martes 17.09.2019

El diablo está en los detalles

Cuerpo y mente funcionan bien sí, solo sí, se cuidan a la vez. Lo mismo sucede  con nuestra actividad profesional. Un buen periodista tiene que tener criterio...

Hay un refrán anglosajón que dice que el diablo está en los detalles. Con esta contundente frase, se quiere referir que son las pequeñas cosas que, a primera vista, nos parecen anecdóticas, lo que hace funcionar bien cualquier actividad humana.

Cuerpo y mente funcionan bien si, solo si, se cuidan a la vez. Lo mismo sucede con nuestra actividad profesional. Un buen periodista tiene que tener criterio, debe calibrar el grado de subjetividad, pero sobre todo, ha de partir de la veracidad del dato. No se trata de corroborar, se trata de saber qué tipo de información se puede obtener garantizando la estabilidad del origen del dato. Por este motivo, la manipulación sutil de los medios de comunicación estriba no tanto en no contar lo que sucede, sino en no contextualizarlo. Cuando suministramos informaciones sin contextualizarlas, sin analizar el origen, las consecuencias de las mismas, los detalles que la rodean, obtenemos sencillamente datos sin posibilidad de establecer un juicio crítico sobre las mismas. Por este motivo, el dato siempre ha de estar basado en un contexto. Resulta así cada vez más escandaloso la información que nos suministra Televisión Española o los medios de comunicación afines al Gobierno, más preocupados por socializar una determinada opinión que contar lo que realmente está sucediendo.

En realidad, la desinformación afecta fundamentalmente a la política. Los políticos utilizan cada vez más un discurso cercano a lo que los ciudadanos quieren oír, evitando el análisis y las críticas que puedan hacer los profesionales que son sistemáticamente silenciados. Así sucede por ejemplo en la Educación y en la recién aprobada LOMCE donde el mensaje de los políticos está lleno de lugares comunes o tópicos que son amplificados por los medios de comunicación y se reciben como verdades absolutas. Sin embargo, la opinión de los profesionales de la enseñanza o de la sanidad apenas tiene repercusión puesto que no encuentran espacio mediático. La substitución del lenguaje técnico o profesional por el populista es uno más de los sutiles mecanismos que  tiene el poder para aplicar sus programas y ocultar la realidad de los hechos.

Un último ejemplo lo encontramos entre los historiadores. La historia está siendo substituida por la memoria. Todo es memoria. Cualquier exposición lleva por título memoria, los archivos cambian el nombre y se convierten en Centros de la memoria histórica. La historia no sirve para nada excepto para recoger moralejas que se mitifican o se reinventan. De hecho, los profesionales de la historia apenas tienen voz en la sociedad dominada por comunicólogos y políticos. Parece casi asumido de manera generalizada que la memoria es el modo de acercarse al pasado frente a la historia, que reconstruye otro pasado no requerido. Vivimos tal saturación de la memoria que nos impide siquiera pensar en otros términos más precisos hechos que siempre se catalogan como memoria. Pero es que la memoria ha pasado de ser una categoría cognitiva a un concepto hiper-referencial como si de una obra de J. Kosuth se tratase. En realidad, todo este tipo de fenómenos que ahora se denominan como memoria, no son actuales. Tienen su origen en el Manierismo y lo que se engloba bajo la categoría  o bucle de memoria (que en realidad es una hipertrofia conceptual),  se define como pulsión escópica. Por decirlo en términos lacanianos: "Habitamos la dimensión del lenguaje, pero como algo meramente semiótico: como palabras, como formas, como figuras, etc". De este modo, si queremos escapar del debate de la memoria que substituye al conocimiento objetivo de la historia, lo primero que debería pensarse es si tenemos bagaje suficiente para encontrar las manipulaciones que vemos habitualmente en los discursos que hablan del pasado.

Tres ejemplos en definitiva, de malos usos deontológicos, de incorrecta praxis, de los que debe ser consciente cualquier persona. En la escuela y a lo largo de la vida, debemos prepararnos para poder defendernos con solvencia de este tipo de mensajes deshonestos para poder tener nuestros propios planteamientos que no son otra cosa que pasar por el filtro de la crítica todos los mensajes que recibimos. Aunque eso sí, partiendo de la base de que nosotros también somos imperfectos y debemos formarnos continuamente. Solo habitando en la imperfección, esto es, siendo el diablo, se pueden buscar los detalles.

El diablo está en los detalles