partidos virulentos.

Que no y que no. La razón y la moral son las vías por las que transita la verdad y el entendimiento mediante el debate que te lleva lejos, los tarugos son entes durmientes transversales que solo sirven para atornillar en ellos los avances que las vías y el diálogo honesto van avanzando. Te lo digo y lo repito, a fuer de resultar elitista, no seré yo quien ponga las traviesas, esos tarugos apenas disimulados, encima de las vías, no porque solo pueden ocurrir descarrilamientos y otras desgracias.  

Estoy convencido de que los expertos en protocolo me acabarán dando la razón. Las relaciones entre los seres humanos deben estar mediadas por el estatus de los convocados y enfocadas al avance del entendimiento y mejora de las relaciones recíprocas entre ellos. Yo acepto y busco relacionarme con personas de diferente identidad o status al mío, y deseo de todo corazón llevar mi proyecto vital más lejos y de mejor forma por las ventajas que el contacto con otros me reporten, pero ¿qué clase de mejora personal puedo obtener de un cretino que apenas es capaz de discernir entre el día y la noche? ¿Qué beneficio común puedo avistar en conversación con alguien que dice que todos los políticos son iguales y que si él estuviera en la posibilidad también robaría? ¿Cómo clarificar un marco de reciprocidad con quien niega la evidencia de la acción humana en la catástrofe climática? ¿Qué utilidad puede tener para el desarrollo de mi vida oír que los ricos lo son porque se lo han ganado y tienen derecho al disfrute de sus posesiones del modo que les parezca oportuno? Como alguien más me diga que es bueno rebajar los impuestos a los ricos porque así su sofisticado consumo relanza la actividad económica, le muerdo en los tobillos.

Respetar los derechos individuales y civiles que dan acceso a todo el mundo al voto y a participar en las instituciones no da derecho a ser escuchado como si se tuviera autoridad. Se tiene representatividad y la reconozco, pero nada más, porque el respeto se gana con la fuerza de la razón y con la práctica de la virtud. 

Para chalanear, desde ya os digo que conmigo no contéis.

Conmigo no contéis