domingo 18.08.2019

Nosotras escribimos la historia

Foto. Pablo Fernández
Foto. Pablo Fernández

Nosotras escribimos la historia con las luchas, también con el voto. Nosotras escribimos la historia con la letra de los derechos. De nuevo, es nuestra hora

Nosotras, las mujeres, sabemos lo que es escribir la historia común a base de reclamar derechos, pero sobre todo sabemos lo que significa lo que es pelear por las cosas de comer, aunque luego se nos saque del relato.

Lo saben las mujeres asturianas, que recuerdan a ese grupo de señoras que hicieron posible que la Huelgona de 1962 fuera la primera pelea por derechos laborales ganada al franquismo.

Lo saben las mujeres de Zaragoza, que vieron como su ciudad se llenaba de autocares repletos de feministas en 1976, para apoyar a una joven juzgada por delito de adulterio.

La memoria de las mujeres dice que tumbamos esa Ley de adulterio en las calles, y que entre 1976 y 1978 dimos mucho la murga, porque la famosa Ley de Amnistía sacó de la cárcel a los presos políticos, pero no a las adulteras ni a las lesbianas, tampoco a las mujeres condenadas por delito de aborto, o a las acusadas de prostitución…

Tras quemar infinidad de sostenes en las calles y hartarnos de gritar que “lo personal es político” conseguimos tumbar esa Ley en las calles, y además arrancamos una Ley de divorcio y, un poco más adelante, una Ley de aborto con todos los tanques del patriarcado apuntando a nuestras cabezas.

Pero eso no es todo, miles de mujeres organizadas en el Movimiento Democrático de Mujeres y en el movimiento vecinal en los años setenta son las que posibilitaron que los barrios periféricos de las grandes ciudades en desarrollo se dotaran de semáforos y asfalto en las calles (porque se construían los bloques de viviendas para trabajadores y trabajadoras y no se asfaltaban las calles, ni se ponían semáforos), de parques, escuelas públicas, transportes públicos, centros de salud públicos, etc.

Todas esas dotaciones que hoy existen en las ciudades que habitamos se consiguieron gracias a las exigencias de las personas que quieren escribir la historia, precisamente la escriben -la escribimos- reclamando derechos.

Individuo colectivo

Unidas Podemos ha elegido en esta compaña un lema muy significativo, un lema inclusivo, constructivo, un lema de participación, un lema que interpela de forma individual, a la vez que apela al sentimiento colectivo: “La historia la escribes tú”.  “La historia” en la que estamos todas, la escribes “tú”. “Tú” como parte de un todo. Un “tú” que avanza con las demás, en colectivo, porque sin muchas “tús” unidas es imposible escribir la historia compartida. Una historia que merezca la pena, esa que puede hacer que cuando se eche la vista atrás, la emoción recorra el cuerpo como un latigazo que dibuje que fuimos parte de algo grande, de algo que mereció la pena, de un cambio revolucionario a través de esa fabulosa herramienta que es el voto, porque entre todas las “tús” conseguimos cambiar el curso de la historia, preñando las urnas con semillas de papel en forma de votos a Unidas Podemos.

Mi abuela, que fue indómita y anticlerical hasta su muerte, a pesar de haber sido vencida en una guerra atroz; mi madre que pateó mercados protestando contra la carestía de la vida, y exigió escuelas públicas y centros de salud con sus vecinas; mis tías, que quemaron sus sostenes para reclamar esos derechos de igualdad por los que hoy seguimos peleando, ellas se emocionan en el recuerdo imborrable de esa historia compartida de pelea por los derechos de todas y de todos, que hoy van escritos en la letra de nuestra Constitución.

Me siento muy reconocida en este lema, porque soy plenamente consciente de que la historia de verdad la escribimos la gente de a pie.

La Constitución española lleva escritos derechos sociales que se arrancaron al poder franquista, también las mujeres, con una enorme presión en las calles que había en los momentos en los que se estaba negociando esa Norma.

Luchas por derechos

Se peleaba, por una parte, desde los barrios, desde las asociaciones vecinales, por el derecho a la vivienda y a las vidas dignas;  y por otra, se pelaba desde los tajos, por mejoras en las condiciones de trabajo y los salarios decentes y suficientes. Ahí están las huelgas en la industria, en el textil, en el transporte, en la construcción…

Esos derechos constitucionales no cayeron del cielo, ni por la gracia divina de los llamados “padres” de la cosa, o del rey campechano. No. Los derechos sociales escritos en la letra de esa Carta Magna -que ahora están cuestionados, puestos en almoneda al mejor postor del capitalismo real- esos derechos costaron grandes luchas en las calles.

Las mujeres lo saben. Lo sabemos. Porque ellas –nosotras- trabajaban -trabajamos- dentro y fuera de casa, y reclamaban –reclamamos- dentro y fuera de casa.

Las mujeres, a las que nunca se menta cuando se recuerdan las luchas del movimiento obrero en la España de los años sesenta, o setenta, y ellas también estaban reclamando derechos en el textil y en la industria. Ellas formaron parte de luchas fabulosas, y de pequeñas luchas -pero importantes- por la enseñanza colectiva que albergan. Luchas bellas, pero silenciadas; como la huelga de las tricotosas del pueblo de Posadas (Córdoba) en 1973, en la que 53 vecinas arrodillaron a la fábrica que las quería explotar con salarios de esclavas. O la superhuelga de la fábrica Ike en Asturias, años después, cuando las reconversiones…

El derecho al trabajo digno y con salario suficiente va escrito en el articulo 35 de esa Constitución con la sangre de trabajadoras y trabajadores que pelearon, y en ocasiones se dejaron la vida, para conseguirlos.

Me contaron una vez la historia de Isabel, una sindicalista de una naciente CCOO de la Seat en la Barcelona de los setenta, una mujer brava, a la que la policía detuvo y torturó con saña. La dejaron tirada en un descampado con una gabardina por encima. Cuando se repuso mínimamente, volvió a la fábrica, se subió en una mesa durante una asamblea y se quitó la ropa para mostrar sus marcas, a la vez que arengaba a los compañeros para no rendirse.

Ahora nos toca a nosotras, las de ahora, defender derechos. Ellas, las que nos precedieron consiguieron escribir esos derechos en la letra de nuestra Constitución. Fueron parte de su tiempo. Tejieron su parte.

Ahora nos toca a nosotras. Nos toca seguir la senda de las Kellys, de las Espartanas y sindicalistas de cocacola en lucha, de las mujeres de Inditex, de las limpiadoras de oficinas, de las trabajadoras telefonistas del 010, de las de Vodafone, o de las mujeres de negro de RTVE, de las mujeres de la PHA, de las jóvenes estudiantes…  En nuestra mano está hacer nuestra parte, todas unidas, que no es ni más ni menos que obligar a que se cumplan esos derechos, y que queden blindados, mejorados y ampliados en la Constitución.

Los derechos se defienden

Los derechos se defienden, nunca se venden, nos hemos desgañitado muchas gritando esta frase, desde que en 2010 el PSOE (entonces en el Gobierno) y el PP le dieran un cerrojazo a los derechos sociales de la Constitución. Armaron a traición una reforma constitucional a escondidas y en solitario colocando un artículo, el 135, que prima pagar la deuda a los bancos antes que invertir en las necesidades de la inmensa mayoría, en contra precisamente de invertir en servicios públicos, que son una extensión de la democracia. Fue una puñalada trapera al cuerpo social, que se ha quedado con una herida abierta, por la que se derraman las vidas dignas y van a parar al vertedero de la pobreza y la desigualdad.

A continuación vinieron dos reformas laborales, una del PSOE y otra del PP a rematar la faena, junto a una serie de retrocesos legales, como la Ley mordaza, concebida para impedir las protestas con el miedo como herramienta, que han metido a España de nuevo en el armario de la historia más negra.

Unidas Podemos lleva en su programa derogar el articulo 135 de la Constitución y las dos reformas laborales, y por supuesto la Ley mordaza.

Estos retrocesos han perjudicado de manera radical a las mujeres. Sobre nuestras espaldas ha recaído el coste brutal de la crisis en mayor medida. Nuestros empleos son más precarios, están peor pagados, con una brecha salarial escandalosa y además, a muchas mujeres se las ha vuelto a meter en casa a trabajar en empleos informales, a coser, a hacer zapatos, o a teclear metiendo datos por unas cuantos céntimos; la precariedad ha hecho mella en las limpiadoras de los hoteles, o de oficinas, también en las cajeras de los supermercados o en las dependientas de las tiendas de ropa, en las periodistas, abogadas, en las maestras de escuela y en las enfermeras o medicas de hospitales y clínicas…se han extendido los contratos basura por meses, días y hasta por horas. Tal como expresa una de las candidatas de Unidas Podemos al Congreso de los diputados, Mercedes Pérez Merino, que es sindicalista, “se ha extendido la esclavitud”.

Por todas estas razones, las mujeres estamos en pie de lucha haciendo huelgas feministas de cuidados, laborales, de consumo y en la educación los 8 de marzo últimos. Además de gritar a voz en cuello que nos matan por el hecho de ser mujeres y exigir justicia sin descanso.

Queremos cambiar las cosas. Queremos una sociedad de cuidados que ponga a las personas en el centro. Queremos derechos, vivienda digna, cultura, comer bien, salud pública, educación pública, pensiones públicas garantizadas y dignas…No queremos ser víctimas de ninguna estafa vital más. Estamos hartas. Queremos una sociedad en la que seamos respetadas, de día y de noche, en casa, en el trabajo, en la calle; no queremos caminar con miedo, ni estar apocadas en la oficina, ni ser ninguneadas, ni  maltratadas, ni agredidas, ni vejadas, violadas o asesinadas.

Hoy, los hijos del peor patriarcado capitalista y machuno apuntan de nuevo hacia nuestras cabezas a lomos de un caballo fascista. Se plantean una ¿reconquista? “por sus cojones”, aliados con señores del uniforme azul-traje, con tribuna pagada por el IBEX35.

No les vamos a dejar.

Nosotras escribimos la historia con las luchas, también con el voto. Nosotras escribimos la historia con la letra de los derechos. De nuevo, es nuestra hora.

#La historia la escribes tu: Alba, Mara, Ana, María, Paula, Raquel, Elena, Nuri, Mari Sol, Sofía, Carmen, Pura, Mar, Luisa, Aida, Julia, Mercedes, Isabel, Teresa, Gema, Celes, Beatriz, Marina, Margarita, Alejandra, Lola, Manuela, Rosalía, Eloísa, Violeta, Aurora, Paloma, Reyes, Silvia, Faustina, Berta, Lorena, Laura, Jana, Carol, Josefina, Sole, Maby, Lourdes…..


Carmen Barrios Corredera, candidata al Senado por Madrid de Unidas Podemos.

Nosotras escribimos la historia