jueves 09.04.2020

Ciudadanos y el efecto piedra pómez

La aparición de partidos jóvenes más o menos ilusionados y más o menos comprometidos con el cambio social y el progreso del país me ilusiona.

Advierto en el crecimiento de las formaciones jóvenes de Podemos y Ciudadanos una similitud grande con la conformación de la piedra pómez que deja enormes huecos en su interior que se lodan con polvos externos a la propia piedra

La aparición de partidos jóvenes más o menos ilusionados y más o menos comprometidos con el cambio social y el progreso del país me ilusiona. Tanto que me preocupa el que parte de la ilusión se vea defraudada por razones que tienen que ver con el arribismo de algunos y con la torpeza de otros. La promesa de cambio y de progreso que defienden  puede malograrse por el efecto piedra pómez, el fenómeno estructural de esa roca volcánica que, porosa, aloja en sus cavidades internas todo tipo de fluidos gaseosos y líquidos así como gran cantidad de líquenes y otras colonias de agentes adaptativos.

Advierto en el crecimiento de las formaciones jóvenes de Podemos y Ciudadanos una similitud grande con la conformación de la piedra pómez que deja enormes huecos en su interior que se lodan con polvos externos a la propia piedra.  Ni que decir tiene que los agentes patógenos están muy en guardia y muy atentos ante la posibilidad de colonizar el interior de esas piedras que comienzan a alumbrar un más que probable cómodo y prometedor futuro. El objetivo de cambio y progreso social que ambas formaciones dicen defender puede verse alterado por la invasión de agentes simbióticos más interesados en sus intereses personales que en los proyectos programáticos sobre los que se han constituido las referencias políticas de estos partidos emergentes. Las estructuras orgánicas de ambas formaciones no son cáscaras vacías, pero obviamente no están completadas, y por tanto ambos dos parecen muy expuestos a sufrir un proceso degenerativo pomezitante (perdón por la expresión).   

¿Está alguna de las dos formaciones más expuesta que la otra? Mi respuesta es que sí, que el partido Ciudadanos se halla más expuesto que Podemos. Éste, Podemos, es la prolongación de una heterogénea conjunción de plataformas de acción social, movimientos reivindicativos, grupos activistas y una miríada de personas que han buscado un espacio para el ejercicio político más allá de lo que las formaciones clásicas estaban dispuestas a asumir. De modo que aunque en situación de riesgo, los huecos que contiene en su interior una formación que ha crecido de manera súbita, parece que tienden a llenarse con las propuestas originales de los movimientos coaligados que no se alejan en exceso del objetivo general de la formación. Puede decirse que el territorio ganado por la vanguardia abanderada de Podemos tiende a ocuparse con las familias que buscaron en esa bandera un modo de capitalizar el interés común de grupos sociales diversos.

En cambio la particular génesis de Ciudadanos expone a la formación a un proceso de colonización desestructurante, más disociativo respecto del planteamiento original de la formación. Porque Ciudadanos, como Podemos, reivindica un modelo de hacer política distinto en el que los intereses de la ciudadanía desplacen a los intereses del establishment o de la casta, pero reivindica el status quo dado. Acepta y promueve un modelo en el que la vida social sea dirigida por los mercados y reserva el estado a la condición de árbitro elegante que se afana en mantener el fair play con rigor, en dar trasparencia a la organización de las  reglas del juego. Vista sin apasionamiento esta actitud es sin duda una renovación del planteamiento de la derecha oscurantista, basada en la prebenda, el amigo, la información reservada y el lobbysmo ejercido desde la más absoluta oscuridad, pero es también la fuente de sus debilidades orgánicas. Al ser una formación mercantilista, esto es surgida de la percepción de una oportunidad que requiere la adscripción de cuantas persona puedan sumarse al proyecto, y al apostar por lo establecido aunque recalificado, promueve un efecto llamada de los actores que han tenido un papel protagonista en el escenario que se pretende transformar. Y esto resulta excesivamente arriesgado para la coherencia de la formación.   

Si el partido popular ya sufrió, sin combatir, una avalancha de toda clase de marrulleros, ganapanes y trapisondistas, que a cambio de disfrutar de un espacio protegido para sus propios intereses mantuvieron la red de trasmisión del ideario popular, algo similar puede ocurrirle al partido de Rivera. Pedir, como ha hecho el líder de Ciudadanos, a sus nuevos afiliados que no traicionen la identidad del partido es como arrojar una piedra pómez al estanque y esperar que no se moje.      

Ciudadanos y el efecto piedra pómez