domingo 08.12.2019

Tres carcomas letales corroen la ciudad

Bajo el imperio del capitalismo, financiarizado y globalizado, se han extendido por el planeta tres carcomas letales que atacan con gran virulencia a las ciudades, especialmente a las grandes ciudades metropolitanas.

Tres carcomas que podemos identificar con tres etiquetas: mercantilización de la ciudad, privatización del patrimonio público y contaminación ideológica de los poderes públicos y, en especial, de los gobiernos de la ciudad.

Como bien afirmaba Hegel, citado por Javier Pérez Royo, “la presentación de los fenómenos sin más no equivale a su conocimiento”. Y me atrevo a añadir que para un conocimiento exacto es necesario encuadrar los fenómenos en un contexto y un relato socioeconómico y político, en un marco histórico y geográfico que nos permita entender las consecuencias más negativas, destructoras y visibles que estas carcomas producen en el tejido físico y social de la ciudad y confrontarlas cultural y políticamente.

Como primera aproximación, me atrevo a redactar las siguientes líneas.

MERCANTILIZACIÓN DE LA CIUDAD

Hoy más que nunca, la ciudad se ha convertido en el espacio privilegiado para el mercado financiero inmobiliario

Desde hace ya unas décadas estamos asistiendo a un proceso de mercantilización de la ciudad. A la transformación de la ciudad en una mercancía, ya sean sus edificios, los espacios públicos, los servicios y los equipamientos sociales y la propia vivienda.

Una economía financiarizada global y dominada por el pensamiento único neoliberal ha abierto los ojos al capitalismo que ha encontrado en la ciudad uno de los espacios más propicios para el proceso de acumulación inherente al sistema, transformando lo que era un espacio social en un espacio financiero.

A través de ingentes fondos de inversión, la ciudad se vende y se compra en un mercado global. Hoy más que nunca, la ciudad se ha convertido en el espacio privilegiado para el mercado financiero inmobiliario.

Frente a la crisis financiera del Estado, especialmente de los gobiernos municipales, cae sobre la ciudad una lluvia de dinero procedente de fondos de inversión emitidos desde los cuatro puntos cardinales. Una lluvia que se ha asumido acríticamente por los poderes públicos como una riqueza, como una etiqueta de prestigio de la ciudad enarbolada como bandera victorioso por nuestros gobernantes municipales, contaminados ideológicamente y sometidos al mandato del mercado.

No son conscientes o, peor, son cómplices, de una degradación de la vida urbana. Pues lo que parecía una lluvia de millones para bien de todos no riega por igual a pobres y ricos. Por el contrario, vienen a agravar progresivamente la desigualdad social y la injusticia espacial.

Dado su carácter global, sin patria propia, podemos asegurar que estamos ante un proceso de expoliación física, cultural, económico y de recursos y vidas colectivos. Un nuevo colonialismo en el que la ciudad desempeña, en el sistema capitalista, el papel de periferia, y así es tratada como una colonia desde los centros de poder económicos, cada vez concentrados en menos manos, más ajenos a cualquier control democrático.

PRIVATIZACIÓN DEL PATRIMONIO PÚBLICO

La ciudad está en venta en una subasta propiciada por los propios gobiernos municipales, regionales y estatales

La ciudad está en venta en una subasta propiciada por los propios gobiernos municipales, regionales y estatales. Una venta en un baratillo que supone un empobrecimiento de la ciudad y de sus ciudadanos, que contemplan cómo sus representantes políticos malvenden la riqueza acumulada a través del tiempo, cómo les roban un patrimonio común. 

Una manifestación más de la mercantilización de la ciudad y de la contaminación ideológica de los gobiernos municipales, cuando no de una simple corrupción.

La crisis fiscal del Estado como situación generalizada en estos momentos, y especialmente la crisis financiera de la administración pública y de los organismos de ella dependientes, especialmente los ayuntamientos, ha encontrado en la venta de este patrimonio un mecanismo espurio capaz de nutrir las exhaustas arcas municipales. También ha servido para financiar megaproyectos de “prestigio” en honor de frívolos alcaldes y concejales.

Esta venta indiscriminada de patrimonio y bienes comunes entra en contradicción con el constantemente proclamado paradigma de “hacer ciudad en la ciudad”. Si fuésemos consecuentes con él, entenderíamos que este patrimonio constituye el recurso más preciado para revitalizar, modernizar y completar la ciudad ya construida. Su entrega a manos privadas es una traición a la ciudad y a sus ciudadanos. Una pérdida irreversible que hipoteca el futuro de la ciudad.

Además de estas reflexiones generales, este proceso de privatización continuada e irresponsable está muy ligado a la corrupción de los poderes públicos debido a la conjunción de intereses entre la economía y la política.

CONTAMINACIÓN IDEOLÓGICA

La mercantilización de la ciudad, la privatización de lo público, como metas de un capitalismo depredador, es posible solo por la degradación ideológica de los poderes públicos

El poder del capitalismo neoliberal ha conseguido instaurarse como el pensamiento único, capaz de permear y contaminar las mentes de gran número de ciudadanos y, lo que es más grave, de filósofos, economistas, políticos y gobernantes que han traicionado su responsabilidad democrática para devenir en siervos útiles para difundir, defender y justificar el imperio neoliberal. Tarea que han realizado en los últimos decenios con gran eficacia, asumiendo la dramática e inmoral máxima de Margaret Thatcher There Is Not Alterative.

Arrodillémonos todos ante este nuevo dios y cantemos alabanzas al reino de lo “solo posible”. Renunciemos a la utopía necesaria, a la rebelión urgente, a la dignidad humana.

La mercantilización de la ciudad, la privatización de lo público, como metas de un capitalismo depredador, es posible solo por la degradación ideológica de los poderes públicos que, traicionando su razón de ser democrática, entregan los bienes comunes a los intereses privados, empobreciendo a los pobres para hacer más ricos a los ricos.

LOS URBANISTAS

Como bien proclama Harvey, la revolución anticapitalista será urbana o no será

La ciudad tiene una íntima relación con el urbanismo y descarga una gran responsabilidad sobre los urbanistas, hoy ciertamente desprestigiados al haber abandonado su compromiso ético y estético con la ciudad, también contaminados por el pensamiento único neoliberal.

Frente a esta situación Manuel Solà Morales, uno de los grandes urbanistas de nuestra época, rechazaba toda llamada a un rearme ideológico fundamentalista, reclamando el rearme moral de los urbanistas, amenazados como están por dos carcomas éticas igualmente letales: el pesimismo y el cinismo.

* * *

La ciudad es el escenario donde estas tres carcomas se hacen más visibles y dañinas, pero al tiempo la ciudad es el campo de batalla en el que una renovada izquierda puede acorralarlas y exterminarlas. Como bien proclama Harvey, la revolución anticapitalista será urbana o no será.

Tres carcomas letales corroen la ciudad