lunes 01.06.2020

A los estrategas de las campañas electorales

Al igual que un buen vendedor nunca descalifica a la competencia sino que muestra el valor y las ventajas de su producto o servicio, jamás se debería plantear una campaña política descalificando a ningún rival, sino mostrando, claramente, las razones y el modo de llevar a la práctica el planteamiento programático.

La gente “sabe” y es mucho más “inteligente” que lo que algunos quieren creer; y “moralmente” mucho más “sana” que lo que otros dicen que es.

La gente piensa hasta dónde se podría llegar. (Como p. e.: si un determinado sacerdote, en su fanatismo, podría querer que se volviera a instaurar una especie de moderna Inquisición para que nadie se saliera del “buen camino”, o, si un determinado empresario podría desear, en su más negro fuero interno, que existiera legalmente la esclavitud).

La gente, en su conjunto, piensa hasta dónde podrían llegar unos u otros políticos, unas u otras opciones políticas.

El acceso a determinados conocimientos es más fácil que nunca, en muchos casos basta con pulsar un botón. Los datos y las fuentes de información son más y mucho más variados. La gente sabe más y está muy bien intercomunicada; ya no es masa; ya no es una masa uniforme y fácilmente maleable.

La “sabiduría de la gente” es la suma de la sabiduría de cada individuo. El que es de izquierdas, lo es de un modo y  de una forma exclusiva, solo él lo es así. El que es de derechas, exactamente igual. Por más que los partidos políticos quieran unificar a su gente en una misma ideología, cada cual la siente, cree y vive a su modo. Estos, los que se reconocen de izquierdas o de derechas, son solo unos pocos comparados con los que no se reconocen ni quieren estar en ningún “sitio”, los que hoy “piensan A” y mañana “B”, los que a veces votan y a veces no, y los que nunca van a votar.

Hubo un tiempo en el que la publicidad fascinaba y podía hacer milagros. Hoy hastía y causa rechazo. Ya no es tan fácil. La gente tiene espíritu crítico, analiza, lee entrelineas y se conduce a sí misma.

Plantear una campaña electoral como una contienda con victorias y derrotas, es la mejor forma para que pierdan todos. Se gana sumando, no venciendo. Se construye convenciendo, no aniquilando. Demonizar al líder o líderes rivales es demonizar a sus seguidores y simpatizantes; es crear enemigos, problemas y obstáculos, y, además, es un error y una falsedad. “Nadie es un demonio” ni “nadie es un santo”. En todos hay algo bueno y algo malo, algo positivo y algo negativo, algo acertado y algo desacertado; y la gente lo sabe.

Quienes detentan el poder quieren mantenerlo, y quienes no, ansían tenerlo. Y esa ansia es un sentimiento muy parecido al de la codicia, dista del de la generosidad y se acerca al del egoísmo.

El hombre aún está más cerca del animal  que fue, que de sus futuros, quizá infinitamente futuros descendientes: los ángeles humanos.

La gente reza por las noches a escondidas y en secreto. Y blasfema durante el día a voz en grito y hasta en misa mayor.

La gente quiere comer, dormir y f., la fórmula básica, las tres patas que sustentan el sucedáneo de la más fácil y simple felicidad tangible que se conoce. (En España los dos primeros elementos están más o menos cubiertos. El tercero es harina de otro costal; es ‘políticamente incorrecto’ hablar de él, sigue siendo tabú, puede parecer obsceno, impropio, irrelevante y hasta grosero).

La gente sueña más que vive. Y los sueños de Libertad son más grandes y luminosos que los de una supuesta Justicia Social que pudiera mermarlos o enturbiarlos.

La gente quiere sentirse libre aunque nunca pueda o no quiera ejercer esa Libertad.

A los estrategas de las campañas electorales