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jueves 26/5/22

Claro que da miedo

Un fantasma recorre el mundo. El espíritu del comunismo sobrevoló Europa en el intenso siglo XX y ahora en el XXI...

Este nuevo espíritu tiene menos cuerpo doctrinal que su abuelo marxista, pero está impulsado por una voluntad muy superior, pues se energiza a partir de la conexión de almas y cuerpos que interactúan libre y directamente sin mediación de organizaciones

Un fantasma recorre el mundo. El espíritu del comunismo sobrevoló Europa en el intenso siglo XX y ahora en el XXI un nuevo viento corre por calles y plazas de todo el mundo. Este nuevo espíritu tiene menos cuerpo doctrinal que su abuelo marxista, pero está impulsado por una voluntad muy superior, pues se energiza a partir de la conexión de almas y cuerpos que interactúan libre y directamente sin mediación de organizaciones, representantes, ni santones, más allá de la organización logística de las manifestaciones a que dan lugar: Ocupaciones de espacios públicos para la reivindicación de un ideario que no hace sino remachar fielmente las bases de la democracia: Libertad, Igualdad, Solidaridad. Por eso, con denominaciones y etiquetas cambiantes, tienden a lo que de manera general se pude definir como democracia real.    

De los movimientos de las primaveras árabes a la paraguada en Hong Kong  pasando por tantos y tantos escenarios de ocupación, su presencia inquieta extraordinariamente al poder establecido. Y con razón, pues cuando sus aspiraciones se ven frustradas el desenlace puede resultar tormentoso, como está ocurriendo en los países árabes donde la iniciativa fue secuestrada y utilizada arteramente entre facciones que, ajenas a los objetivos de la ocupación, trataron de aprovechar el desconcierto para aumentar su cuota de poder. El resultado es un escenario incendiado como lo estuvo Europa en siglo XX.

Pero también generan miedo cuando la posibilidad de conflicto está atenuada y sus reclamaciones pueden tratarse en un contexto de resolución política viable. Es el caso del 15M en España y la alarma que crearon entre la derecha gobernante en Madrid (PP), manifestada en las exigencias que realizó a la administración central  (PSOE) para que la delegación del gobierno y la fuerzas de orden dejaran de contemporizar con esa masa de piojosos y procedieran a su disolución mediante la expulsión de la plaza de Sol. Su miedo cerval y desenfocado (debieron utilizar los intereses de los comerciantes de la zona para clamar por el desalojo), tenía una razón profunda que quizá ni siquiera intuyeron o previeron de manera precisa. Su miedo se ha traducido en rotunda realidad. El fenómeno Podemos y la taxativa intención  ya arraigada para mucho tiempo de no conceder ni un solo centímetro a la prebenda  y la corrupción que sostiene a la “casta”, son el resultado de aquella ocupación cuasi espontanea de un espacio público para denunciar una situación y fijar los criterios de rectificación política que se consideran pertinentes.  Lo cual supone generalmente la desaparición de quienes con sus acciones y con sus intenciones han permitido o se han aprovechado de la situación denunciada. Es lógico que sientan miedo.

Pero su miedo además se acentúa hasta convertirse en pánico porque saben algo que los movimientos de ocupación quizás ignoran o no visualizan de manera correcta. Los poderosos  saben que han llevado al sistema, a su sistema capitalista, a un grado de esfuerzo excesivo que lo sitúa próximo a la ruptura. Saben que los síntomas de colapso del sistema han comenzado a aparecer por doquier: Ostentación, Abundancia irracional y Desoirentación, y que ello llevará al análisis y el escrutinio de su actuación. Y esta vez se hará en plaza pública.

El consumo ostentoso en forma de lujo delirante en casas, yates, cacerías, arte, etc es una forma de escape hacia la nada que ha producido un sistema de acumulación irracional que ya solo se rige por la multiplicación de la propia abundancia, perdiéndose así el instinto capitalista de invertir en el éxito a futuro en cosas socialmente útiles y ser sustituido por la ganancia inmediata apoyada en la corrupción.  La vida entendida como un ensueño Hollywodiense, desaparecida en los prósperos años 50-70, ha regresado en forma de casas imposibles, hedonismo fantasioso y procacidad infantil. Los agraciados de esta lotería han perdido la potencialidad inversora base de la actividad capitalista. Cegados por la liturgia del oropel, ya no se sabe dónde y cómo invertir la “montaña de liquidez” en la que se hallan sentados. Encender puros con billetes de 100€ es su gran apuesta.

Pero la plaza pública si identifica vías de inversión y formas de rentabilizar el capital acumulado, sólo que exige arrancarlo de las manos torpes, de los cerebros abotargados y de las almas adormecidas.  Un fantasma recorre el mundo y es lógico que, como todo fantasma, provoque miedo. 

Claro que da miedo