lunes 01.06.2020

Es artificial, pero es inteligencia

inteligencia-artificialLa última batalla de la guerra desatada entre Uber y el mundo del taxi nos enfrenta a la cuestión de si las tecnologías avanzadas nos colocan ante un mundo rico y en expansión, o más bien nos lanzan a otro arriesgado y sombrío. Sobre todo ello planea, claro está, la cuestión del trabajo en el futuro. Se trata de dilucidar qué efecto social puedan tener los avances tecnológicos que, como la inteligencia artificial, han sobrepasado el estadio de tecnologías para convertirse en metodologías de vida (más bien, tecnometodologías).

Desde el punto de vista laboral la cuestión de si su potencial es prioritariamente enriquecedor o destructor no tiene que ver con la utilización de tecnologías sofisticadas, sino de métodos de trabajo que admiten modalidades  de aplicar la fuerza de trabajo de manera desregulada, injusta y tramposa. El problema no resulta de la aplicación de plataformas tecnológicas destinadas a facilitar los intercambios comerciales y la prestación de servicios. El problema proviene de que los nuevos espacios de trabajo son inmediatamente colonizados por fórmulas de tipo empresa multiservicio (de la conducción de vehículos a la vigilancia pasando por el mantenimiento de cualquier tipo de instalación o instrumental, soporte informático, etc). Este tipo de empresas se desconectan de sus responsabilidades legales y laborales mediante una secuencia de actos que van de la radicación social de la empresa en el lugar más conveniente, a la impostura en la generación de convenios reguladores, pasando por la extorsión y el chantaje de trabajadores que debido a su biografía personal y a la falta de reconocimiento profesional de su potencial, son machacados y convertidos en materia difusa e intercambiable, desposeída de cualquier elemento de defensa de sus derechos. Y esta situación se perpetúa con una inacabable sucesión de contratos precarios que no tienen justificación productiva, sino alimentar la sensación de inevitabilidad de esas condiciones laborales que no están directamente ligadas al desarrollo tecnológico, sino a la avaricia y la rapacidad de gente que en la tecnología o en la cartomancia no ve más que posibilidades de explotación en beneficio propio.

Pero la inteligencia artificial, que sostiene la robotización de enormes parcelas de la producción contemporánea, que a su vez se alimenta de otro proceso altamente tecnologizado como es el tratamiento masivo de la información (big data) no es responsable directo de la degradación de las relaciones laborales. Más bien al contrario, el desarrollo y la aplicabilidad de la Inteligencia Artificial se ve sometido a un proceso de deshumanización similar al del trato que reciben los trabajadores precarizados. Porque en ambos casos lo que se persigue no es potenciar el rasgo humanista que contienen los avances tecnológicos y aún más la aportación del trabajo en sí mismo, sino extraer el máximo de su plusvalor aquí y ahora. Y garantizar el sometimiento de los trabajadores y de las máquinas por los siglos de los siglos.

La división del trabajo, sobre la que los dueños de capital han podido establecer una estrategia de ordenación social jerarquizada de arriba hacia abajo, tiene un componente técnico, es indudable. Las limitaciones del avance tecnológico de la primera y segunda industrialización se compensaron con formas de organizar la producción de manera segmentada. De resultas, lo producido solo obtenía sentido integral una vez pasaba por todas las fases de trabajo requeridas. Adquiría sentido humano sin la necesidad de que quienes los producían advirtieran sus humanidad. Los trabajadores de la cadena producen cosas inconexas, aunque el dueño del capital comercializa la solución integral de necesidades humanas. Y en este proceso de deshumanización, las tecnologías aparecen como cómplices.

Pero las tecnologías avanzadas actuales han superado el umbral de limitación de potencial de la innovación que las condenaba a fortalecer el proceder deshumanizador del dueño del capital. La inteligencia artificial combinada con otras tecnologías de producción, distribución, logística y de comercialización posee una capacidad de recrear al completo el proceso de producción en clave humanística en sus objetivos y en la definición de sus procesos (incluidos los de responsabilidad social y los legales laborales)

No hacerlo es una indignidad y achacar a las nuevas tecnologías su parte de responsabilidad es una desfachatez. La Inteligencia Artificial combinada puede restañar la bifurcación del proceso de producción tecno-industrial sostenido por la por la ciencia y el proceso creativo y moral impulsado por el arte y la cultura que quedó escindido por razones tecno-organizativas desde el inicio de la revolución industrial.

No hay nada que pueda ser tan inteligente como reunir de nuevo en el mismo proceso cognitivo la mentalidad científica y la mentalidad artística.

Es artificial, pero es inteligencia