jueves 09.04.2020

¡Yo también soy griego!

“No sabe de lo que habla. Es como un estudiante de Medicina de primer año que ya quiere operar a corazón abierto”, dice Juncker de Tsipras.

Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, tras hora y media de conversación telefónica con Alexis Tsipras, primer ministro griego, se atreve a lanzar ante el plenario del grupo popular del Parlamento Europeo la grosera y despectiva afirmación: “No sabe de lo que habla. Es como un estudiante de Medicina de primer año que ya quiere operar a corazón abierto” (EP 12/02/2015). Grosería, prepotencia e insensibilidad política al insultar a un jefe de gobierno elegido democráticamente y apoyado posteriormente por el Parlamento y una mayoría cualificada del pueblo griego. Insultante actitud del señor Juncker que siendo primer ministro de Luxemburgo toleró y protegió a los bancos de su país, transformados en agujeros negros, encubridores de cientos de defraudadores fiscales de todo el mundo.

Grecia ha dicho no a la destructiva austeridad impuesta por la Unión Europea y se ha alzado indignada y airada frente al chantaje, a la humillación que los poderosos imponían a sus ciudadanos. El nuevo gobierno tiene el derecho y la obligación de devolver la dignidad a los griegos y garantizar el derecho de los ciudadanos a una sanidad, a una educación, a unas pensiones, que impidan ser arrojados a la exclusión, a la marginación. Y plantea esta batalla en términos de reivindicación pacífica, abriendo vías de concertación que permitan el inicio de un nuevo camino más justo para este país. Reivindicación pacífica y concertación que no acallan la legitimidad y la firmeza de sus reclamaciones.

Como relata Stiglitz (EP 08/02/2015), hay precedentes históricos en los que la negociación de la deuda de un país en ruinas ha sido posible y positiva para todos. Seguramente eran tiempos más sensibles, con políticos más inteligentes y solidarios que el señor Juncker. En el mismo artículo Stiglitz termina con esta reflexión: “Rara vez las elecciones democráticas dan un mensaje tan claro como el que se dio en Grecia. Si Europa le dice no a la demanda de los votantes griegos en cuanto a un cambio de rumbo, está diciendo que la democracia no es de importancia, al menos cuando se trata de asuntos económicos”.

Como españoles, como ciudadanos de un país mediterráneo, un país del sur de la UE, debemos sentirnos solidarios con Grecia y apoyar a su gobierno. Hoy solo nace de mi pluma un grito: ¡Yo también soy griego! Invito a cantarlo en un inmenso coro.

¡Yo también soy griego!