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miércoles. 28.09.2022

La vigencia de Luis Buñuel

Se han cumplido el pasado día 29 de junio, 30 años de la muerte de Buñuel. Luis Buñuel nacido en el primer año del siglo XX en lo que entonces era un pueblo perdido del bajo Aragón...

Se han cumplido el pasado día 29 de junio, 30 años de la muerte de Buñuel. Luis Buñuel nacido en el primer año del siglo XX en lo que entonces era un pueblo perdido del bajo Aragón, Calanda, intentó estudiar ingeniería, historia, pero no encontró su sitio hasta que entró en contacto con los grandes genios que habitaban esos años en la Residencia de Estudiantes: Lorca, Dalí y Pepín Bueno.  La relación entre estos tres amigos forjó su genio creativo y permitió a Buñuel encontrar una forma de protesta de un mundo que rechazaba: Su tiempo, la Edad Media y los ciudadanos, los putrefactos, como dejó escrito en su libro de memorias Mi último suspiro. Pronto llegaron las primeras colaboraciones con Dalí en Un perro Andaluz y La edad de oro que escandalizaron en París pero que permitieron a los dos autores abrazar un nuevo lenguaje que rompía con su presente y servía como vía de protesta y escape ante un mundo que rechazaban por obsoleto. Esa vía fue el surrealismo. La Guerra Civil fracturó aquel grupo y Buñuel tras una estancia breve en EE.UU. recaló en México, país en el que vivió la mayor parte de su vida, que fue capaz de relatar en imágines y sobre el que forjó su propio lenguaje de la miseria y las relaciones sociales. El Buñuel que nace en México fue un precursor del cine contemporáneo. Uno de los grandes de la historia del séptimo arte. Ahí quedan sus películas surrealistas, llenas de símbolos, pero también sus dramas sociales donde analizó la estructura de las relaciones sociales: Los olvidados, ensayo de un crimen, Él, Viridiana. En ellas indagaba en cuestiones candentes como el machismo, la influencia de la religión en la vida pública y en las relaciones privadas, en la vida cotidiana, pero también la doble moral burguesa que trataba de imponer su dominio a través de la economía o el poder político. Las películas de Buñuel no son documentales de ideología socialista, no tratan de inculcar la protesta, sino que son fieles testimonios del trato humano, así, se muestran las humillaciones de las clases altas a las bajas, pero también la brutalidad de las segundas, sus maneras toscas, sus modos de estar salvajes, sus reacciones violentas, su mala educación. Buñuel pretendía poner de manifiesto las imperfecciones del hombre en sociedad, sea ese hombre de la clase social que sea. En  su última etapa francesa reflexionó sobre los traumas del nuevo mundo: terrorismo, narcotráfico, hedonismo, fetichismo, etc, sin renunciar a la crítica de las relaciones sociales. Resultan imprescindibles El discreto encanto de la burguesía, El fantasma de la Libertad y Ese oscuro objeto del deseo, donde toman protagonismo asuntos de gran vigencia: el odio entre las personas, su consumismo, la devoción por la posesión de objetos, las relaciones de género y, en general, las relaciones de dominación, y, como siempre la violencia que se ejerce a través del narcotráfico.

El cine español ha olvidado demasiados años a esta figura que tuvo una gran repercusión internacional. En España, ni siquiera se han creado unos premios de cine o un festival que además de homenaje, sirviera para hacer perpetuar el recuerdo y fomentar el conocimiento de su figura y obra. Una auténtica lástima. Y todo ello a pesar de ser reconocido como un grande por los propios grandes del séptimo arte como demuestra su foto entre los grandes directores de la historia, o ser el pionero en ganar premios internacionales (Buñuel consiguió el primer Óscar para un director español). Yo mismo tuve que pedir a la biblioteca de mi ciudad hace algunos años que comprara las películas de Buñuel en la etapa francesa. La cultura debe funcionar como un instrumento de perfeccionamiento del ser humano, y esto es exactamente lo que aporta el cine de Buñuel que indaga en los aspectos más brutales de la persona y en sus tremendas contradicciones para suscitar una reflexión. Por eso su vigencia es indeleble frente a los frecuentes productos de consumo fáciles que abundan en nuestro tiempo. La obligación de un Estado es dar a conocer todo aquello que sirva para perfeccionar al ser humano y la obra de Buñuel es enormemente didáctica en este sentido. Se ha hecho mucho, indudablemente, pero se echan en falta muchas cosas: por ejemplo, el pasado mes de julio, con motivo del  30º aniversario de su nacimiento, Televisión Española, canal público que pagamos entre todos, pudo haber programado un ciclo de películas de Buñuel. No lo hizo. Nadie lo reclamó. Tal vez no interese demasiado diferenciar entre el cine de autor y las obras de fácil consumo, en cualquier caso, el autor de este artículo trata de reivindicar su indestructible vigencia en estos tiempos de crisis, de desigualdad y de enormes cambios sociales. Esperemos que poco a poco los españoles sepamos reconocer la obra de este gran innovador, agitador de las conciencias y de la moralidad de la vida moderna.

La vigencia de Luis Buñuel