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martes. 28.06.2022

Estado del Bienestar

En estos tiempos en los que se está desmontando gran parte del Estado del bienestar en nuestro país con la excusa de que es caro...

En estos tiempos en los que se está desmontando gran parte del Estado del bienestar en nuestro país con la excusa de que es caro, parece necesario hacer alguna reflexión sobre el origen del mismo y su significación histórica.

El Estado del bienestar supuso una reforma muy profunda del Estado liberal clásico, que había nacido en el siglo XIX. Dicha reforma pretendía superar una clara crisis de legitimidad del mismo porque no estaba garantizando a los ciudadanos y ciudadanas unos mínimos dignos para la vida. Pero el cambio que supuso no pretendió nunca socavar los pilares jurídicos y políticos del Estado liberal.

El Estado liberal nació sobre la base del reconocimiento y garantía de los derechos individuales, en los procesos revolucionarios liberal-burgueses que se dieron desde el último tercio del siglo XVIII y culminaron en 1848, aunque hubiera que esperar unos decenios para que, además de ser liberal, fuera también democrático. En el período de entreguerras comenzaron a surgir, desde distintos ámbitos políticos e ideológicos, planteamientos que insistían en la necesidad de que el Estado debía comprometer políticas e intervenciones en materia socioeconómica, aunque la intervención económica ya había sido practicada, con otros fines, en la Primera Guerra Mundial. El keynesianismo, el socialismo democrático y la doctrina social de la Iglesia Católica estaban cuestionando la interesada neutralidad del Estado liberal, incapaz de hacer frente a la crisis económica y sus brutales consecuencias sociales. En el mundo democrático fueron muy importantes dos constituciones europeas pioneras en la idea de la responsabilidad del Estado en la creación de sociedades más justas y cohesionadas: la Constitución alemana de Weimar y la de la Segunda República española de 1931. En los ámbitos del totalitarismo, la URSS había conseguido, a través de la planificación económica, ofrecer un mínimo de bienestar a sus habitantes, al margen de las purgas y depuraciones. Por su parte, el nazismo y el fascismo abogaban por la intervención del Estado, sin atacar a la propiedad privada, pero como un medio para desplazar la fuerza de la izquierda, y plantearon leyes de contenido social, aunque sus regímenes se sustentasen en la desigualdad de todo tipo, el terror y la represión brutal de los contrincantes políticos o de las minorías.

Pero no sería hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando las circunstancias históricas permitiesen el triunfo del Estado del bienestar en Occidente. La reconstrucción de Europa se planteó bajo la idea de la seguridad social para los ciudadanos como un medio, ya no sólo de garantizar el bienestar, sino para evitar los errores de la anterior posguerra y sus peligrosas derivaciones. Ese fue el momento en el que la socialdemocracia promovió la puesta en marcha del Estado del bienestar, consensuando parte de sus componentes con la democracia cristiana en algunos países europeos. El Estado del bienestar tuvo en el famoso "Informe Beveridge”, en el Reino Unido, uno de sus documentos básicos. En dicho informe se defendía la idea de la responsabilidad del gobierno a la hora de proporcionar a la población una sanidad gratuita, pensiones universales y acceso a la vivienda. La cobertura de estos servicios debía ir acompañada de una estrategia del pleno empleo según las directrices keynesianas de inversión pública. El Estado del bienestar supuso un reajuste del sistema capitalista y del Estado liberal. Se abandonó la idea de un Estado mínimo no intervencionista y se aceptó un cierto dirigismo o intervención en la vida económica para solucionar las disfunciones del mercado, y aminorar las desigualdades sociales.

Aún así, hay que señalar que no existe un único tipo Estado del bienestar. Los expertos afirman que habría hasta tres modelos: el nórdico, el alemán y el anglosajón, aunque dentro de éste habría diferencias entre lo que se estructuró en el Reino Unido, gracias al laborismo, y lo que las administraciones demócratas plantearon en los Estados Unidos.

La implantación del Estado del bienestar generó un crecimiento económico sin par y una gran estabilidad social en Europa hasta la crisis de los años setenta y la pujanza posterior del pensamiento neoliberal.

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