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miércoles. 01.02.2023

Cinismo institucionalizado

Un cínico es una persona que genera un discurso, falso pero verosímil, para ocultar la intención real de su comportamiento. Un cínico dice A pero actúa en B...

Un cínico es una persona que genera un discurso, falso pero verosímil, para ocultar la intención real de su comportamiento. Un cínico dice A pero actúa en B (perdón por el chiste fácil). Un cínico es una persona que conoce la importancia que tienen los detalles, que sabe  que las cosas pequeñas pueden que no oculten las cosas grandes, pero las disimulan, las desdibujan, dan sombra. Eres un ladrón, si pero mientras solo seas imputado no pasa nada (sólo el tiempo que puede remediar todo con su poder prescriptor). Te lo has llevado muerto, si pero si consigues unas firmas por aquí y unos editoriales pagados por allá, la duda ha quedado sembrada. Si finalmente un juez decide entrar a fondo, se sacan los caballos y el alfil, versus fiscalías y agencia tributaria, y a defender atacando.  

Decir que la suerte que corren millones de ciudadanos de este país que han de soportar desempleo, desahucios, cortes de luz, ninguneo y atropello de toda clase de derechos es  consecuencia de una catástrofe general llamada crisis financiera, es un ejercicio de cinismo que solo es posible en una sociedad que se ha habituado a convivir con la tergiversación, la confusión, y el trastabille de todo cuanto ocurre.

Cinismo institucionalizado. Nada es lo que parece y lo que parece algo no es nada sino artificio. Se hace un mundo de la cuestión de las soberanías de Gibraltar o de Cataluña, pero ni una ni la otra. El soberano por antonomasia resulta que urde entre bambalinas un duelo de tablas sobre Gibraltar, porque no nos interesa. Esa posición se mantiene hasta nuestros días. El interés intrínseco que pueda tener la roca es el de sacar su contubernio de cuando en cuando, cada vez que el agua apriete y sea necesario un bombeo para bajar la presión sobre el gobierno de turno. Cinismo puro.

Otro tanto ocurre en Cataluña. El envite soberanista independentista es un ejercicio cínico para avanzar en un modelo administrativo en el que la soberanía no pinta nada. El avance hacia un sistema más sofisticado y eficiente de administración y de participación de la ciudadanía en la toma de decisiones políticas es absolutamente necesario, lícito, envidiable,  alejado de cualquier ejercicio de cinismo, pero el arrebato soberanista catalán huele a podrido tanto como la sobrerepresentación de algunos ministros y secretarios de estado recordando el papel sacrosanto del ejército en la unidad territorial de la patria.

Cinismo y nada más que cinismo. Algo comprensible en un país que ha hecho de las instituciones unos tótems intocables y blindados. Dios es uno, la iglesia su representación en la tierra, el rey su contable de los asuntos mundanos, el gobierno la espada que defiende el orden sacro, la corte aristocrática o burguesa el pueblo escogido, y finalmente los pecadores zarrapastrosos que incapaces de tener un relato propio habrán de aceptar la palabra revelada en los evangelios, el hola o el BOE. Igual de sagrados y fraudulentos todo ellos.

Sólo quebrando el halo de sacralidad de las instituciones para devolverlas a una realidad humana podremos, además de evitar que éstas mantengan su discurso embustero, hacer que sean instrumentos para el desarrollo y el progreso social y la concordia entre los diferentes. La buena noticia es que casi todas las instituciones han perdido el poder persuasor que les ha permitido embelesar primero e hipnotizar después a tantos y tantos.

La infanta Elena no tiene fama de mujer aguda, pero me parece que daba en la diana, quizás sin querer, cuando decía en una entrevista en un medio marginal que le impactaba el descrédito de las instituciones. Ella, que confunde persona e institución, no está preparada para recibir críticas, desplantes, citaciones judiciales, ni abucheos. Mucho menos el descrédito y la infidelidad de los súbditos.     

Todas las instituciones son todas, algunas de ellas enmascaradas arteramente para que su ejercicio de cinismo sea menos detectable. Hace sólo unos días un empresario español que aparece siempre muy próximo a escándalos en licitaciones y sospechas de corrupción de funcionarios, patrocinaba y presentaba públicamente los resultados de una investigación sociológica en la que se reseñaba que la corrupción era uno de los lastres de las economías modernas, dinámicas, y bla, bla, bla. ¡Con qué regocijo oía esta conclusión el cínico de turno!

Cinismo institucionalizado