lunes 27/9/21

¿Quo vadis izquierda madrileña?

Un millón y medio de madrileños sobreviven muy malamente a la frustración de sus expectativas que ya dura 26 años y va, de momento, para 28.
carteles electorales 4m izquierda
Carteles electorales de los partidos de la izquierda en las elecciones a la Comunidad de Madrid.

Confieso con humildad mi ausencia total de pericia en el análisis demoscópico. Aunque reputados expertos parecen tener algunas dificultades al respecto menos justificables que las mías. Me atengo a lo que aprendí hace demasiados años de un excelente empresario cuando le relataba el positivo balance contable del que disponía mi empresa. ¿Y de la tesorería como estás?, me inquirió con sorna. Lo que supuso un fulminante baño de realidad. Algo parecido sucede ahora con la izquierda madrileña emperrada en sofisticar sus balances parciales con demasiada contabilidad creativa en vez de asumir la realidad objetivamente desastrosa de sus tesorerías de votos. Que como las de las empresas y de las familias es lo que cuenta para garantizar tanto el fin de mes como el futuro patrimonial.

Atendiendo a esas realidades, la izquierda madrileña en su conjunto mantiene una tesorería de votos casi estable. En 2015 1.531.289, en 2019 1.514.121 y en 2021 1.485.860. En ninguno de esos tres comicios pudo alcanzar mayoría de diputados para gobernar y lo que se ha ido modificando son sus repartos internos. El mismo arroz para distinto pollo. Si cruzamos las coincidencias que se produjeron con los comicios locales e incluso europeos se observan también enormes variaciones de comportamiento electoral en el bloque de la izquierda, en función de cada partido o de su candidato.

Pero no vamos a complicar las cosas que para eso ya hay excelentes especialistas que nos ilustrarán en nuestra confusión para afianzar sus particulares conclusiones. La realidad tesorera de los votos de la izquierda en la Comunidad de Madrid es que, a pesar de las enormes satisfacciones que parecen recibir alguna de las tribus perdedoras, por posicionar una mejor silla en el desastre general, ninguna se sienta en la de gobierno. Y un millón y medio de madrileños sobreviven muy malamente a esa frustración de sus expectativas que ya dura 26 años y va, de momento, para 28. Dos generaciones y toda una vida. Pero entre tanto hay demasiadas gentes muriendo de éxito y sin que se sepa muy bien porqué.

El bloque de la derecha viene gozando sin embargo de mejor salud. Del 1.436.092 votos de 2015 (única vez que la izquierda le superó en votos aunque no en escaños) pasó a 1.637.459 en 2019 y se ha colocado en 2.080.089 electores que le han optado por las candidaturas de la derecha en 2021. Nada menos que el 57,43 % con un incremento de la participación en 12 puntos. Las dimisiones debidas e indebidas de estos días merecerían un análisis menos visceral o auto justificativo próximo a la heroicidad cuando es lo mínimo exigible. Porque conducir a la armada al desastre al grito de ¡a por ellos! cuando las previsiones personales son abandonar el generalato merece sanción y crítica pública. También porque si eso no se hace no sé donde quedan los pilares dialecticos de la izquierda para superar sus crisis. Y esta lo es en gran magnitud. Hablo de quien hablo y rima.

Pero esas evidencias cuasi personales de mal liderato no son suficientes para explicar la situación. Porque no se ha llegado hasta aquí por casualidad y viene de muy antaño. En la confusión de estos días buscándole tres pies al gato se encuentran respuestas de fácil facturación sin hacerse preguntas. Se atribuye a la excelente candidata de Mas Madrid (también ojo con el neocesarismo que nos viene caracterizando sin perjuicio esta vez del género afortunadamente), un éxito de gestión de campaña como si en ella si se hubiesen afrontado en algún momento los problemas que aquejan a los habitantes de Comunidad de Madrid. Cosa que no se ha hecho en absoluto y en ningún momento.

El tesón de Mónica García se ha visto premiado particularmente por dos cosas: Su reconocido e irreprochable comportamiento en la actividad parlamentaria durante toda la pandemia y su evitación inteligente del suicidio colectivo a que ha conducido la aceptación por PODEMOS de la polaridad de la campaña, en enfrentamientos terminológicos ideologizados, secundada inexplicablemente por el PSOE. Ponerse de perfil da también réditos en ciertos momentos. Pero eso no es una estrategia ganadora sino un reposicionamiento interno dentro del bloque perdedor. Pan para hoy.

Por último el PSOE que configuró una campaña para sí mismo sin su candidato como referencia obligada y aceptó el órdago de la confrontación política estratégicamente articulada desde la CAM contra el gobierno central durante toda la pandemia, con evidente error y mal resultado, parece resolverlo con apartamientos apresurados de quienes carecen de total responsabilidad en el mismo. Ni por los antecedentes previos, ni por el enfoque o dirección de campaña, ni por el giro hacia la polarización radical en que se situó la misma tras los espectáculos obscenos de cartuchos y navajas provocados por la derecha ¿extrema? y aceptada como acción-reacción incomprensiblemente por la izquierda. Un pulso gitano en toda regla con estrepitosa caída.

Y de todo lo anterior se deducen como primeras medidas los “pasos a un lado” de Ángel Gabilondo y José Manuel Franco. Como si desde la número dos de la lista o la jefe de campaña hasta un número indeterminado de responsabilidades complementarias no debiesen de acompañarles, en el supuesto de que esa fuese una medida acertada. En todo caso no son parte del paisaje, ni del paisanaje, sino corresponsables directos de lo sucedido y no merecen premio por ello, como consecuencia, por ejemplo, de la sustitución en listas. El PSOE es sin la menor duda el único partido de la izquierda con vertebración política institucional en todo el territorio nacional y gobierna este país. Sus normales errores y crisis deben de analizarse con más sosiego por pura responsabilidad, con el país y con su propia historia.

Me repito. Cuando el PSOE pierde la izquierda no gobierna en España. No son aceptables las medias sonrisas ni premios indirectos para los desastres completos. Y si hay un catálogo de campeonatos de ellos, los sorpassos lo son. La segunda cuestión es un supuesto auto premio de consolación que nos conducirá a un completo error. Madrid no es España, dicen algunos. Como si la historia electoral democrática contemporánea desde 1977 no dijese exactamente lo contrario, por no anclarnos en nuestro viejo desastre democrático civil del siglo XX. El PSOE tiene que afrontar y muy seriamente su resituamiento político en la Comunidad Madrileña y en la capitalidad de su ciudad-estado, porque sí que es un indicador referencial para España y porque ya está bien de dejarnos arrebatar banderas por la derecha. Como son las de Madrid, España y Libertad. Fueron el santo y seña de la experiencia democrática republicana del siglo XX y deben serlo para la izquierda en el XXI. Esa es también la tesorería que es imprescindible mantener y cuidar. El cómo es cosa de más reflexión y método. Ya que no cabe en el espacio de una tribuna habrá que formular las preguntas sobre eso en otra. Las respuestas serán de quien corresponde y juega el partido en la cancha. Como siempre en la vida.

¿Quo vadis izquierda madrileña?