Elecciones en Catalunya, una suma negativa

Como es habitual, la mayoría de los partidos hacen dos tipos de lecciones tras el resultado electoral.

Como es habitual, la mayoría de los partidos hacen dos tipos de lecciones tras el resultado electoral: una de puertas a dentro, generalmente más ajustada a la realidad, con más realismo en los que se consideran vencedores, y menos dosis optimismo para los que no han tenido los resultados esperados o son lisa y llanamente decepcionantes; otra, de cara a la galería, siempre positiva, apoyándose en lo que tengan de bueno o esperanzador de cara al futuro. Así, veremos a Junts pel Sí proclamando su indiscutible victoria electoral y el conocimiento de su compromiso electoral de iniciar el proceso soberanista; a la CUP felicitarse por su crecimiento en votos y escaños, remarcar su condición de fuerza necesaria para la mayoría absoluta soberanista y su disposición a negociar desde una posición de fuerza; Cs se reafirmará en su posición de liderazgo en la oposición al independentismo, proyectando el resultado en Cataluña a las próximas elecciones generales de España; el PSC, con el inefable y danzarín Iceta al frente, se congratulará con la menor perdida de escaños, presentándola como el inicio imparable de la recuperación; CatSíqueesPot, tal vez los más autocríticos, tratará de subrayar el ámbito autonómico de las elecciones, protegiendo a Pablo Iglesias de una pérdida de imagen como líder del cambio en nuestro país; PP se limitará a decir que nada cambia porque la independencia es imposible; y Unio hará mutis por el foro en un proceso imparable de disolución. Un esquema que se repite reiteradamente, elección tras elección, para aburrimiento de la ciudadanía que espera un análisis en profundidad del significado general de su voto individual, sin lo cual resulta casi imposible sentirse agente político y no simple votante.

Veamos, pues, cual puede ser ese análisis de las elecciones catalanas, teniendo en cuenta los datos, las tendencias, los problemas jurídicos, la realidad socioeconómica, y la integración supranacional de nuestro país.

Un juego de suma negativa

Desde que, en 1944, los matemáticos John von Neumann y Oskar Morgenstern introdujeron la teoría de juegos, se ha popularizado hasta la extenuación uno de los posibles modelos, el de suma cero (no siempre aplicado correctamente, por otra parte), olvidando las otras posibilidades de suma no nula, suma positiva, suma negativa, suma constante y suma variable,  tal vez por carecer del encanto del primero con su oxímoron implícito (el sentido común no entiende que sumar no de ningún resultado). Brevemente, en el juego de suma cero, lo que gana uno lo pierde el otro; suma no nula ocurre en algunas de las combinaciones generan una ganancia neta (suma positiva) o una pérdida igualmente neta (o suma negativa); en el de suma positiva los dos ganan; con la suma negativa ocurre lo contrario; la suma constante la que beneficia a ambos con una cantidad fija; por contra, la suma variable lo hace con una cantidad cambiante según las circunstancias (es la situación habitual en los negocios).

Partamos ahora de que unas elecciones, al igual que toda toma de decisión, pueden analizarse como un aspecto de la teoría de juegos. ¿En qué categoría encuadraríamos las catalanas?. Una primera aproximación nos dice que, al existir ganadores y perdedores, en el de suma cero. Sin embargo, cometeríamos un grave error de apreciación, ya que la existencia de 7 jugadores (partidos y coaliciones) significativos, y los objetivos (pérdidas/ganancias) diferentes de cada uno de ellos, impiden aplicar este modelo. Para la interpretación publica de los contendientes, lo adecuado sería hablar de suma positiva, con la excepción de unio.cat, neto perdedor. Pero resulta evidente que se trata de una simple cuestión propagandística, aunque contenga, para ser creíble, dosis de realidad. Mi opinión es de que se trata de un claro ejemplo de suma negativa, en la que todos pierden, aunque lo hagan en distinta medida y con distintas consecuencias. Veámoslo por propuestas electorales:

Junts pel Sí

A primera vista podríamos decir que son los ganadores incontestados, con 62 escaños y un 39,47% de los votos, a bastante distancia de su seguidor, Cs. Y eso, con ser cierto, no refleja toda la realidad. Lo sería si estuviéramos hablando de una elecciones autonómicas, donde la candidatura se presentara como una opción soberanista sin más, con un proyecto de avance hacia la independencia. Pero ellos han querido, y los electores han refrendado con su altísima participación, que fueran un plebiscito bajo la forma de elección autonómica. Una jugada política inteligente, porque le permite moverse con cierta soltura en cualquiera de los resultados. Y desde este punto de vista, al no alcanzar la mayoría de votos, que es lo que da carta de naturaleza a un plebiscito, no han alcanzado sus objetivos. Claro que podrán gobernar e intentar llevar adelante su hoja de ruta, pero lo harán en una posición de debilidad para la magnitud del desafío, algo que no creo que se le escape a nadie en la lista unitaria. Tras la euforia, viene las negociaciones con la CUP para conseguir la mayoría absoluta y un periodo de incertidumbre consustancial a las diferencias de objetivos e intereses entre los intelectuales burgueses y los intelectuales anticapitalistas. Un escenario sin duda emocionante, pero que agravará la debilidad de JxSí. No hace falta ser muy agudo en la percepción de la correlación de fuerzas para saber que el procés no será posible de llevar adelante unilateralmente. Suma negativa, por tanto.

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CUP

La alegría de sus dirigentes por el aumento significativo de votos (extraídos fundamentalmente, en mi opinión, del caladero de la parte soberanista de CatSíqueesPot) puede volverse en angustia existencial cuando tengan que decidir hasta dónde ceder en las negociaciones con JxSí para que construir una mayoría absoluta en el Parlament, sin traicionar su razón de ser y de existir (nacionalismo anticapitalista), y qué papel subalterno aceptan jugar en una hoja de ruta que verán ralentizarse bajo la dirección de Convergencia. Hamlet terminó muy mal. Suma negativa, igualmente.

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Ciutadans

Si solo nos atenemos al notable incremento de votos y escaños, son los verdaderos triunfadores (relativos) de la jornada electoral. Pueden presentarse como jefes de filas de la oposición al soberanísmo mayoritario, y proyectar su triunfo al resto del país, potenciando sus opciones lectorales de diciembre. Sin embargo, la dura realidad es que sus 25 escaños no dejan de ser una minoría sin capacidad de incidir en los próximos acontecimientos en Cataluña, ni de crear una fuerte alianza con el resto de las fuerzas no independentistas. Su baza se traslada a la posibilidad de ser determinantes en el futuro gobierno de España. Magro éxito pese a los buenos resultados. Por tanto suma negativa

PSC

Los socialistas catalanes, con el indescriptible Iceta petándola con gracia y autenticidad, muy de agradecer ante tanto actor impostado, han contenido la hemorragia, recuperado parte de su electorado tradicional, y dando un respiro a Pedro Sánchez en su carrera hacia la Moncloa, hoy más despejada, pero no asegurada. Todo esto es, sin duda, positivo. Pero la cruda realidad es que han seguido perdiendo votos y escaños, superados ampliamente por las huestes de Rivera, hasta un triste e ineficaz tercer puesto que, de confirmarse en las elecciones generales, supondrá un serio handicap para las pretensiones del PSOE. Suma negativa, aunque no muy amarga.

CatSíqueesPot

El ensayo general con todo en que insensatamente han convertido Pablo Iglesias y los dirigentes de Podemos las lecciones catalanas se ha traducido en un fiasco de difícil justificación. La sobre exposición de coleta morada, su actuación mitinera, más propia de una asamblea de universidad, la apelación a los catalanes originarios de otras partes de España, obviando o (peor) desconociendo que una buen parte de los jóvenes (su base electoral principal) catalanes de segunda o tercera generación se sienten independentistas, incluso radicalmente independentistas, le ha hecho un buen favor a la CUP, sin obtener ningún rédito en otros caladeros. Y la abusiva patrimonialización de la candidatura por Podemos, a costa de eclipsar a sus socios, y en particular a Iniciativa per Catalunya Verds, que ve menguada su representación parlamentaria, ha convertido en realidad el miedo de Pablo Iglesias a que sumar reste. Suma negativa, sin paliativos.

PP

Todavía está por ver si la decisión de poner como cabeza de cartel a un personaje como Albiol, en una jugada peligrosa para atraer el voto más centralista y anti catalán, ha impedido un derrumbe electoral mayor. Puede ser. Pero el coste es muy grave, ya que impide, o al menos retrasa, la necesaria renovación del PP si quiere tener algo que decir en Cataluña que no diga ya la extrema derecha xenófoba, de raíz franquista. Una piedra más en el tortuoso liderazgo de Rajoy y su política suicida. Suma negativa, sin novedad.

unio.cat

Sobran los comentarios. En unas elecciones plebiscitarias no valen las terceras vías, salvo que se trate de un referéndum y se planteen en la papeleta del voto como una opción más. Era una crónica de una muerte anunciada, aunque más de 100.000 votos pueden servir de consuelo pero no de futuro. Suma negativa,  en toda regla.

Hasta aquí un análisis a las pocas horas de terminado el escrutinio, y tras conocer las primeras reacciones de los protagonistas. No creo que nada de lo dicho vaya a cambiar, al menos sustancialmente. Al contrario, opino que la suma negativa se hará cada vez más evidente.

La buena noticia es que como todos han perdido, la negociación entre la mayoría absoluta soberanista catalana y el gobierno de la nación no solo es posible sino necesaria y urgente. Pero no será posible con Rajoy al frente de un Partido Popular que da muestras alarmantes de ser el enfermo de  España. Es el partido que, en tiempos pasados, no habría dudado en mandar los tanques a Cataluña y encerrar en Montjuic a Mas. Venturosamente, ni Europa ni el mundo lo permiten.

La elecciones catalanas, por si era necesario, han evidenciado lo erróneo de la política de palo y tentetieso legal. Ahora seguimos teniendo el mismo problema que el día 26, pero agravado, porque puede darse un conflicto de soberanías, por mucho que los ciegos legalistas, rebosantes de hibris, se empeñen en no verlo. Como decía un viejo proverbio griego, aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco. Por eso, la cuestión catalana en particular, y la territorial en general, va a ser uno de los elementos centrales de las próximas elecciones generales, junto con la lucha contra la desigualdad, la defensa del Estado del Bienestar, y la calidad de nuestra democracia. Y si en ninguno de estos campos caben las ambigüedades, mucho menos en la cuestión territorial, que finalmente es una de las patas del Estado que queremos para nuestro país. 

Aviso a navegantes: no existen ejes  ni fronteras en política, sino intereses de clase (complejos, sin duda, en una sociedad desarrollada), que se expresan en el necesario juego de alianzas, que actúan de acuerdo con la correlación de fuerzas nacional e internacional, y se guían por un proyecto de sociedad que abarque a la mayoría de la población, es decir de los trabajadores. Lo demás son fantasías populistas, cocinadas a base de fenomenología clásica alemana, psicoanálisis lacaniano, y laclaudismo posmarxista. Están bien para debates en la universidad, pero pueden resultar muy nocivas en la lucha por trasformar el sistema social.