martes 16.07.2019

Vergüenza también en Catalunya

Creía que la incultura política y urbanística de los gobernantes y líderes políticos de la derecha que habían acogido...

Creía que la incultura política y urbanística de los gobernantes y líderes políticos de la derecha que habían acogido, apadrinado e impulsado la siniestra operación Eurovegas, era patrimonio exclusivo de las instituciones municipales y regionales madrileñas, y que con la huída del señor Adelson había desaparecido aquella pesadilla no solo en Madrid sino en toda España.

Pero no. Leo en El País (30-05-2014) que CiU y PSC acogen con entusiasmo y con la misma actitud servil la implantación en Tarragona de una operación en todo parecida a la que amenazó a la Comunidad de Madrid, con la diferencia de que el señor Adelson se llama Enrique Bañuelos y le respalda un pedigrí netamente autóctono.

No solo dan la bienvenida a la implantación de un desarrollo “urbanístico”, cuyo contenido básico está constituido por casinos, hoteles y prostíbulos de lujo, con algún aditamento lúdico-deportivo, otorgándole la virtud salvadora capaz de regenerar la economía catalana, con una inversión estimada de 4.500 millones de euros capaces de generar 17.000 puestos de trabajo, solo en el proceso de construcción, sino que se apresuran a santificar este advenimiento con una aprobación en el Parlament con los votos de CiU y PSC y la abstención cínica del PP, abriendo el camino a cuantas modificaciones legales sean necesarias para viabilizar este innovador negocio.

Un primer paso ha sido rebajar el “impuesto de casinos ─que pasará del 55% al 10%─, el permiso para jugar a crédito y cambios urbanísticos que hagan posible levantar el complejo”.  Las pequeñas chapuzas urbanísticas que se soliciten por el señor Bañuelos irán cayendo por su propio peso, y todo para que BCN World (así se titula el Eurovegas catalán) vecino inmediato de Port Aventura, llegue a configurar un centro de atracción mundial como lo son hoy Las Vegas o Macao. Dos ejemplos de corrupta degradación y de anticiudad, por mucho que intelectuales de todo tipo, incluyendo arquitectos, hayan cantado odas laudatorias al Strip de Las Vegas.

Es difícil entender y mucho más aceptar que una sociedad culta como la catalana, en la que han pregonado y hecho realidad sus sabias lecciones desde Cerdá a Manuel Solà-Morales, Oriol Bohigas y algunos más, contemple en silencio y tolere este atentado a tan rica herencia que nos ha enriquecido a muchos más allá de las fronteras catalanas.

Puede que la salida de la dramática crisis que nos golpea requiera nuevas formas de actividad económica más allá de la industrialización, la investigación y las nuevas tecnologías, pero lo que me permito poner en duda es que sean los casinos, con la exaltación del juego, los hoteles con spa, la prostitución de lujo limpia y bienoliente… la base de la renovación económica de este país o de cualquier otro. Dudo que sea la implantación de estos guetos, con la bendición y favores de los poderes públicos, la que venga a defender y construir un espacio eficaz y culto.

Y vuelvo al título con que encabezaba estas líneas, para reafirmar mi sentimiento de vergüenza como ciudadano y urbanista, esperando de la ciudadanía catalana que se oponga a tamaño atentado territorial y social y pidiendo a los intelectuales, a los arquitectos, responsables de dar forma a nuestras ciudades y territorios, que encabecen y aporten las armas disciplinares necesarias para que triunfen la razón y la moralidad.

Y una nota final. Al aire de esta reflexión, como socialista y, sobre todo, como intelectual enraizado en una cultura de izquierdas, me causa un profunda malestar, un cierto dolor, leer como el PSC pone su firma junto a CiU bajo la sonrisa tolerante del PP para aplaudir este grosero e inmoral proyecto y, por el contrario, no es capaz de forjar un acuerdo con las fuerzas catalanistas para diseñar una vía que permita a los catalanes expresar su voluntad y esperanza de futuro en una pacífica y democrática consulta. 

Vergüenza también en Catalunya