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domingo. 25.09.2022

Cerrar el partido

Los aficionados a los deportes, particularmente al tenis, habrán oído cientos de veces esta expresión  ¡lo más difícil es cerrar el partido! Que quiere decir que cuando ya se está muy cerca del objetivo de batir al rival hay que realizar un último esfuerzo, ganar un último juego que se resiste particularmente y provoca en no pocos casos el fracaso completo.  Todo lo que te ha llevado al borde de la victoria puede volverse contra ti.

Así es que ojo potenciales ganadores.  Habéis hecho casi todo bien para convertíos en una alternativa seria de gobierno. Habéis identificado correctamente los problemas que afectan a la ciudadanía de este país y a los ciudadanos  que en otros contextos sufren perjuicios similares. Europa al completo, pero sobre todo Grecia, Portugal y también Francia se la juegan tanto como nosotros aquí.

Habéis logrado una organización que en alianza con compañeros de viaje os aportan lo que no teníais: constancia y estabilidad sin perder la frescura de la reivindicación aquí y ahora. Habéis logrado algo muy importante, pasar de la atolondrada adolescencia a un estadio templado que mezcla apetito y mesura que tan bien ha etiquetado Joaquin Reyes como viejovenes. Hoy sois viejovenes para bien o para mal pues ya sabéis que aquello en que se podía soñar se puede  lograr si se acepta que la vigilia es un paso necesario para que los sueños dejen de existir tan solo en el recuerdo onírico. Que hay que aceptar la realidad que dicen algunos.

Pero no parece que hayáis dejado muchos pelos en la gatera de la “realidad”. Es cierto que simplemente con vuestra aspiración a que la ley se cumpla en las formas pero sobre todo en el fondo, una reivindicación que es un ejercicio casi revolucionario, no consume coste alguno. Desenmascarar rufianes y tramposos no exige justificaciones históricas de actos radicales como decapitar a toda una ralea. Poner en manos de jueces y fiscales las pruebas de los delitos y prevaricaciones que han  ocultado el cohecho y el daño generalizado no es lo mismo que crear koljós. Y la comprensión por parte de la sociedad de la denuncia de estos hechos inmorales está garantizada sin contrapartida ni duda alguna.

La habilidad demostrada para desenvolverse en los “pasillos” de la gobernabilidad es incontestable y puede exhibir dos hitos. La exitosa administración de ayuntamientos “emblemáticos” y la jugada maestra de darse mus en la convocatoria anterior del 20D. Ni yo ni nadie con sentido común pondría reparos estratégicos. Las operaciones urbanísticas que, más o menos especulativas, apostaban sobre todo a que la “realpolitik” se impondría, se han pillado los dedos. Aún debe haber algún comisionista que estará buscando la razón de que una operación con tanto para repartir no haya cuajado. Jugar una doble vuelta electoral  ha sido un movimiento brillante de doble hélice, forzado y querido. El Ibex impuso y la sociedad propuso. No había sino que seguir la estela del valor que se considere con mayor potencial. No hay que ser Rasputin para darse cuenta de que, al margen de los dictados morales y las convicciones ideológicas, la apuesta del Ibex es claramente perdedora, ellos no lo saben pero su política económica y laboral está muerta. Cómo ligar un programa político a un cadáver listo para ser entregado a las profundidades del mar de la austeridad.  Insisto en que no había que ser un lince. Sin quitar merito, los ganadores in pectore de estas elecciones del próximo 26 lo tenían bastante fácil.

Pero hay que cerrar el partido y, como sabrán los más aficionados al  tenis, esto no va a ser tan sencillo. Es cierto que se ha logrado coser una unidad de la izquierda que parecía misión imposible, y eso da músculo y confianza en la fuerza propia para apretar hasta el último punto en juego. Al margen de los personalismos, que actúan como los padres de los deportistas profesionales  tratando de obtener beneficio para sí mismos, quedan cuestiones menos metafóricas y que pueden provocar nervios y alteraciones del pulso que lleven, sino a perder el match, si a prolongarlo de manera innecesaria.

Porque las elecciones serán seguidas de un gobierno en torno a un programa de gobernabilidad y éste habrá de priorizar dos polos de interés que ahora unen, pero pueden dividir en el futuro: ¿Qué es  más importante, las reivindicaciones tradicionales irresueltas o abordar una agenda que enfoca a intereses y expectativas emergentes? Por más que se diga no siempre coinciden, en pensiones y estado de bienestar sí, pero otras parcelas de la gobernabilidad no contienen tantos elementos comunes como para facilitar las respuestas a las reivindicaciones surgidas del ayer y del mañana.    

Y estamos al borde del match point, del punto con el que se cierra el partido.

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