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miércoles. 17.08.2022

Y ahora, ¿qué Gobierno queremos?

Un vistazo a los resultados finales arrojan una clara victoria del cambio en general, y de la izquierda en particular en lo que se refiere a votos, no así en escaños.

Las elecciones del 20D no se han distanciado mucho de lo que indicaban las encuestas más solventes, con algunas diferencias significativas en el reparto de escaños y votos obtenidos, particularmente significativas en el caso de Unidad Popular-IU, machacada por la ley electoral, y en menor medida Ciudadanos.

Un vistazo a los resultados finales arrojan una clara victoria del cambio en general, y de la izquierda en particular en lo que se refiere a votos, no así en escaños. Eso sin contar a los partidos nacionalistas, cuyo papel presumiblemente se limitará a presenciar desde la barrera las negociaciones, con la baza de abstención para obtener alguna concesión:

PP+Cs: 10.715.976, votos; 165 escaños.

PSOE+Podemos+Plataformas unitarias+UP: votos, 11.643.131; 161 escaños.

Con la distribución de escaños resultante de las elecciones, cualquier gobierno futuro dependerá de las necesarias alianzas y pactos que aseguren la investidura por mayoría simple, en segunda vuelta, para un gobierno en minoría. Así, de la aritmética parlamentaria, y descartada la Gran Coalición, que no desea la inmensa mayoría de los ciudadanos, y que resultaría suicida para el PSOE, se deducen tres posibles salidas poselectorales:

- Gobierno del PP.

- Gobierno del PSOE.

- Nuevas elecciones.

La primera opción tiene la enorme dificultad de necesitar el apoyo activo (voto afirmativo) de los nacionalistas de derechas, algo prácticamente imposible. Y que la abstención, probable en el caso del PNV, impensable en el de DL catalán, no resulta suficiente para la investidura. La única posibilidad es la abstención del PSOE, lo que tendría para este partido un coste elevado. Salvo que les salve Podemos con su exigencia irrenunciable al referéndum catalán. Algo que podría llegar a producirse si Pedro Sánchez comprueba que no tiene posibilidades de gobernar debido a la dificultad de llegar a un acuerdo con Podemos. Retengamos esto: la única posibilidad del PP para seguir gobernando, con o sin Rajoy, es que Podemos impida el gobierno de los socialistas; o que los barones del PSOE prefieran pasar a la oposición antes de tener que contar con el apoyo de Podemos.

La segunda opción es la que se ajusta más a los votos ciudadanos, ya que recoge el sentir mayoritario de los españoles, reflejado tanto en los votos emitidos como en las preferencias, según indican las encuestas preelectorales. Para conseguirlo, Pedro Sánchez debe obtener como mínimo el apoyo de Podemos, de UP/IU y la abstención de C'S (161 escaños a favor, 125 en contra), cuya postura no estaría tan clara si el PSOE hace demasiadas concesiones a Podemos. Otra posibilidad para lograr la investidura, que contaría en este caso con la oposición de C'S, es sumar al acuerdo los escaños de ERC (170 escaños a favor, 165 en contra). En cualquiera de los dos supuestos, la actitud de Podemos es determinante, ya que sin su apoyo no hay gobierno socialista posible.

Es posible que los dirigentes de Podemos, en una estrambótica interpretación de la teoría de los juegos, pretendan convertirse en alternativa de gobierno frente (y contra) a la opción del PSOE, que a lo más que llegaría es a contemplar la abstención, mientras contempla con regocijo como el dirigente de Podemos se quema con unas alianzas que le alejarían del electorado socialista. En cualquier caso, los números, por muchas matemáticas creativas que se hagan, no salen. Ni siquiera sumando Esquerra Republicana de Catalunya y EH Bildu (82 escaños a favor, 125 en contra). Es una posibilidad remota y disparatada, aunque el amago de Pablo Iglesias en sus primeras declaraciones triunfales parece indicar que se está explorando en esa dirección. Es decir, la candidatura de Pablo Iglesias obligaría a los socialistas a debatirse entre optar por nuevas elecciones o dejar que gobierne Rajoy. Algo que parece encantarle a Pablo Iglesias. Uno se pregunta dónde están los intereses de los trabajadores en este juego de escaños, y qué pasa con las posibilidades de mejorar la vida de los ciudadanos que brindan los resultados electorales. Es lo que suele ocurrir cuando la pequeña burguesía intelectual dirige políticamente la lucha popular.

La tercera opción no le interesa, en principio a nadie, empezando por la ciudadanía que no entendería la actitud intransigente de unos partidos que, supuestamente, encarnan la nueva política de pactos y acuerdos. Pero unas nuevas elecciones no afectarían presumiblemente igual a todos. Veamos:

- El PP tiene posibilidades de aumentar sus votos (pocos) y escaños (muchos), recuperando a los que se han abstenido o votado por Ciudadanos pensando en que no peligraba la gobernabilidad, concepto tabú para la derecha y centro-derecha. Sería con toda probabilidad uno de los beneficiados, aunque prefiera gobernar con la abstención de los socialistas.

- El PSOE es poco previsible que mejore su situación, y bastante probable que la empeore, dada su tendencia a la baja. El llamamiento al voto útil perdería parte de sus eficacia al no haber funcionado como esperaba. La cercanía de Podemos en votos puede decantar la utilidad del voto de izquierdas hacia estos, cuya tendencia al alza (remontada) es evidente.

- Podemos podrá ser el gran beneficiado sin necesidad de pasar por el amargo trago de ver al PSOE gobernando. Tal vez no conquisten el cielo, pero si podrían acariciarlo. Pero sería a costa de fortalecer a la derecha y debilitar a la izquierda.

- Ciudadanos no tendría muchos argumentos nuevos para revertir su tendencia a la baja. Es previsible que parte importante de sus votos volviera al PP, sobre todo si la candidatura a Presidente del gobierno no la encabeza Rajoy, algo más que probable en una nuevas elecciones generales.

En cuanto a UP/IU, cuya penalización en escaños evidencia la perversión interesada e injusticia flagrante del sistema electoral, corre el riesgo de ser definitivamente fagocitada ante la ola de entusiasmo que puede generar un posible triunfo de Podemos entre el electorado de izquierdas.

Resumiendo, la repetición de la elecciones solo parece que pueda beneficiar a PP y Podemos, particularmente a este último. Tal vez esto explique las sorprendentes bases inaplazables e imprescindibles (¿innegociables?) de Pablo Iglesias para la formación de un futuro gobierno: Reforma de la Constitución que reconozca los derechos sociales, cambiar el sistema electoral, prohibir las puertas giratorias, introducir un mecanismo revocatorio de los mandatos si el Gobierno no cumple su programa, y consagrar el derecho de las comunidades a decidir su encaje territorial, incluido una consulta vinculante (referéndum) en Catalunya.

Como debe saber el antiguo profesor de políticas en la Universidad, prácticamente todas ellas exigen el apoyo del PP, algo que no parece muy probable. Sobre todo si afectan a lo que llaman la Unidad de España. Y las que podría llegar a asumir solo lo haría, en un largo proceso negociador en la comisión parlamentaria ad hoc, si eso le permitiera gobernar. Se trata, por tanto, de un brindis al sol, que solo puede tener sentido si ya se ha apostado por impedir que gobierne el PSOE, el principal adversario de Podemos en la pugna electoral, y se busca bien un gobierno del PP con la abstención del PSOE (la frase de Pablo Iglesias acusando a Pedro Sánchez de facilitar la continuidad de Rajoy si no acepta su propuestas innegociables resulta clarificadora), bien nuevas elecciones. Todo muy en línea con su visión de la política como un juego de rol (o de Tronos). Un juego con los intereses más perentorios y urgentes de los trabajadores que maldita la gracia que tiene.

Tal vez esta estrategia cortoplacista y miope de Podemos explique que una organización surgida de las mareas y el 15 M, no incluya entre sus bases inaplazables e imprescindibles cuestiones tan básicas para los ciudadanos como la reforma laboral, el salario mínimo, las políticas de empleo, la emergencia social, los desahucios (¿para Ada Colau son menos importantes que el referéndum?), o la corrupción. Sería bueno que Pablo Iglesias explicara con claridad y trasparencia cuáles son sus prioridades políticas, de acuerdo a la actual correlación de fuerzas, una vez que las elecciones han abierto la posibilidad de un gobierno de izquierdas en la España plurinacional.

Desde la política concreta basada en los intereses de los trabajadores de toda España, las prioridades sociales y sus demandas urgentes, no parece que la conditio sine que non para un gobierno de izquierdas en España sea la consulta vinculante (referéndum) sobre la independencia de Catalunya. ¿Es eso lo prioritario para los más de cuatro millones de parados? ¿Es lo más apremiante para los miles de trabajadores sin prestación por desempleo?, ¿es lo que necesita una familia que va a ser desahuciada?... Pablo Iglesias, o quién haya tomado tal decisión constitucionalista para apoyar un gobierno de izquierdas a sabiendas que lo hacia imposible, parece ignorar que la cuestión nacional es un campo privilegiado para la subyugación ideológica de las derechas, camuflada de la inquebrantable defensa de la unidad de la patria. Plantear esa dicotomía como prioritaria en un escenario de graves desigualdades sociales, de sangrantes injusticias, de corrupción rampante, de precariedad en el empleo, de desmantelamiento de las conquistas del Estado del Bienestar, de injusta ley electoral, es un desatino, gozosamente aplaudido por Mas, y que sin duda habrá alegrado bastante a los dirigentes del PP.

Lo sensato, dada la actual correlación de fuerzas, es facilitar un  gobierno de izquierdas con una clara y estrechamente vigilada Agenda Social. Esta es la auténtica prioridad para los trabajadores, la base de una negociación para apoyar la investidura de un gobierno del PSOE. Naturalmente, sin renunciar a los objetivos constitucionales (Proceso Constituyente), pero no haciendo depender de ellos la gobernabilidad del país, que es hoy el principal desafío político para la izquierda, una vez liberados del corsé del bipartidismo. Ya de por si la tarea no es nada fácil, dadas las reticencias de ciertos sectores de PSOE a comprometerse con una verdadera política de izquierdas, como para añadir dificultades innecesarias. El arte de la política es forjar alianzas cuyo resultado sea una suma positiva, en este caso para los trabajadores. Hay ejemplos en los que deberíamos inspirarnos, pese a las indudables diferencias, entre ellas la cuestión nacional.

Portugal, ¡tan cerca y, sin embargo, qué lejos!

Y ahora, ¿qué Gobierno queremos?