lunes 01.06.2020

El Plan General y el aborto

En este final del 2013, en estos meses, semanas y días, hora a hora, hemos estado sometidos a un ataque visceral contra la democracia. Si en estos años del gobierno del PP se han robado...

Empezaba, hace unos minutos, a escribir estas líneas con la pretensión de fijar sobre el papel unas primeras reflexiones críticas sobre el Avance del Plan General de Madrid, pero el rotulador ha empezado a temblar entre mis dedos advirtiéndome: no, no es sobre ese dichoso Plan sobre el que hay que escribir hoy, es sobre el aborto, para gritarle un no airado a la cara del ministro Gallardón, un no rotundo a esa ley que pretende devolvernos a las cavernas del nacional-catolicismo de la dictadura, con absoluto desprecio o, peor, como una odiosa ofensa a la dignidad de las mujeres, es decir, a nuestra dignidad.

Ciertamente no es momento para debates disciplinares sobre un plan urbanístico, siendo éste altamente significativo para los ciudadanos. Tiempo tendremos para denunciar, por encima de la bondad de los documentos técnicos, el cinismo de un gobierno municipal, con su alcaldesa a la cabeza, encuadrado en el neoliberalismo más reaccionario, que se atreve a hablar de plan, de normas, cuando su ideario proclamado y defendido por todo el planeta es la desregulación en aras del máximo beneficio para las grandes industrias financieras multinacionales de la peor calaña. Pensemos en Las Vegas Sands.

En este final del 2013, en estos meses, semanas y días, hora a hora, hemos estado sometidos a un ataque visceral contra la democracia. Si en estos años del gobierno del PP se han robado a los ciudadanos derechos sociales, constitutivos del estado del bienestar, vendiéndolos a continuación a la empresa privada, ahora se ha desatado la batalla final contra las libertades y la dignidad del pueblo español. Yo, junto con muchos más, me siento insultado, menospreciado y agredido por la acción premeditada y constante del gobierno de España que, junto con sus acólitos regionales y municipales, abren fuego contra la ciudadanía con una batería de leyes coordinada y mortífera: la reforma del Código Penal; la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana (que debía denominarse ley de Orden Público en recuerdo del dictador); la presencia en la calle de los guardas privados con licencia para detener, interrogar y no sé si aporrear a cualquier paseante que no sea de su agrado; y, como broche de oro, la ley reguladora del aborto, llamada sin bochorno Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, que en sí misma es el símbolo más visible ideológicamente del ideario reaccionario y autoritario de nuestros gobernantes. En este proyecto de ley se ven como figuras de fondo la FAES y el cardenal Rouco Varela.

Resuenan hoy en mis oídos y en mi conciencia los gritos, los merecidos insultos a Ruiz Gallardón, que brotaban ayer por la tarde de las gargantas de miles de mujeres y hombres, lanzados con furia contra la fachada del Ministerio de Justicia. Entre estos gritos, para mi orgullo, los de mi mujer, una hija y una nieta, en cuyas voces resonaba la mía. Y aún se atreven, como veo hoy en El País (21-12-2013) detener con violencia a unas mujeres cuya presencia en esta concentración era la manifestación pública de la defensa de su dignidad frente a la odiosa opresión desencadena por el ministro Gallardón.

Desmantelado el sistema de protección social, traicionando un pacto social fraguado durante la segunda mitad del siglo pasado y aún mantenido en los primeros años del actual, borrada del diccionario la palabra regulación, se quieren ahora enterrar palabras como libertad, solidaridad, dignidad… e imponer un orden público policial represor de principios básicos de una sociedad democrática como son el de reunión, manifestación y libertad de expresión. Todo esto en defensa de los grandes negocios de un capitalismo desaforado.

Ahora que tanto se invocan por la derecha española gobernante y los medios de comunicación afines los primeros artículos de la Constitución, usados como baluarte defensivo y repetidos como un mantra: “… la indisoluble unidad de la Nación Española” y el innecesario recordatorio de que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, se olvidan de leer y defender el primer párrafo del Art. 1º que afirma: “España se constituye como un estado social y democrático de derecho”. Quizá porque los que tanto enarbolan la CE como un arma arrojadiza no se creen esta fundamental afirmación constitucional.

¿Qué hacer? Seguir armando nuestra conciencia y nuestra inteligencia para que un día no muy lejano el grito de los indignados se trasforme en una fuerza política capaz de ser alternancia real de este poder del PP que día a día intenta desmontar nuestra condición de demócratas. Y, mientras tanto, cantemos fuerte con Raimón: “No, jo dic no, diguem no. Nosaltres no som d'eixe món”. Porque frente a la prepotencia, la mentira y la injusticia, el NO constituye el último refugio de nuestra dignidad.

El Plan General y el aborto