lunes 21.10.2019

La importancia del control parlamentario

Uno de los aspectos más importantes de un sistema democrático se encuentra en el verdadero poder de su órgano legislativo –Parlamento, Cortes, Asamblea- para controlar al poder ejecutivo, es decir, al gobierno. Hemos vivido o padecido un tiempo de mayoría absoluta, junto con una fuerte tendencia a gobernar por decreto, por lo que ese control y, por consiguiente, la calidad de nuestra democracia, han decrecido de forma notable. Parece fundamental que se legisle para evitar este mal, independientemente de que existan mayorías absolutas o no. En este artículo planteamos una serie de reflexiones teóricas sobre el concepto de control parlamentario con la esperanza que en estos agitados nuevos tiempos se tenga en cuenta la importancia de este control.

El Parlamento tiene tres funciones fundamentales: legislar, debatir y aprobar los presupuestos generales y, por fin, controlar al gobierno. En primer lugar, en un sistema parlamentario estaría la investidura del gobierno. Recordemos que los ciudadanos y ciudadanas no eligen directamente al gobierno en nuestro sistema político sino la composición de las cámaras legislativas, teniendo el Congreso de los Diputados la potestad de votar la investidura del presidente del gobierno. El control se ejerce, además, a través de la comprobación periódica del grado de confianza del mismo y de su gobierno, aunque las mayorías absolutas otorgan esa confianza de forma automática. La pérdida de la confianza genera una pérdida de legitimidad para ejercer la función gubernativa o la hace muy complicada. El caso más evidente es cuando no se aprueban los presupuestos o alguna ley orgánica o muy importante. En algunos sistemas parlamentarios, ante una situación de este tipo, el presidente del gobierno puede someterse a una votación de confianza que puede reforzarle u obligarle a dimitir.

Pero aquí nos interesan más otros mecanismos de control del gobierno y que tienen que ver con la calidad democrática de un sistema político. Esos mecanismos se activan por parte de la oposición parlamentaria. El principal de ellos es la moción de censura, por la que se puede exigir responsabilidad política al gobierno y, en función, de los votos, cesarlo. En ocasiones, las mociones se presentan, aunque se sepa de antemano que no se van a ganar, como un medio de estrategia política para desgastar a un gobierno. Las mociones de censura están muy reglamentadas y son, en la actualidad, muy restrictivas en casi todos los sistemas políticos parlamentarios occidentales para evitar la inestabilidad que en la primera mitad del siglo pasado se dio en los parlamentos europeos. Además, estas mociones exigen la presentación de un candidato alternativo para asegurar la estabilidad institucional. La pregunta que nos podemos hacer es si para evitar ese riesgo no se han hecho demasiado restrictivas.

Otro medio es el rendimiento de cuentas periódico, o lo que los anglosajones denominan la accountability. Creemos que es el medio más eficaz de control parlamentario. Se hace a través de preguntas, interpelaciones y comisiones de investigación sobre el ejecutivo. Las preguntas al gobierno o a uno de sus componentes tienen como objeto aclarar cuestiones concretas. Las interpelaciones son un medio más importante, ya que suelen versar sobre cuestiones más generales o de mayor calado y generan debates. Por fin, las comisiones de investigación son instrumentos colegiados donde un grupo de parlamentarios ejercen una misión exhaustiva de control, fiscalización y esclarecimiento de un asunto de capital importancia.

Es en esta última cuestión de la rendición de cuentas donde, creemos, deben hacerse algunas reformas en el legislativo español para agilizarlos más y que una mayoría absoluta no impida que se puedan ejercer. Creemos que se puede combinar la necesidad de respeto de los votos de la mayoría con el respeto a las minorías y a la oposición en general, arbitrando medios para que propuestas que parten de los grupos de la misma no terminen siendo desestimadas. Pensamos que los medios que se han arbitrado para dar estabilidad política en el Parlamento pueden estar coartando un instrumento fundamental para la salud democrática de este país, y que la ciudadanía vea tan lejos las Cortes españolas. En fin, si el número es un pilar de la democracia, que no termine convirtiéndose en su sepultura. Y el consuelo no debe ser que ya parece que no vaya a ver mayorías absolutas que funcionen como rodillos demoledores. Es mejor dejarlo todo reglado.

La importancia del control parlamentario