lunes 01.06.2020

Cayendo en la trampa

Estamos cayendo en la trampa. Quiero decir que estamos cayendo en la trampa tanto las fuerzas de progreso como las personas que las sostenemos pensando que con ellas de una maldita vez saldremos del retraso de civilización que nos acompaña.  Pero nada, el gozo de nuevo en el pozo. La atávica territorialidad otra vez en el centro de todas las estrategias y las tácticas a las que se subvierten todas las fuerzas. Se está a favor o en contra de un proceso de autodeterminación, eso es lo que ubica en el tablero a cada cual.

Y cuando la cuestión territorial importa, entonces ganan los conservadores, que lo tienen tan claro que acuden al leviatán sólo cuando se sienten desbordados. A las élites de todo el país y a sus representantes políticos no les importa gran cosa la ordenación administrativa del estado. El único partido con interés real en la reordenación es al PNV que en puridad no es un partido político sino un txoko formado por gente “etxada palante” que no admiten consejo en la cocina. Y Euskadi es su cocina, el territorio más afín a los irrenunciables intereses tradicionales de las fuerzas conservadoras.  Euskadi tierra de trabajo, esfuerzo, sacrificio y todo ello en beneficio de la patria (vasca) pero solo para unos pocos vascos. El PNV es la quintaesencia  del conservadurismo, movido, como su internacional cocina, por la búsqueda de la excelencia. Pero ni al PP y sus carcamales meapilas, ni a Ciudadanos y su consejo administrador del Ibex les importa un higo la cuestión territorial. Sirve para lo que sirve, para poner trabas, descalificar y en definitiva achicar el espacio de juego para dejar en offside al rival. Esto no requiere de mayores aclaraciones, es sabido, y para quien no, que hojee la hemeroteca antigua o reciente, ahí podrá comprobar que junto a las reprobaciones más indiscriminadas contra todo aquello que suene a descentralización, comprobaran que se suceden actos de negociación que entran en el terreno del cambalache. El territorio sirve para lanzar proclamas y reivindicaciones irrenunciables disparadas directamente al corazón de los “españoles de bien”,  y también para obtener bajo cuerda las monedas necesarias para (comprar) formar mayorías hasta de la mesa del congreso.  

 Y no es que me escandalice, es un juego de las elites conservadoras tan antiguo que no me sorprende. Lo que si me escandaliza y sorprende es que lo vuelvan a hacer en las propias narices una vez más y en momentos críticos como el actual. Ser capaces de llevar otra vez el entendimiento político a la cuestión de la posición frente  a organización territorial es la jugada que se conoce como jaque pastor, o más en cheli la 13 – 14. Acorralados y perdida su charlotada, quiero decir investidura, se acochinan en tablas y comienza de nuevo el mantra de la inaceptabilidad de la ruptura de país que supone gobernar con las fuerzas periféricas y aún menos con aquellos que parecen entender posiciones descentralizadoras.  No sólo me sorprende, me irrita que personas con tan baja estima por sus conciudadanos y por tanto con su país, utilicen como fórmula ganadora apelar a ello, a la unidad, la patria irrenunciable, la cohesión de los territorios y toda esa pendejada que no hace sino ocultar el interés por dominar un espacio de mercado, hacerlo del modo más eficiente posible y obteniendo los mayores beneficios a que se pueda aspirar, lo cual incluye desahuciar a conciudadanos, despojar de beneficios sociales a los más necesitados, cobrarles a todos por servicios universales arrebatados y abstenerse de pagar los impuestos que cualquier país requiere para mantenerse vivo.

Y las fuerzas de progreso encuentran en esto una dificultad ontológica y en lugar de estudiar cómo va a ponerse en marcha el salario universal para todo ciudadano, cómo va a grabarse el impuesto a la riqueza, cómo va a estructurarse el flujo político de abajo a arriba y cómo va a distribuirse el beneficio de sociedades más justas y más solidarias, se embarran en el charco patriotero con el que la derecha vuelve a enlodar el futuro de un país que no quiere contar con ellos.

Que el partido popular juegue este juego es indignante, pero ya es una tradición que va del reconocimiento del ejército popular del país vasco por parte de Aznar a denunciar el sabotaje de la reunión de la cúpula de ETA en el bar Faisán para evitar desenmascarar a los policías y guardias civiles que ya habían penetrado la organización. Todo ha valido siempre para ellos.

Lo que resulta desmoralizador es que las opciones de gobierno de la izquierda estén mediatizadas por la cuestión territorial. Si hay varones que tienen problemas en sus feudos con sus votantes, que hagan pedagogía y arrebaten de una puta vez de las manos de la derecha esta potente arma terrioticida.

Cayendo en la trampa