lunes 27/9/21

Venganza y libertad

La venganza es todo lo contrario a la libertad humana.
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Parlament de Catalunya. (Imagen de archivo)

Los inventores del constitucionalismo como arma guerra civilista y de la libertad versus liberalismo como expresión del canibalismo social, avanzan inconteniblemente en presentarnos su último objetivo: Disfrazar la pura venganza como si se tratase de la defensa de la identidad española. Recogen la esencia del nacionalismo hispano que justificó ideológicamente una dictadura de la derecha en el siglo XX, cuyas resonancias llegan a nuestros días. El debate ahora no es fascismo o democracia, pero el franquismo sociológico que sostuvo la dictadura subsiste en su idea de España frente al peligro marxista y el separatismo. Siguen con eso y lo disfrazan de derechos naturales ibéricos tan auténticos como el jamón pata negra.

No hace tanto ensayaban sus odios y venganzas en el uso partidista de las víctimas del terrorismo que aún utilizan en la política actual. Retornamos hoy a las marchas de la venganza en Colón curiosamente convocadas por una antigua aspirante a la secretaría general del PSOE, debe ser en venganza también consigo misma. La militancia, con sus defectos, es tan justa en sus apreciaciones como la ciudadanía. Y no se suelen equivocar. Son lo que son, aunque pretendan que no existe la derecha. Una vez sin complejos y otra sin ellos.

En la izquierda vamos perdiendo banderas sin presentar batalla y así nos va

En esta época de grandes especialistas en casi todo, habiendo obtenido su formación en procesos mediáticos compulsivos y a ritmo de informativos, me declaro solemnemente ignorante y con el solo recurso para sobrevivir a tanta sabiduría digital acelerada que el del sentido común. No tengo capacidad técnica ni jurídica para pontificar sobre derecho constitucional, legislación aplicable al indulto, ni las competencias del Tribunal Supremo, o el Gobierno de la Nación en la materia, pero si todo el derecho a opinar conforme a hechos constatados y luchar contra la mentira ahora blanqueada bajo la palabra pos verdad. En la misma forma obscena que se ha materializado la ocultación del concepto de libertad. En la izquierda vamos perdiendo banderas sin presentar batalla y así nos va.

De manera que los que sostienen que no es posible una solución al conflicto catalán, que supere el enfrentamiento entre catalanas divididos al 50% y ad infinitum, en una sociedad donde solo se puede coexistir civilmente y pacíficamente si los consensos son más amplios simplemente mienten. Y lo hacen con premeditación, alevosía y propaganda sectaria. Tratan de evitar una nueva mayoría de consensos que hizo precisamente posible una transición del 78 que tanto dicen añorar algunos vistiéndose de fariseos contemporáneos. Al igual que los deseos navideños de amor y paz o de la cantidad de estupideces futuristas sobre el cómo nos cambiarían los comportamientos tras el COVID 19. Nada de verdad hay en ello. Aún peor que eso, visto lo visto en estos meses de confrontación y manipulación con víctimas mortales por medio.

Dice Felipe González (en dos tiempos) que los indultos serían un instrumento si se dan las condiciones para la superación del conflicto (tiempo Évole) y después que no se trata de exigir arrepentimientos sino respeto a la legalidad constitucional, por lo que no deberían otorgarse (tiempo El Hormiguero). Ambas cosas son compatibles porque o yo lo entiendo muy mal (es posible) o se parece mucho al “OTAN, de entrada NO” que terminó en un referéndum por el SÍ protagonizado precisamente por González. Y con todo el apoyo de su partido frente a una potente oposición de izquierda que se batió el cobre por el NO (de entrada y de salida) al ingreso de España en ese organismo militar. Eran otros tiempos, pero los fenómenos de comportamiento político son los mismos. Y la menoría histórica también esa esa.

De manera que se tendrán que dar las condiciones y a eso se llega negociando precisamente las condiciones de superación del conflicto. O yo estoy muy obtuso o la apertura de la mesa de negociación para Catalunya, con el Gobierno de la Generalitat, comprometida por el PSOE en la investidura tras las elecciones parlamentarias de 2019 tal vez cumplan con eso. Pero si no me equivoco y eso es lo que son lo que está ausente es una explicación política solvente y creíble por el gobierno de la nación.

Desde la transición hasta ahora se han resuelto los graves problemas políticos con transaccionales de puro sentido común. Carrillo aceptó Bandera y Monarquía a cambio de la legalización del PCE. Felipe González le haría un gran favor a la democracia, al país y a sí mismo, si fuese capaz de superar sus recelos internos y querellas colaterales, y apoyara ese camino que tantas veces él ha transitado. Desde el pacto con el diferente hasta el cambio de orientación ideológica, desde al marxismo hasta la gobernabilidad. Inteligencia le sobra y coraje no parece faltarle. Lo mismo es para que se lo piense y evite la iconografía en que le sitúa una derecha oportunista y también una izquierda con no demasiado conocimiento de causa de la historia real de la transición democrática.

Porque la gran mentira de la venganza es que los encausados por el procés llevan 4 años en prisión. Cuatro. Y que con ese periodo y con la sola aplicación estricta de la Ley general penitenciaria de 1979 (hija directa de aquella tan glosada transición), además del Código Penitenciario de 1996 hoy vigente, los presos por el procés llevan ya casi entre el 50% y el 25% de la condena cumplida según los casos. Y están o estarán en la calle por la aplicación de esas normas constitucionales y por tanto con arreglo a la legalidad que tanto tiene en la boca los vengativos vengadores que claman venganza. Por la aplicación del tercer grado penitenciario o por la libertad condicional a la que tienen derecho. Y no se puede obviar que el tribunal sentenciador rechazó expresamente la petición fiscal de que no se pudiesen acoger a los mismos hasta la mitad de la condena. Por tanto tienen el derecho constitucional a moverse libremente en la sociedad, cumplidas sus condenas. Y lo están.

En Catalunya el constitucionalismo ganará con votos, no con venganza

Lo único que limita la condena a los encausados son sus derechos políticos. Y eso es lo que se resuelve precisamente con la política. Como se resolvió con ETA y con tantas otras cosas. Precisamente porque la política para eso está. Otra cosa es que se pueda estar de acuerdo con González. Se tiene tal vez que dar el marco adecuado y eso es precisamente lo que se supone que debe negociarse o se haya negociado. Aceptación de la Ley y respeto constitucional. Pero se supone que esa es la misión que debe de cumplir el Gobierno Español. Y debe de dársele la confianza necesaria para transitar ese camino.

En estos tiempos de desmemoria colectiva, ¿adónde queda la alternativa KAS de ETA? Podrán decir lo que quieran pero habrán perdido. Los independentistas catalanes podrán decir lo que quieran, pero su 1-O no les ha servido para otra cosa que para sufrir. A ellos, a toda Catalunya y a toda España. Y habrán perdido. Es solo la derecha quien les dan las opciones permanentes de otro relato. Y ahí perdemos si seguimos esa estela perversa y perturbadora. En Catalunya el constitucionalismo ganará con votos. No con venganza.

En estos momentos halcones sobran. Y no somos palomas. Somos demócratas que queremos la unidad pacífica y civil de España. El día que dejemos de ser eso dejaremos de ser de también de izquierda. Son razonables las dudas sobre el desenlace de estos acontecimientos. Dados otros antecedentes y la peculiar manera española de instalarse en sus propias crisis. Pero de lo que no cabe duda alguna a estas alturas, es que el mantra de no discutir o enmendar la opinión política de los jueces y tribunales es un error político de primera magnitud. Un crimen democrático. La independencia de los tres poderes clásicos empieza por respetarse mutuamente. Todos. Y la venganza no es un bien protegido por nuestro derecho ni por nuestra constitución. Porque la venganza es todo lo contrario a la libertad humana.

Venganza y libertad