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miércoles. 17.08.2022

El viaje y las alforjas

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Tras unas elecciones que nunca deberían haberse realizado, y que han conseguido empeorar el panorama político, hacer aún más complicada la salida del bloqueo, y debilitado a la izquierda mientras se fortalecía peligrosamente la ultraderecha y reforzado el independentismo, se ha producido el acuerdo inicial entre PSOE y Unidas Podemos que parecía imposible. El pacto del abrazo es, paradójicamente, la consecuencia de un fracaso. El si o si de Sánchez y su complemento directo, la necesidad histórica, de Iglesias, han permitido que se impusiera la ética de la responsabilidad en una relación político-personal enconada. Sin duda una buena y esperanzadora  noticia que no debe hacernos olvidar su elevado, e innecesario coste, y los nuevos desafíos que se avecinan. 

Comienza ahora una fase compleja, no exenta de dificultades, empezando por la necesidad de perfilar y concretar los enunciados genéricos y bien intencionados del preacuerdo en un programa común de progreso que acote claramente el campo de cooperación dentro de los asumidos principios de cohesión, lealtad y solidaridad gubernamental. Inteligentemente se ha dejado para después de la investidura la configuración del gobierno, su estructura e idoneidad en el desempeño de las funciones, como reza el preacuerdo de PSOE y Unidas Podemos para un Gobierno de coalición. Decisión inteligente, porque prioriza el programa; y realista, porque la suma de PSOE e Izquierda Unida está muy lejos de la mayoría necesaria para la investidura, no digamos para una legislatura (el gobierno de la moción de censura fracasó en los presupuestos), por lo que los necesarios socios van a tener una importante capacidad de influencia. De ahí que sea tan importante construir un suelo parlamentario lo suficientemente firme como para gobernar sin sobresaltos ni excesivas debilidades, porque haberla haylas. 

Espero que todos seamos conscientes de que las izquierdas se juegan su futuro en la gobernanza del país. No solo por la fuerte oposición que van a ejercer las derechas, sino porque los desafíos  a los que se enfrenta el gobierno de coalición no son pequeños. Empezando por el enconado y cronificado problema territorial en Catalunya; siguiendo por las dificultades para desarrollar adecuadamente la agenda social en el marco de la UE, donde la ortodoxia neoliberal es hoy dominante, y dar respuestas progresistas a la ralentización de la economía, siempre en peligro de despeñarse en una nueva crisis, agudizando la desigualdad crónica que subyace en el malestar de la ciudadanía; para terminar por las inaplazables medidas contra el cambio climático que nos interpela directamente sobre la naturaleza del sistema socioeconómico imperante. De ahí la importancia del programa común para que no peligre la estabilidad del gobierno de coalición ante las inevitables diferencias de enfoque entre los socios, por muy buena disposición que se tenga. La prueba del algodón, por utilizar la ingeniosa imagen de Adriana Lastra en el debate de investidura, será la completa derogación de la reforma laboral exigida por los sindicatos y una de las diferencias más significativas entre los el PSOE y Unidas Podemos. Porque tendrá que enfrentarse no solo con las reticencias socialistas, sino con las presiones del FMI, el BCE, la Comisión de la UE, junto a la coacción suprapolítica de los mercados financieros. Ojalá la presencia de ministros de Unidas Podemos suponga el plus de valentía que la izquierda necesita para romper el corsé de fuerza del poderoso ultraliberalismo. Veremos.

Ganar el presente ¿hipotecar el futuro? 

En cualquier caso, no conviene pecar de ingenuos y dejarse llevar por la emotividad ante un logro, como es el gobierno de coalición entre las izquierdas, que rompe con el bloqueo histórico.

Debemos ser conscientes de que ser corresponsables de un gobierno socialdemócrata en clara inferioridad, supone también una hipoteca para la izquierda con vocación transformadora, y muy particularmente para IU. Entre otras consideraciones porque supone dejar el campo expedito a la demagogia populista de Vox, cuando la política económica del gobierno de coalición tenga que ajustarse a los compromisos con la Unión Europea, tal como señala el preacuerdo de intenciones: El Gobierno impulsará políticas sociales y nuevos derechos con arreglo a los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa. Y ya sabemos lo que supone, al menos hasta ahora, esa responsabilidad fiscal. Es cierto que la izquierda alternativa lleva 40 años metabolizando fracasos: primero como PC, luego como IU, y ahora como Unidas Podemos, que ha perdido el 50% de sus votantes en tan solo cuatro años (1). Aunque su capacidad de resiliencia es mayor que la de los socialistas, todo tiene un límite. El siguiente fracaso coaligado puede sacar de la escena política a las izquierdas durante un largo periodo de tiempo, con el elevado riesgo de que la ciudadanía, huérfana de alternativas a su situación, se vea obligada a elegir, como ocurre en Francia, entre la ambigüedad social-liberal a lo Macron, y la extrema derecha soberano-populista a lo Le Pen (o Salvini). Está por ver si la cohesión, lealtad y solidaridad gubernamental que proclama el preacuerdo se termina coinvirtiendo en un aval político a las políticas socialdemócratas del PSOE. Y que Unidas Podemos termine cumpliendo el papel de una socialdemocracia valiente envuelta en fraseología radical. Sería cargar con unas costosas alforjas para el viaje al gobierno.

El problema no es que el PSOE se comporte como la socialdemocracia posibilista, sino que la izquierda transformadora pretenda ser la nueva socialdemocracia sin posibilidades. La cuestión que hoy, en los inicios de la Era Digital, se plantea con toda su crudeza es si queremos reformar y mejorar el sistema socioeconómico capitalista dentro de sus parámetros funcionales, paliando sus peores efectos; o si nos planteamos la gradual y evolutiva transformación del capitalismo hacia un sistema de concurrencia cooperativa donde esos efectos vayan paulatinamente desapareciendo. Porque solo con recetas socialdemócratas contra la desigualdad, la precariedad laboral, la exclusión social, las brechas salariales y de género, la degeneración democrática, y el suicida deterioro medioambiental, no hay futuro, por muy estimulante y atractivo que sea el presente. Ni desde fuera, ni (mucho menos) desde dentro del gobierno, la izquierda transformadora puede jugar un papel político propio mientras no tenga un proyecto socioeconómico claramente orientado hacia el socialismo de la Era Digital. Aunar presente y futuro exige una propuesta de paulatina transformación del sistema socioeconómico capitalista en su proyección socialista, como respuesta a las exigencias adaptativas de la Revolución Digital. Y sobre esa base estratégica construir la necesaria confluencia de las fuerzas sociales interpeladas por nueva la Era Digital (2).

Vivimos una  de esas épocas convulsas y conflictivas en la evolución de los sistemas socioeconómicos descrita por Marx como el conflicto entre el desarrollo de las fuerzas productivas, en este caso la Revolución Digital, y el freno de las viejas relaciones de producción creadas por la Revolución Industrial (3). En épocas así, la tarea histórica de la izquierda transformadora es proponer a la sociedad un nuevo sistema socioeconómico donde la creación de la riqueza sea sostenible, su reparto justo y ajustado, y los nuevos derechos de ciudadanía alumbrados por la Revolución Digital, garantizados. De ahí que, aunque sea positivo, y debe ser apoyado, un gobierno de coalición Sánchez-Iglesias, que dará nuevo impulso a la acción progresista de la socialdemocracia, no podemos renunciar a poner en pie una alternativa transformadora que vea y vaya más allá de la defensa del capitalismo social. En otras palabras, hay que repensar la histórica propuesta socialista superadora del capitalismo de acuerdo con las nuevas realidades alumbradas por la Revolución Digital y sus efectos en el sistema socioeconómico, utilizado para ello los instrumentos que genera. Gran parte del progreso del conocimiento estriba en saber aprender de los errores. Como decía Einstein, si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo. Hay que conocer y utilizar los nuevos espacios institucionales y virtuales que está alumbrando la Revolución Digital, entender las nuevas fuerzas políticas, sociales y culturales en liza, desarrollar los nuevos instrumentos de lucha y representación, y definir nuevos objetivos socioeconómicos. Una tarea que cobra mayor urgencia cuando las izquierdas gobiernan juntas, dejando un peligroso vacío donde puede medrar la oposición de extrema derecha.


(1)

 1
* Podemos + En Común Podem + Unidad Popular + En Marea.

(2) Ver: Carlos Tuya. El Robot Socialista. Amazon, 2019.

(3) En una determinada fase de su desarrollo, las capacidades productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes o –y esto no es sino una expresión legal de lo mismo– con las relaciones de propiedad dentro de las cuales aquellas han operado hasta entonces. De haber sido medios para el desarrollo de las capacidades productivas, estas relaciones se convierten en barreras. Entonces sobreviene una época de revolución social. Karl Marx (1859), Contribución a la Crítica a la economía política.

El viaje y las alforjas