lunes 01.06.2020

La sangre tiene razones...

Mi nieta de 18 años está detenida en los calabozos de Plaza de Castilla junto a otra decena de jóvenes...

No recuerdo por quien, si cantadas o recitadas, pero vienen a mi memoria, a mis manos de escribiente, estas palabras: “la sangre tiene razones que hacen reventar las venas”.  Y las recuerdo en los mismos momentos en que mi nieta de 18 años está detenida en los calabozos de Plaza de Castilla junto a otra decena de jóvenes (entre 18 y 26 años) etiquetados por la policía y la prensa (presuntamente progresista) como “un anarquista, varios antifascistas, un ultraderechista reconvertido en anarcofascista", y los llamados bukaneros  (hinchas radicales del Rayo Vallecano) a quienes se les imputan delitos de desórdenes públicos, atentado a la autoridad y lesiones”. Todos varones, “excepto una chica domiciliada en la elitista zona de Puerta de Hierro (Madrid)”. ¿No pueden los “hijos de familias bien” que habitan en zonas elitistas rebelarse ante el ataque contra nuestra dignidad y el aumento sangrante de la desigualdad creciente entre pobres y  ricos en este país?

No comparto, no apoyo, no me parece eficaz la utilización de la violencia física contra cosas o personas, menos aún sobre estas últimas, como forma de lucha política. Una lucha justificada y necesaria contra la injusticia impuesta por un sistema capitalista salvaje, exigido por los mercados y amparado, defendido por nuestros gobiernos bajo la cobertura de un disfraz economicista, una indiscriminada y estéril austeridad y una autodestructiva lucha contra el déficit, avaladas por expertos e “instituciones pensantes” pagadas por los grandes poderes financieros y los cenáculos universitarios por ellos subvencionados.

Pero es necesario diferenciar esta esporádica, no deseada e incluso rechazable violencia juvenil, de la gran y constante violencia impuesta por el poder político y económico que no solo arrebata día a día los derechos ciudadanos básicos de una sociedad democrática (recortes en educación, sanidad, vivienda…) sino que lanza una nueva ofensiva letal para destruir nuestra dignidad como ciudadanos con leyes que afectan al Código Penal, la seguridad y, como colofón y símbolo más sangrante, una ley que pretende regular el aborto, robándole a las mujeres el derecho al control de su cuerpo. Una ley inspirada por la caverna política y el clericalismo cerril dictado por Rouco Varela. Una ley que ataca la dignidad de todos, mujeres y hombres.

¿Violencia? Mil veces más violencia supone el lanzamiento de una familia desahuciada por el impago de una hipoteca debido al empobrecimiento consciente (ajustes, reforma laboral, etc.) de la mayoría de las clases más desfavorecidas de nuestra sociedad. Mil veces más violenta que la rotura de mil lunas o mil cajeros de entidades bancarias causantes en origen del drama humano que supone la privación de un hogar. Entidades bancarias que vuelven a renacer de las cenizas del pueblo español más ricas, repartiendo suculentos emolumentos a sus directivos, junto a sonrisas cínicas que anuncian “todo empieza a ir bien”, “España va bien”.

La sangre todavía no revienta mis venas, pero enfebrecida sube a mi cabeza y fertiliza mi razón y mi rebeldía contra la opresión ejercida por el poder de los mercados, de este letal neoliberalismo que invade el mundo, dejando un dramático campo de pobreza y desesperanza, dolorosamente visible cada día con mayor evidencia en España con la mayor desigualdad entre pobres y ricos y las mayores tasas de pobreza infantil de Europa.

¿Pedradas contra la policía, quema de contendores…? No. Pero con igual rotundidad un NO a la brutalidad de los cuerpos de seguridad azuzados por los poderes políticos de nuestra ciudad. No pretendo establecer simetrías ni reivindico el ojo por ojo, solo quiero denunciar con vehemencia que el origen de la violencia está en el sistema capitalista y su manifestación pública más brutal en las cargas de unos cuerpos policiales revestidos de armaduras agresivas, ocultas sus caras por cascos de guerra, como nuevos Robocops, cuya sola presencia amedrenta a los ciudadanos y nos hace retornar a los tiempos negros de la dictadura.

Quitémosles armaduras, cartucheras y cascos y nos encontraremos frente a nosotros a ciudadanos iguales, desposeídos de su propia dignidad por el poder que deforma su mente y su aspecto exterior. Entonces yo podría pedir a esos jóvenes, presuntamente violentos, que se encarasen (se pusieran cara frente a cara) para decirles: “desobedece, deja la porra en el suelo y únete a los que, como tú, luchan por un salario justo y por una vida digna. ¡Defiéndenos de los violentos de verdad que desde sus cómodos despachos están dándote órdenes injustas que denigran tu propia dignidad de servidor público!

Escribo esto el 5 de abril de 2014 y no puedo borrar la vergonzosa, la insultante imagen de Esperanza Aguirre provocando un “desorden público, un atentado a la autoridad y lesiones” agrediendo físicamente a las fuerzas de orden público para después ridiculizarlas y denigrarlas con un lenguaje chulesco propio de un señoritismo fascistoide que creíamos muerto y enterrado desde hace décadas, al menos desde 1978. Si mi nieta está detenida en un calabozo, exijo la detención inmediata y el encierro en un calabozo semejante de Esperanza Aguirre, con bastantes más años y una mayor responsabilidad pública. De no hacerlo (ya sé que no se ha hecho), me costará mucho discrepar de estos “jóvenes anarquistas” y, más aún, convencerlos del error e ineficacia del uso de la violencia física en la lucha política contra el sistema capitalista y los gobiernos que lo sustentan e imponen.

Las razones de la sangre sí están reventando las venas de miles de jóvenes españoles, empobrecidos material e intelectualmente, oprimidos en el presente y sin un horizonte esperanzado, aplastados por la aplicación implacable de un sistema capitalista salvaje. Ofrezcámosles de forma comprometida un futuro cuyos cimientos se construyan desde hoy y no les anunciemos brotes verdes, marchitos antes de nacer, ni la soez e insultante broma de la “movilidad exterior”. ¡Llenemos juntos las calles y las plazas día a día, con doscientos o dos millones de personas de toda índole, abriendo un fututo más gozoso para toda la humanidad!

La sangre tiene razones...